domingo, 26 de abril de 2026

La Jornada de Filosofía de ACEP en el PJ Salta

La Asociación Civil Estudios Populares (ACEP) realizó el 25 de abril de 2026 en Salta su primera Jornada de Filosofía, un encuentro inédito que llevó el debate de ideas al corazón del espacio político. Bajo el título «Filosofía y Comunidad: disputa de modelos y reconstrucción del Ser Argentino frente al individualismo», la jornada convocó a economistas, filósofos y educadores para recuperar la vigencia de La Comunidad Organizada de Juan Domingo Perón frente al modelo de exclusión vigente. Pablo Kosiner, director de ACEP, abrió el encuentro alertando sobre la destrucción de los lazos solidarios y la necesidad de una reflexión profunda sobre los errores propios. El politólogo Moisés «Chino» Sánchez elevó el justicialismo a categoría filosófica universal, desafiando su exclusión histórica de los currículos académicos. En la mesa redonda, el Dr. Alejandro Ruidrejo recuperó el pensamiento sepultado de Ramón Carrillo sobre biopolítica y cibernología, mientras el educador Marcelo Segura planteó la batalla comunicacional como eje de la resistencia. Un sábado dedicado a pensar juntos: de la consigna a la categoría, del archivo al presente. 



 

 

Filosofía, comunidad y resistencia:

Un análisis de la Jornada de Filosofía de ACEP

Salta, 25 de abril de 2026

 


  

Asociación Civil Estudios Populares (ACEP)

Ensayo académico elaborado a partir del informe de la jornada

Síntesis del texto: 

 

Contenidos:

I.Introducción: Objetivos, Fundamentos y Horizonte del Encuentro

II.La Espacialidad del Encuentro

III.Los Interlocutores: Perfiles y Posiciones

IV.Pablo Kosiner: Encuadre Institucional y Resistencia Política frente alIndividualismo

4.1.La disputa entre dos modelos de sociedad

4.2.La legitimidad del voto popular y la autocrítica

4.3.ACEP como instrumento técnico suprapartidario

4.4.Proposiciones derivadas: solidaridad, desconfianza y destino colectivo

V.Moisés "Chino" Sánchez: Hacia una Ontología del Ser Argentino

5.1.El justicialismo como categoría filosófica propia

5.2.La jerarquía del pensamiento: la metáfora de la «Mamuska»

5.3.Ontología del «Ser Argentino» y ética de la solidaridad

5.4.La revolución científico-técnica y el vacío de los jóvenes

5.5.El valor del discurso de Sánchez en el contexto de la jornada

VI.La Mesa Redonda: Identidad Nacional y Pluralismo Cultural en el Siglo XXI

VII.Marcelo Segura: La Batalla Comunicacional y la Educación como Resistencia

7.1.Diagnóstico: la «sociedad desorganizada»

7.2.La batalla comunicacional

7.3.La educación como formación de sujetos

VIII.Alejandro Ruidrejo: Biopolítica, Cibernología y la Genealogía Silenciada delPeronismo

8.1.La recuperación de Ramón Carrillo y el archivo confiscado

8.2.Cibernética versus cibernología: dos racionalidades de gobierno

8.3.La disputa por el «capital humano»

8.4.El fundamento biológico de la política: Umwelt y cooperación

8.5.El valor estratégico del discurso de Ruidrejo en la jornada

IX.Conclusión: El Valor del Encuentro

Referencias

 

 Síntesis conceptual: 


I. Introducción: Objetivos, Fundamentos y Horizonte del Encuentro

La Jornada de Filosofía organizada por la Asociación Civil Estudios Populares (ACEP) el 25 de abril de 2026 en la ciudad de Salta constituye un acontecimiento singular en el mapa de la formación política argentina contemporánea. Su singularidad no radica únicamente en el hecho de convocar a militantes, intelectuales y cuadros técnicos alrededor de un debate filosófico —en sí mismo infrecuente en los espacios partidarios—, sino en la deliberada articulación que propone entre pensamiento teórico y urgencia política. El encuentro se inscribe en una coyuntura de profunda confrontación entre modelos de sociedad: por un lado, el avance del proyecto neoliberal-libertario encarnado en la administración de Javier Milei; por otro, la tradición del humanismo social que el peronismo ha sedimentado desde mediados del siglo XX.

 

El objetivo declarado de la jornada es doble. En primer lugar, recuperar la vigencia del pensamiento filosófico de Juan Domingo Perón —en particular su obra La Comunidad Organizada (1949)— como herramienta crítica frente al modelo de exclusión individualista vigente. En segundo lugar, vincular la memoria histórica del Primer Congreso Nacional de Filosofía de Mendoza, celebrado en 1949, con los desafíos que plantea la democracia argentina en el siglo XXI. La jornada opera, entonces, como un puente entre dos momentos históricos —1949 y 2026— que comparten, según sus organizadores, una misma disputa de fondo: la definición del ser argentino y la determinación del modelo de convivencia que lo realiza.

 

Desde una perspectiva filosófica, el encuentro asume como fundamento el supuesto de que las crisis políticas son, en su raíz, crisis de pensamiento. Esta premisa remite a la tradición del idealismo político que ve en la doctrina —entendida como sistema articulado de principios filosóficos aplicados a la conducción del Estado— la condición de posibilidad de toda transformación social genuina (Gramsci, 1975; Perón, 1974). La jornada se propone, en este marco, recuperar esa dimensión doctrinaria como antídoto frente a lo que sus protagonistas diagnostican como la crisis del lazo social: la indiferencia, el individualismo y la desorganización colectiva.

 

El presente ensayo reconstruye analíticamente el desarrollo de ese encuentro, siguiendo el orden secuencial de sus exposiciones. Se abordan sucesivamente las intervenciones de Pablo Kosiner —en la apertura institucional—, de Moisés "Chino" Sánchez —en la conferencia magistral—, y de Marcelo Segura y Alejandro Ruidrejo —en la mesa redonda—. Para cada interlocutor se despliegan todas sus proposiciones disponibles, articulándolas con referencias bibliográficas que permiten tanto contextualizar como problematizar los discursos. El ensayo concluye con una valoración del encuentro en su conjunto.

 

II. La Espacialidad del Encuentro

La espacialidad de la jornada no puede reducirse a su dimensión meramente física o geográfica. El encuentro tiene lugar en uno de los salones del Centro Cultural Dino Saluzi, extendido ahora como espacio de deliberación del Partido Justicialista de Salta, ámbito que uno de los disertantes caracteriza con irónica sorpresa como el escenario donde "debe ser la primera vez que se discute filosofía". Esta observación, lejos de ser anecdótica, señala una tensión constitutiva del evento: la irrupción de la reflexión teórica en un espacio históricamente asociado a la práctica política inmediata, a la negociación, al cálculo electoral. La jornada propone, precisamente, interrumpir esa lógica instrumental para instalar la pregunta por los fundamentos.


La espacialidad trasciende lo físico para adquirir una dimensión simbólica de múltiples capas. La primera de ellas es la geografía de la memoria: el encuentro se enmarca en la conmemoración de los cincuenta años del golpe de Estado de 1976, lo que convierte al espacio en un lugar de duelo, resistencia y recuperación histórica. La segunda capa es la geografía intelectual: las voces convocadas conectan a Salta con Córdoba —sede del Primer Congreso de Filosofía de 1949—, con los archivos del Estado Nacional donde reposan documentos confiscados en 1955, y con las corrientes de pensamiento que circulan desde la Universidad Nacional de Salta (UNSA). La tercera capa es la geografía geopolítica: el discurso de los participantes sitúa a Argentina en el cruce de rutas comerciales mundiales, en la disputa entre potencias y en la tensión entre soberanía nacional y dependencia financiera.

 


La segunda actividad —la mesa redonda— añade una dimensión adicional: la del espacio de formación militante. El encuentro se celebra un sábado por la mañana, lo que implica una decisión voluntaria de los participantes de destinar su tiempo libre al debate de ideas. Esta circunstancia es señalada explícitamente por uno de los disertantes, quien la valora como signo de compromiso político. Al mismo tiempo, se expresa el deseo de transformar el formato convencional de la conferencia —con su rigidez de micrófono y "bajada de línea"— en algo más próximo al diálogo horizontal, al intercambio de café. Este deseo de horizontalidad convive, sin embargo, con la asimetría inevitable entre los expertos convocados y un público que escucha y eventualmente pregunta. La espacialidad del encuentro es, así, un campo de tensiones entre la autoridad del saber y el ideal de la participación comunitaria (Freire, 1970).

 

III. Los Interlocutores: Perfiles y Posiciones

La jornada convoca a cuatro interlocutores principales que ocupan posiciones diferenciadas en el campo intelectual y político. Pablo Kosiner es Director de ACEP y se posiciona como el gestor que facilita el vínculo entre la política territorial y el pensamiento estratégico. Su discurso es pragmático, orientado a la acción, y funciona como el marco institucional dentro del cual cobran sentido las intervenciones más teóricas. Moisés "Chino" Sánchez, Licenciado en Economía y politólogo, actúa como el exégeta intelectual de la primera parte de la jornada: su función es elevar la doctrina peronista al nivel de las grandes corrientes filosóficas de Occidente.

