viernes, 24 de abril de 2026

Lo que el Papa nos dice que hagamos

Asi fue el encuentro con Praxis sobre Francisco en el PJ Salta. 

El viernes por la tarde, en el salón de reuniones del PJ Salta, la agrupación Praxis realizó un encuentro de formación política centrado en el pensamiento del Papa Francisco. Militantes, docentes, referentes barriales y cuadros políticos debatieron durante horas sobre la Doctrina Social de la Iglesia y su aplicación concreta a la realidad argentina.
El eje del debate fue el proyecto "Argentina Humana": cómo traducir conceptos como ecología integral, bien común y comunidad organizada en herramientas de gestión territorial real. Se discutió la crisis de las infancias, la alienación tecnológica, la pérdida de espacios comunitarios y la necesidad de construir una soberanía cultural frente al avance del neoliberalismo.
El encuentro dejó una conclusión clara: las encíclicas de Francisco no son textos de sacristía. Son, bien leídas, un programa político para quienes quieren transformar desde abajo.

Por Fernando Pequeño Ragone
asistido por NotebookLM, Gemini y Claude IA
Acerca de mi escritura asistida con IA.

El Humanismo de Francisco y Praxis Política: Hacia la reconstrucción de la comunidad organizada y la soberanía social.

 

El salón del PJ, un viernes a la tarde

Estoy sentado en el salón de reuniones del PJ Salta. La tarde cae afuera. Frente a mí, la pantalla grande del televisor muestra las diapositivas que el chico de Letras preparó con citas de Francisco. Las sillas alrededor de la gran mesa del salón. Hay gaseosas circulando en grandes vasos de Telgopor prensado. Hay cuadernos abiertos y algunos celulares que nadie termina de guardar.

Estamos reunidos para estudiar. No para hacer campaña, no para distribuir cargos, no para discutir internas. Para estudiar. Eso, en este salón, ya es una rareza que me produce algo parecido a la esperanza.

 

Quiénes somos hoy acá

El que coordina es un estudiante de Letras, cuadro joven de Praxis, que llegó al peronismo por el lado de la filosofía y no por el del sindicato. Le digo mentalmente "el moderador" porque aún no termino de aprender todos los nombres de los que se suman a Praxis. Tiene una claridad expositiva que me llama la atención. Sabe citar. Sabe encadenar ideas. Cuando habla de Francisco lo hace con la soltura de quien leyó las encíclicas y no sólo los resúmenes.

Alejandro Gravanago primero en frente y luego a mi izquierda, concentrado. Alejandro es de los que piensan con el cuerpo tenso. Lleva décadas en esto y tiene esa característica de los militantes históricos: cuando habla, uno siente el peso de todo lo que vivió antes de abrir la boca.

Silvia Sánchez está enfrente, con un cuaderno real, de papel, y una lapicera. Silvia es docente y referente barrial, y tiene esa presencia de las mujeres que han contenido a mucha gente sin que nadie las nombrara en los discursos. Cuando habla de las infancias, habla de nombres concretos.

Mayra está al fondo, cerca de la puerta. Trabaja en economía popular, conoce el mundo del reciclado y la organización de base, y tiene una manera de intervenir que es casi quirúrgica: espera el momento exacto, dice lo justo y te deja pensando.

Mas allá se siente Nora Giménez, la ex senadora, que llegó comenzada la reunión. Está Juan, que al igual que Siliva integran el Ateneo Pueblo. Rubén Gutiérrez, entre los sobresaliente de Praxis, toma notas a mi lado, interviene, dirige, opina. Así, una decena más de compañerxs jóvenes que integran el grupo. A media reunión se integran otros compañeros. Entre ellos Dante Sanguinetti, imposible no notarlo cuando se hace presente.

Yo prefiero decir que soy alguien que intenta que las ideas tengan dirección y que la dirección no pierda las ideas.


Francisco en la pantalla grande

El moderador abre con una proposición que me parece honesta y ambiciosa al mismo tiempo: el pensamiento del Papa Francisco es el humanismo del siglo. No lo dice con fanfarria. Lo dice como quien planta una estaca y dice acá empezamos a medir.

En la pantalla aparece la imagen del poliedro. Me quedo mirándola más de lo que pensaba. El poliedro contra la esfera: la esfera es la unidad que aplana, que borra las aristas, que finge que todo encaja suavemente. El poliedro es la unidad que preserva las diferencias, que acepta que hay vértices incómodos, que sostiene la tensión sin eliminarla. Francisco dice que la sociedad tiene que parecerse al poliedro y no a la esfera, y yo pienso que el peronismo, en sus mejores momentos, fue eso: un poliedro enorme, irregular, casi imposible de sostener, pero real.

La realidad es más importante que la idea. Aparece en la pantalla y el moderador lo subraya. Cuántas veces habremos escuchado esa frase. Cuántas veces la habremos aplicado mal, usándola para justificar la renuncia a cualquier horizonte. Pero hoy, en este salón, entiendo que Francisco la usa diferente: no para abandonar las ideas sino para anclarlas. Para decir que la doctrina tiene que ensuciarse los pies.

