sábado, 7 de febrero de 2026

Reconstruir el Tiempo: Memoria, Territorio y Refundación del Peronismo Salteño

Un ensayo sobre la rearticulación del Partido Justicialista en Salta

Por Fernando Pequeño Ragone, asistido por NotebookLM y Clude AI [1] [2]


Escribo estas líneas desde un lugar de compromiso y urgencia histórica. Como creador del Ateneo Miguel Ragone en el Partido Justicialista de Salta, he dedicado estos años a tejer vínculos con numerosos grupos y compañeros que compartimos una convicción profunda: es necesario refundar nuestro partido en clave popular, inclusiva y desarrollista. Esta no es una empresa romántica ni nostálgica; es una necesidad política concreta frente a lo que percibimos como una entrega sistemática de nuestra provincia —y de nuestro país— a un modelo neoliberal y ultraconservador que nos resulta ajeno y profundamente injusto.

Lo que aquí relato no es producto de la especulación de escritorio, sino de conversaciones estratégicas sostenidas en bares, en el territorio, en comisarías que visito como miembro del Consejo Consultivo del Comité de Prevención de la Tortura, y en campos donde trabajo como productor agropecuario. Mi doble condición —referente político y trabajador del sector productivo— me ha permitido observar desde múltiples ángulos la crisis institucional que atraviesa Salta y el peronismo que la habita.

  

Sintesis uno.

Contenidos:

LaReestructuración del Partido Justicialista: Sanear para Reconstruir

Diagnósticodel Escenario Político Provincial y Nacional: Entre el Vacío y la Polarización

EstrategiaTerritorial y Sector Agropecuario: El Poder Está en el Interior

Justiciay Derechos Humanos: Sembrar en Terreno Hostil

Género,Diversidad Sexo-Afectiva y Rearticulación: El Peronismo Que Falta

ElCamino a Seguir: sobre el Presente y Proyección del Futuro

 

 Síntesis dos. 


La Reestructuración del Partido Justicialista: Sanear para Reconstruir

El diagnóstico es claro y doloroso: el Partido Justicialista en Salta es hoy una estructura desarticulada que requiere una intervención técnica y política profunda si pretendemos volver a ser una opción de poder en un plazo razonable. No hablo de dos décadas; hablo de dos años. Pero para eso debemos atravesar un proceso quirúrgico que muchos temen y otros directamente resisten.

En conversaciones recientes con conductores de primera línea de la gestión pre-Sáenz, hemos consensuado algunos criterios básicos. El primero y más importante: la intervención del partido no puede quedar en manos de quienes fueron candidatos recientemente. Eso incluye figuras destacadas. La razón es técnica y política: evitar interpretaciones sesgadas que pongan en duda la legitimidad del proceso. Necesitamos figuras de diálogo, con perfiles jurídicos sólidos y legitimidad territorial. Pensamos en nombres del norte y el este provincial, empresarios y políticos con arraigo real, personas que puedan "trazar la cancha" desde una legalidad renovada.

El objetivo de esta intervención no puede ser —y esto es crucial— la normalización inmediata para entregarle el partido nuevamente a la actual gestión provincial. Ese sería el error definitivo, la repetición mecánica de una tragedia que ya conocemos. La meta es otra: depurar, fortalecer la base, y plantar una alternativa que madure después del ciclo electoral actual.

Cuando uno hurga en las finanzas partidarias, encuentra datos escalofriantes. El PJ mantiene gastos operativos de aproximadamente veinte millones de pesos mensuales. ¿De dónde salen? De aportes que, en muchos casos, provienen del propio gobierno provincial a través de mecanismos paritarios. Pero aquí surge una contradicción perversa: funcionarios con cargos políticos, con aspiraciones de autoridad dentro del partido, no realizan los aportes que les corresponden como afiliados. Es preciso plantear la intimación a todos los afiliados con cargos para regularizar esta situación. No se trata de una cuestión contable; se trata de recuperar la mística del socio que paga su cuota, del militante que sostiene su herramienta política con independencia y dignidad.

La reforma de la Carta Orgánica se nos presenta como indispensable. Abrir y modificar ese documento fundacional es dotar a la institución de legitimidad renovada. Pero también sabemos que es un proceso complejo, que debe realizarse tras depurar el congreso partidario. No podemos convocar a un congreso contaminado por operadores funcionales al oficialismo provincial y pretender que de allí salga una carta democrática. Primero hay que limpiar la casa; después, remodelarla.

 

Diagnóstico del Escenario Político Provincial y Nacional: Entre el Vacío y la Polarización

La provincia de Salta vive hoy bajo una gestión que realiza todos los méritos posibles para pertenecer a La Libertad Avanza. No es una hipérbole: es la mejor expresión del neoliberalismo en el noroeste argentino. Visto desde esa lógica, el gobierno provincial es exitoso. El problema es que nosotros vibramos en otro lugar, aspiramos a otro modelo de provincia. Esta diferencia no es meramente estética o discursiva; es una diferencia civilizatoria.