 

En la mesa redonda del segundo bloque, Marcelo Segura —Licenciado en Gestión Educativa y Rector del Instituto de Educación Superior 653 "Abuelas de Plaza de Mayo"— aporta la perspectiva del educador y estratega de la comunicación. Alejandro Ruidrejo —Doctor en Filosofía por la Universidad Nacional de Córdoba y profesor titular en la UNSA, con trayectoria como Decano de la Facultad de Humanidades— opera como el soporte científico-epistemológico del encuentro, aportando el arsenal conceptual de la biopolítica y la gubernamentalidad. Un cuarto participante, Miguel Ángel Cáceres —poeta, escritor, historiador e investigador, coordinador de bibliotecas y archivos de la provincia de Salta—, es presentado pero su intervención no queda registrada en las fuentes disponibles.

 

IV. Pablo Kosiner: Encuadre Institucional y Resistencia Política frente al Individualismo

4.1. La disputa entre dos modelos de sociedad

La apertura de Kosiner plantea de manera directa y sin rodeos la premisa central que organiza toda la jornada: la Argentina atraviesa una lucha tajante entre el modelo de la comunidad organizada y el modelo de la exclusión individualista. Esta contraposición no es para Kosiner una abstracción académica sino una descripción de la experiencia cotidiana de millones de personas que ven deterioradas las condiciones de vida bajo el modelo vigente. La referencia al año 1949 —año del Primer Congreso Nacional de Filosofía y de la sanción de la Constitución peronista— funciona como un espejo histórico: lo que estaba en disputa entonces es, afirma, lo que está en disputa hoy.

 

Esta construcción discursiva remite a lo que Laclau (2005) denomina la lógica de la equivalencia: la capacidad de articular demandas heterogéneas bajo una frontera antagónica común. El adversario en el discurso de Kosiner no es un partido político específico sino un modelo —el neoliberalismo en su versión más extrema— que disuelve los lazos solidarios y promueve la competencia individualista como único principio de ordenamiento social. En este sentido, la jornada filosófica se convierte en un acto de resistencia política que busca reconstituir la cadena equivalencial del campo popular (Laclau & Mouffe, 1985).

 

4.2. La legitimidad del voto popular y la autocrítica

Una de las proposiciones más relevantes y políticamente más incómodas de Kosiner es la que reconoce la legitimidad democrática del modelo actual. El actual gobierno, sostiene, fue elegido por el voto popular. Esa legitimidad exige de la oposición una profunda reflexión sobre los errores propios. Esta afirmación introduce una dimensión autocrítica poco frecuente en los espacios de militancia, donde la derrota suele atribuirse al adversario o a condiciones externas. Kosiner propone, en cambio, asumir la derrota como un síntoma que obliga a revisar las prácticas propias.

 

Esta postura conecta con la tradición gramsciana de análisis de la hegemonía: si el adversario ha logrado construir un sentido común favorable a su propuesta, ello no se debe únicamente a la manipulación mediática sino también a las insuficiencias del propio proyecto contrahegemónico (Gramsci, 1975; Anderson, 1977). La derrota electoral de 2023 se interpreta, desde este ángulo, como el resultado de una acumulación de contradicciones no resueltas que abrieron el camino al proyecto de Milei. La reflexión filosófica que propone la jornada es, en este contexto, un primer paso de ese proceso de revisión autocrítica.

 

4.3. ACEP como instrumento técnico suprapartidario

Kosiner presenta a ACEP como un instrumento técnico para superar las identidades partidarias en favor de una organización social común. Esta definición es estratégicamente significativa: ACEP no se presenta como una expresión del Partido Justicialista sino como un espacio de elaboración que trasciende las lealtades partidarias para orientarse hacia la construcción de cuadros capaces de gestionar el Estado desde una perspectiva de justicia social. La distinción entre partido y movimiento —implícita en este planteo— remite a una tensión constitutiva del peronismo desde sus orígenes (Torre, 1989).

 

La propuesta de Kosiner incluye la presentación de un Manual de Comunicación Política como herramienta concreta para la formación de militantes. Esta decisión de producir materiales pedagógicos sitúa a ACEP en la tradición de los centros de formación política que proliferaron en América Latina durante los años setenta, inspirados en la pedagogía de la liberación (Freire, 1970) y en las experiencias de educación popular desarrolladas por movimientos sociales de diverso signo ideológico.

 

4.4. Proposiciones derivadas: solidaridad, desconfianza y destino colectivo

El discurso de Kosiner desarrolla un conjunto de proposiciones que articulan su diagnóstico con su propuesta política. En primer lugar, sostiene que la justicia social es la única forma de combatir el avance de la derecha: no se trata de buscar un "tercera vía" que acepte los términos del adversario sino de profundizar la propuesta propia. En segundo lugar, advierte sobre la desconfianza ante los líderes o "emergentes" sin historia: la política argentina tiende a buscar salvadores individuales, y Kosiner —con implícita referencia tanto a Milei como a posibles equivalentes en el propio campo— propone como antídoto la construcción de estructuras colectivas duraderas.

 

La proposición quizá más filosóficamente densa de Kosiner es la que afirma que el destino de cada uno de nosotros depende de un proceso colectivo. Esta afirmación condensa una antropología política que rechaza el individualismo metodológico —dominante en las corrientes liberales— en favor de una concepción relacional del sujeto humano. El individuo no preexiste a la comunidad ni puede realizarse al margen de ella; es constitutivamente social (Hegel, 1820/1999; Marx, 1845/2004). Esta premisa funda, a su vez, la urgencia de la organización colectiva como condición de posibilidad de cualquier proyecto de transformación.

 

Kosiner ejerce lo que podríamos denominar, siguiendo a Bourdieu (1991), un poder de encuadre institucional: su autoridad como director de ACEP le permite validar el encuentro y otorgarle legitimidad, pero al mismo tiempo delimita el espacio de lo decible, orientando el debate hacia la acción política y la formación de cuadros. Cede el espacio del saber teórico a los expertos pero fija el marco pragmático dentro del cual ese saber debe operar.

 

V. Moisés "Chino" Sánchez: Hacia una Ontología del Ser Argentino

5.1. El justicialismo como categoría filosófica propia

La intervención de Sánchez constituye el núcleo doctrinario de la jornada. Su punto de partida es una proposición de alcance filosófico fundamental: el justicialismo constituye una categoría filosófica propia, distinta y superadora de la dicotomía liberalismo-marxismo. Esta afirmación no es nueva —fue formulada por el propio Perón en sus textos doctrinarios de los años cuarenta y cincuenta— pero adquiere en boca de Sánchez un renovado vigor argumentativo, pues se sostiene en una lectura sistemática de la historia de la filosofía occidental.

 


Sánchez propone que el pensamiento de Perón no niega las categorías liberales o marxistas sino que las integra dialécticamente en una reflexión superior sobre el crecimiento de la nación y el ser humano. Esta operación intelectual recuerda al procedimiento hegeliano de la Aufhebung —la superación que conserva lo superado—: el liberalismo aporta la valoración de la libertad individual; el marxismo aporta la crítica de la explotación económica; el peronismo los integra en una síntesis que pone en el centro la justicia social como condición de la libertad real (Hegel, 1807/2006; Perón, 1974). Esta interpretación es, sin duda, políticamente productiva pero filosóficamente controvertible, pues la tradición liberal y la marxista no constituyen meras perspectivas parciales sino paradigmas radicalmente distintos sobre la naturaleza del sujeto, la historia y el Estado (Berlin, 1969; Marx & Engels, 1848/2004).

 

Sánchez denuncia también el "malditismo académico" que ha excluido el pensamiento de Perón de los currículos universitarios y escolares, relegándolo a la condición de "bicho raro" en la academia. Esta denuncia tiene una base empírica innegable: la filosofía peronista ha sido sistemáticamente marginada de los programas académicos, no sólo por razones intelectuales sino por la persecución política que acompañó a los sucesivos intentos de "desperonización" de la cultura argentina (Altamirano, 2001). Al mismo tiempo, la denuncia tiene un efecto retórico: convierte al oyente en partícipe de un proyecto de resistencia intelectual, de recuperación de un saber proscripto.

 

5.2. La jerarquía del pensamiento: la metáfora de la «Mamuska»

La segunda proposición central de Sánchez aborda la jerarquía interna del pensamiento político peronista, que ilustra mediante la metáfora de la Mamuska —la muñeca rusa que contiene dentro de sí otras muñecas de tamaño decreciente. La cosmovisión es la muñeca mayor: el marco teológico y filosófico que sitúa al peronismo dentro de la tradición cristiana y occidental. Dentro de ella se encuentra la doctrina: la aplicación de los principios filosóficos a la realidad histórica de la nación. Dentro de la doctrina se encuentra la ideología: la representación de los intereses de un sector social. Y dentro de la ideología se encuentran las técnicas: los instrumentos concretos de gestión.