El tiempo es superior al espacio, explica el moderador. Lo que me importa es iniciar procesos y no ocupar lugares. Me remueve eso. Me remueve porque sé que en política tendemos a hacer exactamente lo contrario: nos peleamos por los lugares y abandonamos los procesos. Somos mejores administrando victorias que construyendo transformaciones.

 

Cuando Alejandro Gravanago habla, la sala cambia de temperatura

Alejandro espera su turno con esa paciencia táctica que tienen los que saben que lo que van a decir va a cambiar el eje de la conversación. Y lo cambia.

Introduzco una pregunta para tensionar las miradas entre Francisco y el nuevo Gebel. Y aparecen en el salón las generaciones más antiguas, las que miden y evalúan procesos vividos.

Retomando el concepto que introduce el moderador a mi pregunta, Alejandro habla del protestantismo como estrategia del imperialismo en América Latina. No como fenómeno religioso espontáneo sino como operación política deliberada: fragmentar la comunidad, atomizar al sujeto, convertir la fe en un asunto privado entre el individuo y su prosperidad económica. Los jesuitas, dice Alejandro, fueron lo contrario: cartógrafos, constructores de comunidad, la base de lo que después fue la gesta sanmartiniana.

Escucho y pienso que tiene razón en el diagnóstico aunque a veces el remedio que propone es volver al pasado en lugar de recuperar su energía para el presente. Pero no lo interrumpo. Hay algo en lo que dice sobre la dirigencia que me golpea directo: la palabra te traiciona, el dirigente está a un pasito de ser un charlatán. Lo dice mirando al techo, como si le hablara a alguien que no está en la sala. Quizás nos lo dice a todos.

 

Silvia y las infancias que no tienen plaza

Cuando habla Silvia, el tono del encuentro desciende de la geopolítica al barrio. Y ese descenso es necesario. Habla de las infancias sin espacio. Habla del abuelazgo, que es esa forma de cuidado que ejercen los abuelos cuando los padres no pueden o no están. Habla de la pérdida de los espacios comunitarios como una pérdida de humanidad concreta, no abstracta.

Escucho a Silvia y pienso en las plazas. Las plazas que tenemos en Salta son o monumentos o escenarios de campaña. Pocas son lo que Francisco llama espacio de encuentro. Pocas están vivas en el sentido de que la comunidad las habite cotidianamente, las cuide, las sienta propias. Eso es lo que quiero cambiar y sé que no es simple porque requiere que el municipio suelte control, y soltar control le resulta difícil a cualquier gestión. Son las plazas que introduce Juan en la discusión grupal más pequeña que compartimos como parte del trabajo propuesto por el coordinador. Una coincidencia con Silvia como si ya lo hubiesen trabajado antes en el Ateneo Pueblo.

 

Lo que propongo cuando hablo: desertar, asediar, incomodar

Cuando llega mi turno digo lo que vengo pensando hace tiempo: hay que desertar. Tomando el término que no por casualidad, minutos antes fue introducido por Juan mientras enfocaba las plazas como espacios perdidos de encuentros. Propongo que se debe desertar del sistema que oprime y poder pensar otras formas de vida vivibles y posibles.

Y en consonancia, al punto que ni falta hacía que luego retome la palabra, para economizar voces que en estos encuentros son recursos riquísimos por el poco tiempo para que todas se hagan sentir; Juan va poniendo una a una las proposiciones ligadas a ese concepto central de desertar. El sistema tecnológico que aliena, que vende ilusión de comunidad mientras destruye la comunidad real. Los algoritmos no son neutrales. Están diseñados para que los chicos estén quietos, solos, consumiendo. El sistema los necesita vacíos y desarraigados porque los vacíos y desarraigados no organizan resistencia.

Propone cosas concretas: las plazas vivas como política pública de gestión comunitaria real. Una soberanía digital que incluya herramientas de comunicación que no nos espíen y no nos vendan. Proyectos de ordenanza que institucionalicen los espacios de contención más allá de lo electoral.

Mientras los escucho a todxs, siento el peso de lo que el encuentro de hoy me confirmó: la doctrina de Francisco no es un lujo intelectual. Es, bien leída, un manual operativo para lo que queremos hacer. La ecología integral, el poliedro, el bien común como proyecto político concreto. Lo que falta es la transmisión. Hay que convertir las encíclicas en lenguaje de barrio sin perder su profundidad. Eso es la formación. Eso es lo que estamos haciendo acá, en este salón, con el televisor grande y los vasos de Telgopor con gaseosa que circulan.

 

Lo que me llevo al salir

El encuentro termina con acuerdos difusos y energía concreta, que es quizás la combinación más honesta que puede producir una reunión política.

Me quedo con la imagen del poliedro en la pantalla grande. Me quedo con la frase de Alejandro sobre el charlatán y la necesidad de que las palabras no traicionen. Me quedo con Silvia hablando de los abuelos que contienen lo que el sistema no quiere contener.

Y me quedo con una pregunta que no hice en voz alta pero que seguirá dando vueltas: ¿somos capaces de construir el poliedro que proponemos, nosotros que también tenemos nuestras aristas rotas y nuestras superficies que queremos suavizar para no mostrar la fractura?

No lo sé todavía. Pero al menos hoy, en este salón del PJ Salta, frente a ese televisor grande, alguien se tomó el trabajo de preguntárselo.

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