Se analiza la reorganización del peronismo actual a través del uso estratégico de conceptos filosóficos fundacionales como la comunidad organizada. Los autores proponen que la convocatoria a eventos académicos sobre este tema no es neutral, sino que funciona como una tecnología de legitimación para los sectores que buscan liderar el Partido Justicialista. En este escenario de disputa por el poder, la interpretación de la doctrina se convierte en un capital simbólico esencial para definir la identidad del movimiento tras las derrotas electorales. Mediante un análisis sociológico, se explora cómo la memoria histórica y la filosofía operan como herramientas políticas para establecer jerarquías internas. El debate intelectual en el justicialismo es un síntoma de las tensiones y reconfiguraciones de fuerzas en la Argentina contemporánea.
Síntesis del texto:
La convocatoria a una jornada filosófica en Salta bajo el
título Comunidad organizada, desafíos para la Argentina actual no es un
gesto académico neutral. Celebrar los 77 años del Primer Congreso Nacional de
Filosofía —realizado en Mendoza en 1949, en pleno primer peronismo— en el
contexto de los 50 años del golpe cívico-militar y bajo la actual
reconfiguración del Partido Justicialista, es una operación política e
intelectual que merece ser leída en sus capas. Este ensayo propone una lectura
de esa articulación: una conexión central y dos derivadas que permiten tender
un puente entre aquella filosofía política de 1949 y la investigación
contemporánea sobre las configuraciones de poder en los grupos peronistas que
hoy disputan la rearticulación del PJ argentino.
Objetivo general
Analizar las configuraciones de construcción de poder en los
grupos peronistas que compiten en el campo de fuerzas de la rearticulación del
Partido Justicialista argentino en el período post-electoral 2023-2025,
identificando los mecanismos simbólicos, doctrinarios y organizacionales
mediante los cuales dichos grupos disputan la conducción y la definición de la
identidad legítima del movimiento.
Objetivos secundarios
1. Examinar el proceso de remitologización
doctrinaria en curso dentro del peronismo, rastreando los modos en que
distintos sectores reactualizan el corpus filosófico-político fundacional —en
particular el concepto de comunidad organizada— como tecnología de legitimación
en la disputa interna por la hegemonía del campo justicialista.
2. Reconstruir la estructura del campo de fuerzas
peronista en la coyuntura actual, cartografiando las posiciones asimétricas de
los actores en pugna, los capitales simbólicos, organizacionales e
institucionales que cada sector moviliza, y los efectos que esa disputa produce
sobre las posibilidades de rearticulación orgánica del partido.
Síntesis y descripción de los conceptos teóricos utilizados en el
desarrollo del objetivo
Conceptos centrales del ensayo
1. Comunidad organizada Concepto filosófico-político
formulado por Perón en 1949. Postula una armonía entre individuo, sociedad y
Estado mediada por la justicia social, con el líder y el movimiento como
garantes de esa síntesis. En el ensayo se lo analiza no en su contenido filosófico
sino en su función política: como recurso de legitimación interna dentro del
peronismo.
2. Tecnología de legitimación Mecanismo simbólico
mediante el cual un actor político justifica su autoridad y su derecho a
conducir apelando a un corpus doctrinario, una tradición o un relato histórico.
No produce legitimidad por su contenido verdadero sino por su eficacia en el
campo de disputas.
3. Campo de fuerzas Tomado de la sociología de
Bourdieu. Designa el espacio estructurado de posiciones en el que los actores
compiten, con recursos desiguales, no solo por el poder de gobernar sino por el
poder de definir las reglas del juego y el sentido legítimo de la práctica
política.
4. Capital simbólico También bourdieusiano. Refiere a
la acumulación de reconocimiento, prestigio y autoridad que un actor obtiene
dentro de un campo específico. En el peronismo, controlar la interpretación de
la doctrina es una forma de acumular capital simbólico.
5. Disputa por la herencia doctrinaria Proceso
interno mediante el cual distintos sectores de un movimiento político compiten
por apropiarse, interpretar y actualizar el corpus ideológico fundacional.
Quien controla esa interpretación obtiene ventaja en la definición de qué es
ser legítimamente parte del movimiento.
6. Remitologización doctrinaria Proceso de
reactualización pública de los mitos fundantes y los conceptos centrales de una
tradición política, generalmente en momentos de crisis o rearticulación
orgánica. Cumple la función de restablecer cohesión identitaria y jerarquías de
legitimidad internas.
7. Campo político Espacio social específico,
relativamente autónomo, en el que se producen y circulan los bienes políticos:
representación, poder, discurso legítimo. Los agentes que lo habitan ocupan
posiciones asimétricas y luchan por conservarlas o transformarlas.
8. Memoria como recurso político Operación mediante
la cual el pasado es seleccionado, narrado y activado en función de necesidades
del presente. No es simplemente recuerdo: es instrumento de construcción de
genealogías de legitimidad, jerarquías internas y relatos de continuidad o ruptura.
9. Rearticulación partidaria Proceso de
reorganización interna de un partido o movimiento político tras una derrota,
crisis de conducción o fractura. Implica redefinición de alianzas, disputa por
la representación orgánica y, frecuentemente, revisión doctrinaria.