 

Esta jerarquización tiene consecuencias políticas precisas. La distinción entre doctrina e ideología es particularmente significativa: mientras la ideología representa a un sector social particular —la burguesía en el liberalismo, el proletariado en el marxismo—, la doctrina se presenta como la aplicación de principios filosóficos institucionalizados para representar a todos los sectores de una nación. El peronismo aspiraría así a trascender la parcialidad de las ideologías sectoriales para convertirse en el sistema de articulación del conjunto social. Esta pretensión de universalidad ha sido críticamente analizada por autores como Portantiero y De Ípola (1981), quienes señalan que la apelación al "pueblo" como totalidad sin fisuras tiende a ocultar las contradicciones y conflictos reales que atraviesan a toda formación social.

 

La conducción política ocupa en este esquema un lugar central: se la define como el arte de conducir el proceso social hacia la grandeza nacional. Esta definición remite a una tradición de pensamiento que valora la dimensión estratégica y volitiva de la política —la capacidad del líder para orientar el proceso histórico— en contraposición a las concepciones estructuralistas que subordinan la agencia individual a las determinaciones objetivas (Maquiavelo, 1532/1992; Weber, 1919/2004). La conducción peronista no es mera técnica de gestión sino ejecución de un pensamiento: exige, por tanto, que quien conduce haya comprendido filosóficamente el proceso que conduce.

 

5.3. Ontología del «Ser Argentino» y ética de la solidaridad

La tercera proposición central de Sánchez es de carácter ontológico: el ser humano solo se realiza plenamente en una comunidad que también se realiza; la libertad individual es inseparable de la función social. Esta tesis remite a la tradición del comunitarismo filosófico contemporáneo (MacIntyre, 1981; Sandel, 1982) y, más remotamente, a la concepción aristotélica del ser humano como zoom politikon —animal político que sólo puede desarrollar sus capacidades en el interior de la polis (Aristóteles, 1988). Desde esta perspectiva, el liberalismo comete un error ontológico fundamental al concebir al individuo como un átomo preexistente a las relaciones sociales, dotado de derechos que debe proteger frente a la comunidad (Rawls, 1971).

 

Frente al egoísmo individualista del liberalismo y la lucha de clases del marxismo, Sánchez propone la solidaridad como el valor ético fundamental sobre el cual se edifica la familia y la justicia social. Esta ética de la solidaridad no es presentada como una opción entre otras sino como el correlato necesario de la ontología comunitaria: si el ser humano sólo se realiza en comunidad, entonces la destrucción de los lazos solidarios es una forma de deshumanización. El modelo neoliberal vigente sería, desde este ángulo, no sólo económicamente injusto sino filosóficamente erróneo: contradice la naturaleza del ser humano tal como el peronismo la concibe.

 

En este marco se inscribe también la proposición relativa a la propiedad: la propiedad no tiene sentido sin el Estado y debe estar subordinada al servicio de la economía y la felicidad del pueblo. Esta afirmación conecta con la tradición del socialismo cristiano y con la Doctrina Social de la Iglesia, que desde el siglo XIX ha sostenido la función social de la propiedad como límite al ejercicio absoluto del derecho de propiedad privada (León XIII, 1891; Juan Pablo II, 1991). Sánchez refuerza esta conexión apelando explícitamente al pensamiento del Papa Francisco, cuya crítica al capitalismo salvaje ha sido ampliamente documentada (Francisco, 2015). La apelación a la autoridad papal tiene un doble efecto: sitúa al peronismo en la corriente del humanismo cristiano y amplía su base de legitimación más allá del campo político estrictamente.

 

5.4. La revolución científico-técnica y el vacío de los jóvenes

La cuarta proposición central de Sánchez aborda los desafíos del presente tecnológico. Su planteo surge a partir de tres preguntas que desde el público presente, se Intersectan en el interés por los jóvenes y las tecnologías. Su diagnóstico es sombrío: el aumento de la violencia y el suicidio juvenil se debe a la falta de un futuro o ideal. Sin una visión de futuro que dé sentido a la existencia, el joven cae en la droga o la autodestrucción. Esta lectura conecta con los análisis sociológicos del durkheimiano suicidio anómico: cuando los referentes normativos se disuelven, el individuo queda librado a la soledad de una existencia sin sentido (Durkheim, 1897/2004).

 

La propuesta de Sánchez es interpretar el presente como un momento de revolución científico-técnica análoga a la segunda revolución industrial que Perón supo interpretar en los años cuarenta. Así como Perón entendió que la industrialización exigía organizar a la clase trabajadora y garantizarle derechos sociales, el presente exige interpretar la revolución del conocimiento para poner sus frutos al servicio de la nación y no de un sector transnacional. Esta analogía tiene el mérito de mostrar que el pensamiento peronista no es una doctrina fosilizada sino una metodología de interpretación de la realidad que puede actualizarse ante cada nuevo desafío histórico.

 

La tensión entre las redes sociales —que Sánchez caracteriza como instrumentos de profundización del individualismo y la división— y el WhatsApp —que valora como herramienta de articulación comunitaria— ilustra las contradicciones de la tecnología digital ante las que el movimiento popular debe tomar posición. Esta distinción algo esquemática merece ser complejizada: las redes sociales han sido también espacios de organización colectiva y resistencia política en múltiples contextos latinoamericanos (Castells, 2012). El problema no es la tecnología en sí misma sino las formas de uso y los marcos de significado en los que se inserta.

 

5.5. El valor del discurso de Sánchez en el contexto de la jornada

El discurso de Sánchez opera como el eje articulador de toda la jornada. Su contribución principal es territorializar la filosofía: no la trata como un saber abstracto sino como una herramienta para explicar la historia argentina y disputar el futuro. Al elevar al peronismo a la categoría de filosofía —con cosmovisión, doctrina, ideología y técnica propias—, le otorga a la militancia un marco de autocomprensión que va más allá de la consigna y que aspira a la categoría de pensamiento. Este desplazamiento de la consigna al concepto es, precisamente, lo que la jornada se propone como objetivo.

 

El discurso de Sánchez conecta orgánicamente con la apertura de Kosiner: donde Kosiner diagnostica la destrucción de los lazos solidarios por el individualismo, Sánchez explica el por qué filosófico de esa destrucción y propone el horizonte doctrinario dentro del cual recuperarlos. Anticipa también las proposiciones de Segura —a quien provee de la base filosófica para pensar la educación como formación de sujetos y no mera transmisión de destrezas— y las de Ruidrejo —a cuya biopolítica otorga el marco ontológico del Ser Argentino como sujeto que debe ser protegido de la deshumanización tecnológica.

 

VI. La Mesa Redonda: Identidad Nacional y Pluralismo Cultural en el Siglo XXI

La segunda parte de la jornada adopta el formato de mesa redonda bajo el título "Identidad nacional y pluralismo cultural, reflexiones filosóficas argentinas en el siglo XXI". Este formato expresa el deseo de horizontalidad y diálogo que Segura formula explícitamente: romper con la rigidez del micrófono y la bajada de línea para convertir el espacio en algo más parecido a una construcción comunitaria de ideas. La mesa convoca a tres interlocutores: Marcelo Segura, Alejandro Ruidrejo y Miguel Ángel Cáceres, cuya intervención —como se señaló— no queda registrada en las fuentes disponibles.

 

VII. Marcelo Segura: La Batalla Comunicacional y la Educación como Resistencia

7.1. Diagnóstico: la «sociedad desorganizada»

La intervención de Segura parte de un diagnóstico que retoma y reformula la proposición central de la jornada: la Comunidad Organizada de 1949 enfrenta hoy a su antítesis, la sociedad desorganizada del presente. Segura encarna esta antítesis en la figura de Milei, a quien describe como la antítesis del humanismo. Esta descripción no es meramente retórica: apunta a una diferencia filosófica de fondo. El humanismo —en la tradición que va desde el Renacimiento hasta el siglo XX— coloca al ser humano como fin en sí mismo de toda organización social y política (Pico della Mirandola, 1486/2006; Fromm, 1961). El antecedente histórico que Segura invoca para iluminar el presente es el Primer Congreso Nacional de Filosofía de Córdoba de 1949, en el que Perón presentó personalmente La Comunidad Organizada ante una audiencia de filósofos de todo el mundo.

 


7.2. La batalla comunicacional

El eje central de la intervención de Segura es la "batalla comunicacional". Su diagnóstico es que el campo popular ha perdido terreno no sólo por las políticas concretas sino por su incapacidad de construir un relato propio que dispute el sentido común dominante. El adversario —el modelo neoliberal— ha logrado instalar sus categorías como evidencias: el ajuste como "necesidad", la desregulación como "libertad", la reducción del Estado como "eficiencia". Frente a este proceso de naturalización ideológica, Segura propone una comunicación que no sea mera repetición de "publicidades de multinacionales", sino que posea un sustento ideológico y político que identifique a los sujetos como clase.

 

Esta propuesta inscribe a Segura en la tradición del análisis crítico del discurso (Fairclough, 1992; Van Dijk, 1993) y de los estudios sobre hegemonía cultural (Gramsci, 1975): el poder no se ejerce únicamente a través de la coerción económica o la violencia física sino también —y de manera crecientemente central— a través del control de los dispositivos de producción de sentido. La comunicación política es, en este marco, un campo de batalla donde se disputa la construcción de la realidad social.

 

La metáfora de los "crotos" de Jauretche que utiliza Segura para ilustrar la necesidad de un "colectivo social" inclusivo remite a la tradición del pensamiento nacional popular argentino (Jauretche, 1967; Scalabrini Ortiz, 1940). Esta apelación a un imaginario cultural arraigado cumple una función retórica precisa: ancla el debate teórico en una experiencia histórica reconocible, haciendo que la abstracción filosófica se vuelva tangible para un auditorio de militantes.

 

7.3. La educación como formación de sujetos

Como Rector del Instituto de Educación Superior 653 “Abuelas de Plaza de Mayo”, Segura aporta una perspectiva concreta sobre la educación pública como dispositivo de formación de sujetos políticos. Su propuesta no se limita a la transmisión de contenidos curriculares sino que aspira a construir una identidad de clase que permita a los educandos reconocerse como parte de un colectivo con intereses y proyectos propios. Esta concepción de la educación se inscribe en la tradición de la pedagogía crítica (Freire, 1970; Giroux, 1983) y en el proyecto de educación popular que ha atravesado la historia del movimiento peronista desde sus orígenes.

 

La urgencia que Segura formula —¿cómo hacemos hoy para incidir y enamorar a los jóvenes?— señala una preocupación compartida por todos los interlocutores de la jornada: la capacidad del movimiento popular para interpelar a las nuevas generaciones en un contexto dominado por las redes sociales y los influencers digitales. La respuesta de Segura es la educación pública como espacio de construcción de identidad colectiva; la de Sánchez, la recuperación de un ideal filosófico que dé sentido a la existencia individual; la de Ruidrejo, la disputa por los conceptos que organizan la comprensión del mundo social.

 

VIII. Alejandro Ruidrejo: Biopolítica, Cibernología y la Genealogía Silenciada del Peronismo

8.1. La recuperación de Ramón Carrillo y el archivo confiscado

La intervención de Ruidrejo es la más técnicamente elaborada de la jornada y opera como su soporte científico-epistemológico. Su punto de partida es el rescate de un documento fundacional confiscado en 1955: Introducción a la cibernología y a la biopolítica, del Dr. Ramón Carrillo, primer Ministro de Salud del gobierno peronista. Este texto habría sido enterrado junto con la experiencia del peronismo en el golpe de Estado de ese año, y su recuperación permite comprender —afirma Ruidrejo— que el proyecto de la Comunidad Organizada no fue una improvisación sino una elaboración teórica de vanguardia que anticipaba debates filosóficos y políticos que recién en las últimas décadas han adquirido plena visibilidad académica.

 Esta operación de rescate del archivo se inscribe en lo que Foucault (1969) denominó arqueología del saber: la excavación de los estratos históricos del conocimiento para sacar a la luz los saberes sometidos, aquellos que han sido descalificados, marginados o silenciados por el discurso dominante. Ruidrejo lleva a cabo una arqueología del pensamiento político argentino, mostrando que existe en él una tradición alternativa —la de la biopolítica humanista— que ha sido sistemáticamente ocultada por la narrativa que presenta al liberalismo como el horizonte inevitable de la modernidad. Esta operación tiene un efecto político inmediato: legitima el pensamiento nacional popular como tradición intelectual seria, capaz de dialogar en pie de igualdad con las corrientes hegemónicas del pensamiento occidental.

 

8.2. Cibernética versus cibernología: dos racionalidades de gobierno

La distinción conceptual central del discurso de Ruidrejo es la que opone cibernética y cibernología. Esta distinción no es meramente técnica sino filosófico-política: define dos modos radicalmente distintos de concebir el gobierno de las sociedades humanas.


La cibernética —cuya versión contemporánea Ruidrejo asocia al desembarco de la inteligencia artificial en la gestión pública— propone el gobierno de los hombres por las máquinas. Se basa en una lógica de procesamiento de información y eficiencia técnica que reduce la complejidad humana a variables cuantificables y optimizables. Esta racionalidad tiene una genealogía precisa: remite al proyecto de Norbert Wiener (1948/1961) y a su aplicación al gobierno de las poblaciones que Carrillo ya identificaba en los años cincuenta como un peligro para la soberanía política y la especificidad de lo humano. Ruidrejo actualiza este diagnóstico señalando que la inteligencia artificial constituye la versión más acabada de la racionalidad cibernética: los algoritmos no sólo procesan información sino que comienzan a tomar decisiones que afectan la vida de millones de personas sin que medie deliberación política alguna.

 

La cibernología, en cambio, es definida como la ciencia del gobierno de los hombres por los hombres, cuyo corazón está en la biología. Esta disciplina se nutre de la neurobiología y de la comprensión de la vida orgánica —en particular de la noción de Umwelt desarrollada por el biólogo Jakob von Uexküll (1934/2016)—, que enfatiza la cooperación y la armonía como principios fundamentales de la vida en comunidad. La cibernología rechaza tanto el determinismo biológico —que reduce la política a la naturaleza— como el mecanicismo cibernético —que reduce lo humano a una máquina— para proponer una concepción orgánica e histórica de la sociedad.

 

El objetivo de la cibernología no es la eficiencia en la gestión de recursos escasos —que Ruidrejo identifica como el telos de la racionalidad neoliberal— sino la política de la felicidad: la producción de las condiciones que permiten a los seres humanos desarrollar plenamente sus capacidades y vivir juntos en armonía. Esta orientación hacia la felicidad colectiva remite a la tradición aristotélica de la eudaimonía y a la concepción republicana del bien común (Aristóteles, 1988; Pettit, 1997).

 

8.3. La disputa por el «capital humano»

Ruidrejo lleva a cabo una operación crítica fundamental al analizar el concepto de "capital humano". En la versión que la Escuela de Chicago —Becker, Schultz— desarrolló desde los años sesenta, el capital humano designa la inversión en las capacidades productivas del individuo orientada a maximizar su rendimiento en el mercado de trabajo (Becker, 1964). Esta conceptualización convierte al ser humano en una mercancía —un factor de producción cuyo valor se mide por su productividad— y a la educación en una inversión privada orientada al retorno económico individual.

 

Ruidrejo recupera una versión alternativa del concepto —presente en Carrillo y en la tradición peronista— según la cual el capital humano no es mercancía sino el objeto primordial de cuidado del Estado. Desde esta perspectiva, la inversión en educación y salud no se justifica por su retorno económico sino por su función en la producción de la vida buena: la realización de los seres humanos como sujetos capaces de vivir juntos en una comunidad justa. Esta disputa por el sentido del concepto de "capital humano" es un ejemplo paradigmático de lo que Rancière (1995) llama el reparto de lo sensible: la lucha por determinar qué cuenta y qué no cuenta en el campo de lo visible y lo pensable.

 

8.4. El fundamento biológico de la política: Umwelt y cooperación

La tercera proposición central de Ruidrejo establece el fundamento biológico de la política en la cooperación y la armonía, en contraposición a la concepción liberal —asociada a Darwin y Adam Smith— que sitúa la competencia como motor del progreso. Esta proposición se apoya en el trabajo del neurobiólogo Christofredo Jacob, cuyas investigaciones influyeron en la formación intelectual de Carrillo, y en la noción de Umwelt del biólogo Jakob von Uexküll (1934/2016): el mundo circundante o entorno significativo que cada organismo construye en su interacción con el ambiente.

 

La tesis de Ruidrejo es que la evolución biológica no está gobernada principalmente por la lucha competitiva —como sostuvo la lectura social-darwinista de Darwin (Spencer, 1864)— sino por la cooperación y la armonía entre organismos. Esta tesis encuentra respaldo en corrientes contemporáneas de la biología evolutiva que han subrayado la importancia de la simbiosis, la cooperación y la selección de grupo (Margulis, 1998; Nowak, 2006). Su implicación política es significativa: si la cooperación es la ley de la vida, entonces el individualismo competitivo no es la expresión de una naturaleza humana universal sino una deformación histórica producida por condiciones sociales específicas.

 

La analogía platónica que utiliza Ruidrejo —una comunidad justa es aquella que funciona como un cuerpo sano, donde la justicia es la traducción política de la salud— tiene una larga tradición en el pensamiento político occidental, desde la República de Platón (380 a.C./2004) hasta las filosofías orgánicas del Estado del siglo XIX. Esta analogía es políticamente productiva en tanto permite hablar de la justicia social en términos de salud colectiva —lo que conecta directamente con la experiencia sanitaria del primer peronismo—, pero también epistemológicamente problemática en tanto tiende a naturalizar las relaciones de poder y a suprimir la conflictividad inherente a toda formación social (Mouffe, 1993).

 

8.5. El valor estratégico del discurso de Ruidrejo en la jornada

El discurso de Ruidrejo opera en la jornada como el soporte científico-epistemológico que eleva las intuiciones políticas de los otros disertantes a una categoría de análisis académico e histórico profundo. Su contribución específica es romper el "malditismo" académico que pesa sobre el pensamiento peronista, demostrando —mediante el rescate de Carrillo y Jacob— que el proyecto de la Comunidad Organizada no fue una improvisación política sino un proyecto de vanguardia que ya en los años cincuenta anticipaba los debates sobre la inteligencia artificial, la biopolítica y el capital humano que hoy ocupan el centro de la filosofía política contemporánea.