10. Lectura sintomática Operación analítica que trata
un fenómeno aparentemente menor o periférico como indicio de un proceso
estructural más amplio. Un evento local, una jornada filosófica, una cita
doctrinaria, pueden leerse como síntomas que revelan tensiones y movimientos en
el campo de fuerzas que no siempre son visibles en la superficie.
La conexión central: la comunidad organizada como tecnología de
legitimación
El concepto de comunidad organizada —formulado por
Juan Domingo Perón en el Congreso de Filosofía de 1949— no fue, en su origen,
una propuesta meramente ética o metafísica. Fue una intervención sobre el
problema del orden político: cómo articular la diversidad social bajo una
conducción que se presenta a sí misma como síntesis superadora de los
conflictos de clase. La comunidad organizada postulaba una armonía entre
individuo, sociedad y Estado mediada por la justicia social, y le confería al
líder —y al movimiento— la función de garante de esa síntesis.
Lo que interesa para la investigación sobre el peronismo
actual no es la filosofía en sí misma, sino su función estructural: la comunidad
organizada opera históricamente como una tecnología de legitimación.
Cualquier sector que logre apropiarse de ese concepto —reinterpretarlo,
actualizarlo, citarlo con autoridad— obtiene capital simbólico en el campo
peronista. Y en un momento en que el PJ busca rearticularse tras la derrota
electoral de 2023 y en plena disputa por la conducción del espacio, la pregunta
por quién tiene derecho a hablar en nombre de la comunidad organizada es, antes
que nada, una pregunta sobre el poder.
La jornada salteña, organizada por ACEP —Asociación Civil
Estudios Populares—, es un indicio de ese proceso: actores del campo
intelectual y militante que reactivan la liturgia filosófica del primer
peronismo para intervenir en el presente. Estudiar cómo se produce esa
reactualización, qué grupos la impulsan, desde qué posiciones institucionales y
con qué efectos sobre la correlación de fuerzas internas, es el núcleo de lo
que una investigación sobre construcción de poder en el peronismo contemporáneo
debería abordar.
Primera conexión derivada: el campo de fuerzas y la disputa por la herencia
doctrinaria
Pierre Bourdieu describió el campo político como un espacio
de posiciones en el que los agentes luchan no sólo por el poder de gobernar
sino por el poder de definir qué es el juego mismo. En el peronismo, esa lucha
tiene una dimensión específica: la disputa por la doctrina. A diferencia
de otros partidos, el justicialismo porta una herencia filosófica explícita —el
justicialismo como tercera posición, la comunidad organizada, la conducción
estratégica— que funciona como recurso de legitimación interna. Quien controla
la interpretación de esa herencia controla, en parte, la narrativa de qué es
ser peronista.
En la actual rearticulación del PJ, distintos grupos
compiten desde posiciones asimétricas: el kirchnerismo y sus variantes
internas, los sectores sindicales históricos, los peronismos provinciales con
lógicas propias, y las corrientes que buscan una renovación doctrinaria
desligada del ciclo Kirchner. Cada uno de ellos activa selectivamente elementos
de la tradición. La reaparición pública del concepto comunidad organizada
en jornadas como la de Salta no es un fenómeno aislado: forma parte de un
proceso más amplio de remitologización doctrinaria que acompaña las
disputas orgánicas. Investigar qué grupos producen esos eventos, cómo los
financian, qué redes intelectuales movilizan y qué posicionamiento en la
estructura partidaria expresan, permite cartografiar el campo de fuerzas con mayor
precisión que el análisis de declaraciones públicas o resultados electorales.
Segunda conexión derivada: el 25 de mayo de 1949 como espejo del presente.
Filosofía, golpe y reconfiguración
La jornada salteña articula deliberadamente dos fechas: 1949
y 1976. Esa yuxtaposición no es caprichosa. Propone una lectura en la que el
golpe aparece como interrupción violenta de un proyecto filosófico-político
cuya continuidad legítima sería el peronismo actual. Esa narrativa cumple una
función precisa en el campo de disputas: construye una genealogía que convierte
a los grupos que hoy reivindican la comunidad organizada en herederos de un
proyecto truncado, y a sus adversarios internos —o externos— en continuadores,
conscientes o no, de la lógica rupturista.
Para la investigación sobre construcción de poder, esto es
analíticamente relevante porque muestra cómo la memoria funciona como recurso
político interno. No se trata solamente de recordar, sino de recordar de un
modo que organiza jerarquías de legitimidad en el presente. El grupo que logra
instalarse como guardián de esa memoria —frente al golpe, frente al
neoliberalismo, frente a Milei— ocupa una posición ventajosa en la disputa por
la conducción del PJ.
La filosofía como síntoma
Una jornada de filosofía en Salta, un sábado de abril, con
entrada libre y gratuita, puede parecer un evento menor en el mapa político
nacional. Pero leída como síntoma —en el sentido de indicio de un proceso más
amplio— dice bastante. Dice que hay actores en el campo peronista que apuestan
a la reconstrucción doctrinaria como estrategia de reposicionamiento. Dice que
el concepto de comunidad organizada sigue siendo un recurso disputado. Y dice
que, a 77 años del Congreso de Filosofía de Mendoza, la pregunta por el orden
político, la organización social y la conducción del movimiento sigue siendo,
en Argentina, una pregunta filosófica y una pregunta de poder al mismo tiempo.
Separarlas sería, precisamente, el error que una investigación rigurosa debe
evitar.

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