 

La conexión con Kosiner se da en el plano de la gubernamentalidad: donde Kosiner advierte sobre la "sociedad desorganizada" y la necesidad de reconstruir los lazos solidarios, Ruidrejo explica el por qué epistemológico de esa desorganización —el tránsito de la cibernología a la cibernética— y proporciona las categorías teóricas que permiten disputar el sentido de conceptos clave como "capital humano". La conexión con Sánchez es de complementariedad ontológica: donde Sánchez habla del Ser Argentino y la doctrina como alma de la comunidad, Ruidrejo explica cómo esa alma se encarna en el sistema de salud de Carrillo y en la educación pública. La cooperación no es sólo un deseo moral, afirma Ruidrejo, sino una ley de la vida —

 

Umwelt— superior a la competencia liberal. El mérito final de Ruidrejo es transformar el "polvo de los archivos" en un insumo para la resistencia actual, proveyendo a la militancia de una racionalidad alternativa para discutir la felicidad común frente a la mera gestión de recursos escasos.

 

IX. Conclusión: El Valor del Encuentro

La Jornada de Filosofía de ACEP constituye, en el marco de la política argentina contemporánea, un acontecimiento que merece ser valorado en múltiples dimensiones. La primera y más inmediata es la del hito institucional: por primera vez —o al menos de manera infrecuente— un espacio partidario se convierte en escenario de deliberación filosófica profunda. Este desplazamiento del registro de la consigna al registro del concepto es, en sí mismo, un gesto político significativo que señala la conciencia de que las batallas políticas se libran también —y quizás principalmente— en el campo de los significados y las representaciones.

 

La segunda dimensión es la de la articulación entre saber y poder. La jornada produce una configuración poco habitual: intelectuales académicos —Ruidrejo— y activistas políticos —Kosiner— y educadores —Segura— y doctrinarios —Sánchez— comparten un mismo espacio y elaboran juntos un diagnóstico y una propuesta. Esta articulación no está exenta de tensiones: la pretensión de universalidad del discurso doctrinario choca con la particularidad de los intereses de clase; la autonomía del saber académico se tensiona con las demandas de la militancia; la profundidad del análisis filosófico corre el riesgo de perder contacto con la urgencia de la acción política. Estas tensiones no son debilidades de la jornada sino su condición de posibilidad: es precisamente en ese espacio de tensión donde se produce el pensamiento más fecundo.

 

La tercera dimensión es la de la apuesta generacional. Todos los interlocutores comparten la preocupación por interpelar a las nuevas generaciones en un contexto en el que el peronismo ha perdido la capacidad de enamorar a los jóvenes que en otras épocas lo convirtieron en un movimiento de masas. La respuesta que la jornada elabora es filosófica: hace falta ofrecer un ideal, una visión del futuro que dé sentido a la existencia y oriente la acción colectiva. Esta apuesta conecta con la tradición del pensamiento utópico que ha animado a los grandes movimientos de transformación social (Bloch, 1954/2004) y constituye quizás la contribución más duradera del encuentro.

 

La cuarta dimensión es la de la memoria como recurso político. La jornada celebrada en el marco del cincuentenario del golpe de Estado de 1976 convierte la reflexión filosófica en un acto de resistencia memorial. Al recuperar los documentos confiscados de Carrillo, al releer la Comunidad Organizada de 1949, al conectar el Congreso de Filosofía de Córdoba con el presente, los participantes realizan lo que Benjamin (1940/2008) denominaba la imagen dialéctica: la irrupción del pasado en el presente como un relámpago que ilumina la oscuridad del ahora y abre posibilidades de futuro que habían sido clausuradas.

 

Finalmente, el valor más profundo del encuentro reside en su apuesta por el diálogo como forma política. En un contexto dominado por la fragmentación, la polarización y el monólogo de las redes sociales, reunirse un sábado por la mañana a escuchar y debatir ideas, a construir juntos un diagnóstico y una propuesta, es en sí mismo un acto de resistencia. La Comunidad Organizada no es sólo un texto de Perón sino también, y quizás ante todo, una práctica: la práctica de construir juntos, de reconocerse mutuamente como parte de un proyecto común, de apostar por la solidaridad frente a la indiferencia. La jornada no resuelve los problemas que diagnostica —eso no es función de una jornada de filosofía—, pero sí los nombra, los piensa y los pone en relación con tradiciones de pensamiento que permiten imaginar salidas. En ese gesto, está su mérito fundamental.

 


 

Referencias

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viernes, 24 de abril de 2026

Lo que el Papa nos dice que hagamos

Asi fue el encuentro con Praxis sobre Francisco en el PJ Salta. 

El viernes por la tarde, en el salón de reuniones del PJ Salta, la agrupación Praxis realizó un encuentro de formación política centrado en el pensamiento del Papa Francisco. Militantes, docentes, referentes barriales y cuadros políticos debatieron durante horas sobre la Doctrina Social de la Iglesia y su aplicación concreta a la realidad argentina.
El eje del debate fue el proyecto "Argentina Humana": cómo traducir conceptos como ecología integral, bien común y comunidad organizada en herramientas de gestión territorial real. Se discutió la crisis de las infancias, la alienación tecnológica, la pérdida de espacios comunitarios y la necesidad de construir una soberanía cultural frente al avance del neoliberalismo.
El encuentro dejó una conclusión clara: las encíclicas de Francisco no son textos de sacristía. Son, bien leídas, un programa político para quienes quieren transformar desde abajo.

Por Fernando Pequeño Ragone
asistido por NotebookLM, Gemini y Claude IA
Acerca de mi escritura asistida con IA.

El Humanismo de Francisco y Praxis Política: Hacia la reconstrucción de la comunidad organizada y la soberanía social.

 

El salón del PJ, un viernes a la tarde

Estoy sentado en el salón de reuniones del PJ Salta. La tarde cae afuera. Frente a mí, la pantalla grande del televisor muestra las diapositivas que el chico de Letras preparó con citas de Francisco. Las sillas alrededor de la gran mesa del salón. Hay gaseosas circulando en grandes vasos de Telgopor prensado. Hay cuadernos abiertos y algunos celulares que nadie termina de guardar.

Estamos reunidos para estudiar. No para hacer campaña, no para distribuir cargos, no para discutir internas. Para estudiar. Eso, en este salón, ya es una rareza que me produce algo parecido a la esperanza.

 

Quiénes somos hoy acá

El que coordina es un estudiante de Letras, cuadro joven de Praxis, que llegó al peronismo por el lado de la filosofía y no por el del sindicato. Le digo mentalmente "el moderador" porque aún no termino de aprender todos los nombres de los que se suman a Praxis. Tiene una claridad expositiva que me llama la atención. Sabe citar. Sabe encadenar ideas. Cuando habla de Francisco lo hace con la soltura de quien leyó las encíclicas y no sólo los resúmenes.

Alejandro Gravanago primero en frente y luego a mi izquierda, concentrado. Alejandro es de los que piensan con el cuerpo tenso. Lleva décadas en esto y tiene esa característica de los militantes históricos: cuando habla, uno siente el peso de todo lo que vivió antes de abrir la boca.

Silvia Sánchez está enfrente, con un cuaderno real, de papel, y una lapicera. Silvia es docente y referente barrial, y tiene esa presencia de las mujeres que han contenido a mucha gente sin que nadie las nombrara en los discursos. Cuando habla de las infancias, habla de nombres concretos.

Mayra está al fondo, cerca de la puerta. Trabaja en economía popular, conoce el mundo del reciclado y la organización de base, y tiene una manera de intervenir que es casi quirúrgica: espera el momento exacto, dice lo justo y te deja pensando.

Mas allá se siente Nora Giménez, la ex senadora, que llegó comenzada la reunión. Está Juan, que al igual que Siliva integran el Ateneo Pueblo. Rubén Gutiérrez, entre los sobresaliente de Praxis, toma notas a mi lado, interviene, dirige, opina. Así, una decena más de compañerxs jóvenes que integran el grupo. A media reunión se integran otros compañeros. Entre ellos Dante Sanguinetti, imposible no notarlo cuando se hace presente.

Yo prefiero decir que soy alguien que intenta que las ideas tengan dirección y que la dirección no pierda las ideas.


Francisco en la pantalla grande

El moderador abre con una proposición que me parece honesta y ambiciosa al mismo tiempo: el pensamiento del Papa Francisco es el humanismo del siglo. No lo dice con fanfarria. Lo dice como quien planta una estaca y dice acá empezamos a medir.

En la pantalla aparece la imagen del poliedro. Me quedo mirándola más de lo que pensaba. El poliedro contra la esfera: la esfera es la unidad que aplana, que borra las aristas, que finge que todo encaja suavemente. El poliedro es la unidad que preserva las diferencias, que acepta que hay vértices incómodos, que sostiene la tensión sin eliminarla. Francisco dice que la sociedad tiene que parecerse al poliedro y no a la esfera, y yo pienso que el peronismo, en sus mejores momentos, fue eso: un poliedro enorme, irregular, casi imposible de sostener, pero real.

La realidad es más importante que la idea. Aparece en la pantalla y el moderador lo subraya. Cuántas veces habremos escuchado esa frase. Cuántas veces la habremos aplicado mal, usándola para justificar la renuncia a cualquier horizonte. Pero hoy, en este salón, entiendo que Francisco la usa diferente: no para abandonar las ideas sino para anclarlas. Para decir que la doctrina tiene que ensuciarse los pies.

El tiempo es superior al espacio, explica el moderador. Lo que me importa es iniciar procesos y no ocupar lugares. Me remueve eso. Me remueve porque sé que en política tendemos a hacer exactamente lo contrario: nos peleamos por los lugares y abandonamos los procesos. Somos mejores administrando victorias que construyendo transformaciones.

 

Cuando Alejandro Gravanago habla, la sala cambia de temperatura

Alejandro espera su turno con esa paciencia táctica que tienen los que saben que lo que van a decir va a cambiar el eje de la conversación. Y lo cambia.

Introduzco una pregunta para tensionar las miradas entre Francisco y el nuevo Gebel. Y aparecen en el salón las generaciones más antiguas, las que miden y evalúan procesos vividos.

Retomando el concepto que introduce el moderador a mi pregunta, Alejandro habla del protestantismo como estrategia del imperialismo en América Latina. No como fenómeno religioso espontáneo sino como operación política deliberada: fragmentar la comunidad, atomizar al sujeto, convertir la fe en un asunto privado entre el individuo y su prosperidad económica. Los jesuitas, dice Alejandro, fueron lo contrario: cartógrafos, constructores de comunidad, la base de lo que después fue la gesta sanmartiniana.

Escucho y pienso que tiene razón en el diagnóstico aunque a veces el remedio que propone es volver al pasado en lugar de recuperar su energía para el presente. Pero no lo interrumpo. Hay algo en lo que dice sobre la dirigencia que me golpea directo: la palabra te traiciona, el dirigente está a un pasito de ser un charlatán. Lo dice mirando al techo, como si le hablara a alguien que no está en la sala. Quizás nos lo dice a todos.

 

Silvia y las infancias que no tienen plaza

Cuando habla Silvia, el tono del encuentro desciende de la geopolítica al barrio. Y ese descenso es necesario. Habla de las infancias sin espacio. Habla del abuelazgo, que es esa forma de cuidado que ejercen los abuelos cuando los padres no pueden o no están. Habla de la pérdida de los espacios comunitarios como una pérdida de humanidad concreta, no abstracta.

Escucho a Silvia y pienso en las plazas. Las plazas que tenemos en Salta son o monumentos o escenarios de campaña. Pocas son lo que Francisco llama espacio de encuentro. Pocas están vivas en el sentido de que la comunidad las habite cotidianamente, las cuide, las sienta propias. Eso es lo que quiero cambiar y sé que no es simple porque requiere que el municipio suelte control, y soltar control le resulta difícil a cualquier gestión. Son las plazas que introduce Juan en la discusión grupal más pequeña que compartimos como parte del trabajo propuesto por el coordinador. Una coincidencia con Silvia como si ya lo hubiesen trabajado antes en el Ateneo Pueblo.

 

Lo que propongo cuando hablo: desertar, asediar, incomodar

Cuando llega mi turno digo lo que vengo pensando hace tiempo: hay que desertar. Tomando el término que no por casualidad, minutos antes fue introducido por Juan mientras enfocaba las plazas como espacios perdidos de encuentros. Propongo que se debe desertar del sistema que oprime y poder pensar otras formas de vida vivibles y posibles.

Y en consonancia, al punto que ni falta hacía que luego retome la palabra, para economizar voces que en estos encuentros son recursos riquísimos por el poco tiempo para que todas se hagan sentir; Juan va poniendo una a una las proposiciones ligadas a ese concepto central de desertar. El sistema tecnológico que aliena, que vende ilusión de comunidad mientras destruye la comunidad real. Los algoritmos no son neutrales. Están diseñados para que los chicos estén quietos, solos, consumiendo. El sistema los necesita vacíos y desarraigados porque los vacíos y desarraigados no organizan resistencia.

Propone cosas concretas: las plazas vivas como política pública de gestión comunitaria real. Una soberanía digital que incluya herramientas de comunicación que no nos espíen y no nos vendan. Proyectos de ordenanza que institucionalicen los espacios de contención más allá de lo electoral.

Mientras los escucho a todxs, siento el peso de lo que el encuentro de hoy me confirmó: la doctrina de Francisco no es un lujo intelectual. Es, bien leída, un manual operativo para lo que queremos hacer. La ecología integral, el poliedro, el bien común como proyecto político concreto. Lo que falta es la transmisión. Hay que convertir las encíclicas en lenguaje de barrio sin perder su profundidad. Eso es la formación. Eso es lo que estamos haciendo acá, en este salón, con el televisor grande y los vasos de Telgopor con gaseosa que circulan.

 

Lo que me llevo al salir

El encuentro termina con acuerdos difusos y energía concreta, que es quizás la combinación más honesta que puede producir una reunión política.

Me quedo con la imagen del poliedro en la pantalla grande. Me quedo con la frase de Alejandro sobre el charlatán y la necesidad de que las palabras no traicionen. Me quedo con Silvia hablando de los abuelos que contienen lo que el sistema no quiere contener.

Y me quedo con una pregunta que no hice en voz alta pero que seguirá dando vueltas: ¿somos capaces de construir el poliedro que proponemos, nosotros que también tenemos nuestras aristas rotas y nuestras superficies que queremos suavizar para no mostrar la fractura?

No lo sé todavía. Pero al menos hoy, en este salón del PJ Salta, frente a ese televisor grande, alguien se tomó el trabajo de preguntárselo.

Abordajes sobre la tensión entre Francisco y Gebel en la identidad del grupo PRAXIS Salta

Se analiza aquí las estrategias silenciosas de construcción de fuerza partidaria en la Argentina de 2026. En el centro de esta arquitectura se ubica el Grupo PRAXIS en Salta, un "laboratorio" de cuadros políticos que busca transformar la acción militante en reflexión intelectual, operando en ámbitos académicos y territoriales para formar la narrativa del futuro.

El texto explora una profunda disputa por el sentido de la solidaridad y los valores populares. Por un lado, la figura póstuma de Francisco es rescatada por el peronismo como un "significante de unidad" para dotar de ética su programa político. Por el otro, emerge la sombra de figuras como Dante Gebel, cuyo influjo en sectores vulnerables desafía la base histórica del movimiento con narrativas de éxito individual ajenas al colectivismo tradicional.

Finalmente, el documento detalla la dimensión orgánica mediante la intervención del PJ en Salta, hoy bajo la conducción de Pablo Kosiner. Su rol es el de "ordenar la casa", mitigando las fracturas internas para consolidar un frente amplio de cara a 2027, donde la eficacia técnica y la mística simbólica converjan para recuperar el poder.

 

Por Fernando Pequeño Ragone
asistido por NotebookLM, Gemini y Claude IA




LOS ARQUITECTOS DEL PODER

Cómo los partidos políticos construyen fuerza, conquistan lealtades y se preparan para ganar. Abordajes sobre la tensión entre Francisco y Gebel en la identidad del grupo PRAXIS Salta. 

Un ensayo de divulgación política

Síntesis del texto

Antes de que comiencen las campañas, antes de que aparezcan los carteles y los discursos, hay un trabajo silencioso. Este ensayo cuenta cómo se hace ese trabajo: cómo un partido político construye poder desde abajo, con ideas, territorios y símbolos.

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Contenidos:

 

I. Gobernar los Símbolos

El poder de un nombre, de una imagen, de una frase

Por qué esto funciona

II. El Territorio Como Laboratorio

Por qué Salta importa más de lo que parece

¿Qué es un grupo de cuadros políticos?

El arte de estar donde nadie mira

III. La Memoria Como Arma Política

Cuando el pasado trabaja para el futuro

Convertir el duelo en programa

La batalla cultural: pelear antes de que haya elecciones

IV. La Organización Por Dentro

Cómo se arma un partido político en la práctica

El problema de la unidad

La figura del candidato técnico

V. Los Que No Están en el Partido

La competencia fuera del sistema tradicional

El fenómeno del outsider

La respuesta: ética frente a marketing

VI. El Mapa de 2027

Por qué las elecciones se ganan antes de que lleguen

El trabajo territorial: estar donde los demás no están

La formación ideológica: dar palabras a lo que se siente

La alianza de sectores: sumar sin perder

Lo Que Nos Enseña Este Caso

Más allá del peronismo y de Salta

 

El poder de un nombre, de una imagen, de una frase

Cuando el papa Francisco murió el 21 de abril de 2025, Argentina contuvo el aliento. Jorge Mario Bergoglio había sido el primer papa latinoamericano, el primero en llevar el nombre del santo de los pobres, el primero en hablar con la franqueza de quien conoce los barrios de la periferia. Pero pocas semanas después del duelo, algo curioso comenzó a suceder: los políticos empezaron a hablar de él.

No era solo sentimiento. Era estrategia.

Esto no es nuevo en la historia. Los partidos políticos siempre han buscado figuras que los trasciendan: personalidades que generen afecto, que sinteticen valores, que digan en una sola imagen lo que una plataforma no termina de explicar. Juan Manuel de Rosas fue usurpado por unos y demonizado por otros. Evita Perón fue llorada y prohibida por distintos gobiernos. El Che Guevara terminó en remeras de personas que votarían exactamente lo contrario de lo que él predicaba.

Un símbolo político es como una bandera: no importa tanto quién la bordó, sino quién la levanta y hacia dónde marcha.

En el caso de Francisco, el movimiento peronista vio una oportunidad extraordinaria. Un hombre nacido en Buenos Aires, criado en los valores de la solidaridad, que había recorrido el mundo hablando de los pobres, del medioambiente, del peligro del individualismo extremo. Sus encíclicas —documentos oficiales de la Iglesia Católica que desarrollan posturas sobre grandes temas del mundo— se convirtieron, casi sin que nadie lo declarara explícitamente, en material de lectura política.

La operación es sutil pero poderosa: si Francisco dijo que "la tierra, el techo y el trabajo" son derechos fundamentales, y si el peronismo lleva décadas defendiendo esas mismas banderas, entonces Francisco habría sido, de algún modo, peronista. Y si el peronismo es el heredero de esa visión, entonces votar peronismo es votar por los valores del papa.

Por qué esto funciona

Para entender por qué esta clase de maniobra produce efectos reales, hay que entender una cosa básica sobre la política: la gente no vota principalmente con la razón. Vota con la identidad.

Cuando alguien marca una boleta, en el fondo está diciendo quién es. Está diciendo a qué comunidad pertenece, qué valores considera sagrados, con quién se identifica. Por eso los partidos invierten tanto en construir lo que los analistas llaman un relato: una historia coherente sobre el pasado, el presente y el futuro que hace que sus votantes se sientan parte de algo más grande que ellos mismos.

El peronismo, en particular, ha sido históricamente muy hábil en este juego. Nació con Perón y Evita como protagonistas casi mitológicos. Con el tiempo incorporó la figura de Néstor Kirchner, luego la de Cristina Fernández de Kirchner. Cada momento de crisis fue seguido por una búsqueda de una nueva figura aglutinante. La muerte de Francisco abrió ese espacio simbólico de nuevo.

— "Un significante de unidad", lo llaman los politólogos. Un nombre que puede ser interpretado por muchos de maneras distintas, pero que a todos los convoca.

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Por qué Salta importa más de lo que parece

La política nacional se decide, en apariencia, en Buenos Aires. Los grandes discursos, los acuerdos entre cúpulas, las tapas de los diarios: todo parece pasar en esa ciudad enorme que concentra tanto poder. Pero los que saben de política saben que el verdadero trabajo se hace en otro lado.

Se hace en Salta, en Tucumán, en Chaco, en las provincias que conforman el norte argentino. Se hace puerta a puerta, en reuniones de barrio, en universidades públicas, en sindicatos, en parroquias. Se hace donde la gente vive sus problemas concretos: la falta de agua, el trabajo informal, la escuela con techos que se caen.

En ese escenario, Salta ha emergido en los últimos años como lo que los estrategas políticos llaman un laboratorio: un territorio donde se ensayan ideas, se prueban liderazgos y se diseñan modelos que luego pueden replicarse en otras provincias. Y en ese laboratorio opera, entre otros actores, un grupo llamado PRAXIS.

¿Qué es un grupo de cuadros políticos?

Para entender qué hace PRAXIS, primero hay que entender un concepto que los partidos utilizan pero rara vez explican: la formación de cuadros.

Un cuadro político no es simplemente un militante que reparte boletas o pega afiches. Es alguien que ha sido formado intelectualmente para entender los problemas de fondo, para argumentar con solidez, para conectar las ideas grandes con las realidades pequeñas. Es quien puede explicar en una asamblea de vecinos por qué el precio del litio en la Puna tiene que ver con la soberanía nacional. Es quien puede traducir un documento complejo en un discurso de diez minutos que la gente entienda y recuerde.

Los partidos políticos que quieren durar en el tiempo necesitan cuadros. Sin ellos, son solo maquinarias electorales que funcionan cuando hay candidatos caros y se caen a pedazos cuando el candidato pierde o muere. Con cuadros, el partido puede sobrevivir porque la ideología ya no está en una sola persona: está distribuida, enseñada, aprendida.

El nombre PRAXIS remite a una palabra griega que significa, aproximadamente, "la acción que transforma". No cualquier acción: la que nace de la reflexión, la que sabe por qué hace lo que hace.

En Salta, el Grupo PRAXIS ha construido su presencia sobre tres pilares: la Universidad Nacional de Salta como espacio de debate académico, las organizaciones territoriales como espacio de acción concreta, y los conversatorios —encuentros de reflexión y discusión— como puente entre ambos mundos.

El arte de estar donde nadie mira

Una de las estrategias más efectivas de los partidos que buscan construir poder a largo plazo es la de penetrar los espacios que parecen apolíticos. La universidad, las asociaciones civiles, los grupos religiosos, las cámaras de comercio. Espacios donde la gente se reúne por razones que no son electorales pero donde, inevitablemente, se construyen opiniones, se forman criterios, se generan redes de confianza.

PRAXIS ha hecho exactamente eso. Sus integrantes participan en debates académicos sobre pobreza, sobre el futuro del trabajo, sobre los recursos naturales del norte argentino. Escriben artículos, organizan conferencias, promueven el estudio de documentos históricos del peronismo como la "Comunidad Organizada" de Perón. No buscan ganar votos en ese momento. Buscan algo más valioso: formar la manera en que ciertas personas piensan sobre la política y la sociedad.

Cuando llega el momento electoral, esas personas ya tienen un marco. Ya tienen palabras para nombrar lo que sienten. Ya tienen una narrativa que les explica por qué votar de determinada manera no es solo conveniencia sino convicción.

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Cuando el pasado trabaja para el futuro

En abril de 2026, al cumplirse el primer aniversario de la muerte de Francisco, algo llamó la atención. Mientras en la Basílica de Luján se realizaba el acto oficial —con la tensión habitual entre dirigentes que compiten por los primeros planos—, en Salta ocurría algo diferente y, en cierto modo, más significativo.

Durante semanas, el Grupo PRAXIS organizó una serie de conversatorios. No misas, no actos políticos disfrazados de homenaje: conversatorios. Encuentros donde académicos, militantes, estudiantes y vecinos se sentaban a discutir. La obra de Francisco. La pedagogía y la política comunitaria. La justicia social y los derechos humanos. El litio y la soberanía. La antipolítica como fenómeno social.

¿Por qué esto es una estrategia política y no solo un gesto cultural?

Porque la memoria tiene una función política fundamental: legitima. Cuando un partido puede decir "nosotros somos los herederos de esta figura, de esta tradición, de estos valores", está construyendo una autoridad que va mucho más allá de lo que cualquier candidato puede ofrecer por sí solo. Está diciendo: "Estamos del lado correcto de la historia".

El control del relato del pasado es, frecuentemente, la batalla más importante del presente.

Convertir el duelo en programa

Lo que hicieron los conversatorios de abril de 2026 fue algo técnicamente sofisticado: transformar el sentimiento de pérdida colectiva en agenda política concreta. Cada mesa de debate sobre las enseñanzas de Francisco terminaba con preguntas implícitas —o explícitas— sobre el presente argentino.

Si Francisco enseñó que la tierra, el techo y el trabajo son derechos inalienables, ¿qué partido defiende eso hoy? Si Francisco dijo que hay que cuidar la casa común, ¿quién tiene una política ambiental coherente? Si Francisco denunció la globalización de la indiferencia, ¿qué modelo económico encarna esa indiferencia y cuál la resiste?

Las preguntas estaban formuladas de manera que las respuestas parecieran obvias. Ese es exactamente el objetivo de este tipo de trabajo político: no convencer mediante el debate, sino crear un clima en el que determinadas conclusiones se sientan como sentido común.

La batalla cultural: pelear antes de que haya elecciones

Los politólogos tienen un concepto para describir este fenómeno: hegemonía cultural. La idea, desarrollada por el pensador italiano Antonio Gramsci, sostiene que el poder no se mantiene solo con la fuerza o con el dinero, sino con la capacidad de hacer que ciertos valores y visiones del mundo parezcan naturales, inevitables, de sentido común.

Un partido que logra hegemonía cultural no necesita convencer a nadie en cada elección. Ya convenció antes, en las escuelas, en los medios, en la cultura popular, en los espacios académicos. La elección es casi un trámite.

Por supuesto, la hegemonía cultural total rara vez se alcanza. Pero la disputa por ese territorio simbólico es constante. Los conversatorios de PRAXIS en Salta son, en ese sentido, trincheras. Espacios donde se libra la batalla antes de que empiece la campaña.

— "La memoria debe desbordar el aula", dice uno de los lemas que circuló en esos encuentros. La frase resume perfectamente el proyecto.

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Cómo se arma un partido político en la práctica

Hay algo que la televisión rara vez muestra: el trabajo cotidiano, burocrático y a veces tedioso de construir un partido político. Las reuniones que terminan a medianoche sin acuerdo. Los documentos que nadie lee. Las internas que desgastan más que las elecciones mismas.

En el peronismo salteño, este trabajo interno es visible en la figura de la intervención del Partido Justicialista. Cuando un partido entra en crisis —por derrotas electorales, por disputas entre facciones, por escándalos o simplemente por falta de liderazgo— suele designarse un interventor: alguien de afuera o de arriba que viene a ordenar la casa.

En Salta, ese rol está actualmente en manos de Pablo Kosiner, quien reemplazó a Sergio Berni en la conducción del proceso de normalización. El objetivo declarado es preparar al partido para las elecciones de 2027, lo que implica resolver viejas peleas, alinear a los distintos sectores bajo una misma estrategia y decidir quiénes serán los candidatos.

El problema de la unidad

Una de las mayores dificultades de cualquier partido grande es la unidad. Los partidos no son bloques monolíticos: son coaliciones de grupos con intereses, visiones e historias distintas. En el peronismo, esto es especialmente visible: hay kirchneristas y antikirchneristas, sindicatos y movimientos sociales, gobernadores con proyectos propios y dirigentes nacionales con otras agendas.

Lograr que todos esos grupos marchen juntos hacia una elección requiere lo que en la jerga política se llama una narrativa de unidad: una idea lo suficientemente grande y lo suficientemente vaga como para que cada sector pueda sentirse incluido sin tener que renunciar a sus particularidades.

La figura de Francisco cumple exactamente esa función. Porque Francisco fue lo suficientemente amplio en sus valores —habló de los pobres, del medioambiente, de la paz, de la familia— como para que distintos sectores del peronismo puedan apropiarse de algún fragmento de su legado sin contradecirse entre sí. El franciscanismo político es, en ese sentido, un pegamento ideológico.

Los partidos exitosos no son los que tienen una ideología pura e incontaminada. Son los que tienen una ideología lo suficientemente flexible como para contener multitudes sin romperse.

La figura del candidato técnico

En este escenario, emerge una figura que los analistas políticos reconocen bien: el candidato técnico. Alguien que no viene de la política de aparato, que no tiene el lastre de las peleas internas, que puede hablar de gestión y administración con credibilidad, y que al mismo tiempo comparte los valores del movimiento.

En Salta, ese perfil parece encarnarse en figuras como Emiliano Estrada, mencionado como referente con proyección. El argumento implícito es el siguiente: en un contexto de descrédito de la política tradicional, un perfil técnico puede llegar a votantes que de otra manera se quedarían en casa o votarían por opciones antisistema.

Esta estrategia no es nueva. Muchos partidos en crisis han recurrido a ella. El desafío es que el candidato técnico, una vez que llega al poder, necesita también ser político: negociar, construir mayorías, tomar decisiones que no siempre son técnicas sino profundamente valorativas.

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La competencia fuera del sistema tradicional

Toda esta arquitectura de símbolos, cuadros y territorios se construye en un contexto que la complica enormemente: el crecimiento de lo que los politólogos llaman la antipolítica.

La antipolítica es el sentimiento, cada vez más extendido en Argentina y en el mundo, de que los partidos tradicionales no representan a nadie. De que los políticos son todos iguales. De que votar no cambia nada. De que el sistema está capturado por intereses que nada tienen que ver con la gente común.

Este sentimiento genera un tipo de votante que los partidos establecidos temen: el votante volátil, que en cada elección puede ir a cualquier lado, que no tiene lealtad partidaria, que busca algo que le genere emoción o esperanza o simplemente rabia canalizada.

El fenómeno del outsider

En Argentina, este fenómeno tomó una forma muy concreta con figuras como Javier Milei, quien llegó a la presidencia desde fuera del sistema. Pero también, de manera diferente, está tomando forma en el espacio religioso con figuras como Dante Gebel, un pastor evangélico de origen argentino radicado en Los Ángeles que tiene millones de seguidores en toda América Latina.

¿Qué tiene que ver un pastor con la política? Mucho más de lo que parece. El crecimiento del evangelismo pentecostal en Argentina —que ya alcanza a aproximadamente el 20% de la población— ha creado comunidades de pertenencia fuertes, con sus propios códigos, sus propias narrativas de éxito y fracaso, sus propias figuras de autoridad. Estas comunidades votan, y no siempre de manera predecible.

Lo que preocupa al peronismo no es que Gebel sea candidato —no lo es— sino que su influencia moldea la manera en que millones de personas pobres y de clase media baja piensan sobre la vida, el esfuerzo, el éxito y la solidaridad. Si esa visión es incompatible con la solidaridad colectiva que predica el peronismo, entonces el peronismo tiene un problema electoral en los sectores que históricamente fueron su base.

La competencia más peligrosa para un partido político no siempre viene de otro partido. A veces viene de un predicador, un influencer, un conductor de televisión que no busca votos pero forma opiniones.

La respuesta: ética frente a marketing

La estrategia que el Grupo PRAXIS ha diseñado para enfrentar este desafío es interesante en términos políticos: no competir en el mismo terreno. No intentar ser más entretenido que Gebel ni más rupturista que Milei. Sino afirmar que el peronismo tiene algo que esas figuras no tienen: historia, raíces, una tradición de transformación real.

El argumento es el siguiente: el marketing político puede ganar una elección, pero no puede gobernar. El populismo mediático puede movilizar emociones, pero no puede construir hospitales, escuelas ni trabajo genuino. Solo un movimiento con estructura territorial real, con cuadros formados, con una doctrina coherente puede hacerlo.

Es un argumento que puede o no convencer a los votantes. Pero es, en todo caso, un argumento político serio: no apela a la emoción sino a la experiencia histórica.

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Por qué las elecciones se ganan antes de que lleguen

A casi dos años de las elecciones presidenciales de 2027, el peronismo está haciendo exactamente lo que se hace en esa etapa: sembrar. No cosechar todavía, porque es demasiado temprano. Pero preparar el suelo, regar las ideas, fortalecer las redes.

La estrategia que emerge del trabajo del Grupo PRAXIS y de la intervención del PJ en Salta tiene varios componentes que vale la pena distinguir, porque son los mismos componentes que utilizan los partidos en todo el mundo cuando intentan remontar desde una posición difícil.

El trabajo territorial: estar donde los demás no están

El primer componente es territorial. Mientras el gobierno nacional ocupa el centro del escenario con sus grandes anuncios y sus grandes polémicas, el peronismo está trabajando en los márgenes: en las universidades del norte, en los sindicatos de las economías regionales, en las comunidades indígenas de la Puna. Está escuchando problemas que el poder central no suele escuchar. Está construyendo lealtades que difícilmente se rompen con una campaña publicitaria.

La formación ideológica: dar palabras a lo que se siente

El segundo componente es ideológico. Los conversatorios no son solo eventos de cohesión interna. Son laboratorios de lenguaje: espacios donde se producen las frases, los conceptos, los argumentos que luego circularán en la campaña. Cuando un militante explica en una asamblea por qué la explotación del litio debe hacerse en beneficio de los salteños y no de las empresas multinacionales, no está improvisando. Está reproduciendo un discurso que fue construido con cuidado en esos espacios de formación.

La alianza de sectores: sumar sin perder

El tercer componente es la construcción de alianzas. Un partido que llega solo a una elección llega débil. El peronismo 2027 está intentando construir lo que sus dirigentes llaman un frente amplio: una coalición que incluya al kirchnerismo, a los sindicatos, a los movimientos sociales, a sectores medios progresistas, y quizás también a algunos sectores de centroizquierda que hoy no se identifican con el peronismo pero comparten algunos valores.

La figura de Francisco sirve aquí también: es un nombre que trasciende las fronteras internas del movimiento y que puede funcionar como paraguas bajo el cual se reúnen sectores que de otra manera no se hablarían.

La política es, en el fondo, el arte de hacer que gente muy diferente marche en la misma dirección al menos durante el tiempo suficiente para ganar una elección.

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Más allá del peronismo y de Salta

Este relato sobre el peronismo salteño, Francisco y las elecciones de 2027 puede leerse de muchas maneras. Como crónica de la política argentina. Como análisis de un movimiento en crisis que busca reinventarse. Como estudio de caso sobre el rol de la religión en la política contemporánea.

Pero hay una lectura más general que vale la pena subrayar: lo que vemos aquí son los mecanismos universales mediante los cuales los partidos políticos construyen poder. Mecanismos que no son exclusivos del peronismo ni de la Argentina, sino que se repiten, con variaciones culturales y contextuales, en prácticamente todos los sistemas democráticos.

Los símbolos que legitiman. El territorio que ancla. La memoria que orienta. Los cuadros que sostienen. Las alianzas que suman. La narrativa que da sentido a todo lo anterior. Estos son los ladrillos con los que se construye el poder político en democracia.

Entenderlos no implica estar de acuerdo con quienes los utilizan. Implica algo más valioso: poder reconocerlos cuando aparecen, poder hacer preguntas informadas sobre qué está ocurriendo detrás de los discursos y los actos, poder ser ciudadanos más lúcidos en el momento en que más importa serlo: cuando llega el momento de votar.

La democracia funciona mejor cuando los ciudadanos entienden no solo qué les prometen los partidos, sino cómo construyen esas promesas. Este ensayo fue escrito con esa convicción.

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Salta, Argentina — Abril de 2026