La gestión actual se apoya estratégicamente en el rechazo a administraciones anteriores, pero carece de una posición ideológica sólida más allá del pragmatismo adaptativo al poder nacional. Es un espejo provincial de lo que ocurre en la Casa Rosada, donde el presidente representa la expresión máxima de un neoliberalismo que, aunque exitoso en sus propios términos, nos resulta opuesto al país que queremos construir.

A nivel nacional, el dilema es también dramático. El kirchnerismo, aunque mantiene un piso electoral importante —especialmente en Buenos Aires—, es probable que frente a la polarización y la victoria cultural de las derechas globalizadas, no pueda hacer frente de manera exitosa frente al modelo neoliberal global en una contienda electoral presidencial. Es necesario, pero no es suficiente. No digo esto con ánimo de polémica sino como constatación dolorosa. Para reconstruir una alternativa competitiva, debemos salir de ese callejón sin salida. El mundo no puede limitarse a ser kirchnerismo versus antikirchnerismo, porque esa dicotomía ya nos condena de antemano. Es necesario recuperar y cuidar el modelo kirchnerista, y continuar avanzando en una síntesis que re incorpore a los que se fueron y sobre todo, a los veinteañeros.

No se trata de negar tradiciones ni de renegar de compañeros, sino de ampliar el horizonte y recuperar la capacidad de convocatoria que el peronismo tuvo en sus mejores momentos históricos.

En el plano provincial, la relación que me conecta con figuras históricas del Partido y del peronismo en Salta es ambivalente. Hay dirigentes con gran inserción territorial en el norte, con capacidad de movilización real, pero cuyo rol en campañas anteriores fue, en mi lectura, funcional al gobierno provincial. La separación de bloques en momentos críticos, la conformación de frentes electorales que terminan por romper la unidad del PJ, son operaciones que benefician siempre al poder de turno. El desafío es integrar sin subordinarse, sumar sin claudicar.

Las dirigencias históricas —esos compañeros que fueron protagonistas de gestiones pasadas— deben ser reconocidas, acompañadas, invitadas a aportar su mística. Pero también deben comprender que el protagonismo debe pasar a nuevas generaciones. No se trata de un relevo cruel sino de una transición orgánica, donde la experiencia ilumine sin obturar el camino de quienes vienen detrás.

 

Estrategia Territorial y Sector Agropecuario: El Poder Está en el Interior

Si hay algo que he aprendido como productor agropecuario es que el poder real en Salta no se concentra únicamente en la capital. Está disperso en el territorio, en los campos, en las empresas agroindustriales del norte, en los pequeños productores que sostienen con su trabajo cotidiano la economía regional. Mi estrategia política pasa, necesariamente, por insertarme en ese mundo.

Ayer acompañé al Comité de Prevención de la Tortura a visitar una comisaría en una localidad del sur este provincial. Mi interés, sin embargo, no se limitó a lo institucional: aproveché el viaje para vincularme con actores políticos locales y con los "chiquitos", esos productores que tienen entre tres mil y cinco mil hectáreas y manejan equipos de peones; y aún más pequeñitos a nivel casi de las economías informales. Ahí está la base social que necesitamos reconstruir.

Hay una diferencia conceptual que marco siempre: el pensamiento de los gerentes de las grandes empresas agroexportadoras es distinto al mío. Ellos piensan en volumen, en exportación, en eficiencia macroeconómica. Yo pienso en los chiquitos, en los tipos que tienen sus campos y sus peones, que pagan pequeños salarios y que son la columna vertebral del interior productivo. Ahí está la diferencia entre un modelo extractivista y un modelo de desarrollo con inclusión.

He identificado empresas clave en la zona: algunas son un soporte importante, con gerentes que entienden la necesidad de articulación territorial. Otras tienen un perfil más cerrado, más profesionalizado en el mal sentido, donde todo es protocolo y distancia. La tarea es vincular a ambos mundos: las grandes empresas con los pequeños productores, generando sinergias que fortalezcan el entramado productivo regional.

En términos geográficos, hay localidades donde observo un potencial de recambio generacional. En algunas ciudades del norte hay dirigentes de segunda línea, una generación intermedia de concejales y jóvenes políticos que están "dando vueltas", esperando su momento. Son dos o tres nombres en cada municipio que vale la pena cultivar. En otras localidades, como Saravia, he conocido productores con apellidos tradicionales de la zona, con inquietudes políticas genuinas, que podrían servir de nexo. Ahí también está la semilla de una dirigencia renovada.

 

Justicia y Derechos Humanos: Sembrar en Terreno Hostil

La cultura judicial en el interior de Salta es, para decirlo suavemente, problemática. Tras el contacto con jueces de la zona, he llegado a una conclusión inquietante: existe una naturalización de las deficiencias del sistema por parte de los propios operadores judiciales. Los jueces han naturalizado la precariedad institucional, la falta de recursos. Y esa naturalización es parte del problema.

No podemos pretender cambiar esta situación desde la confrontación directa. El análisis que hago es más sutil: hay que "sembrar" nuevas perspectivas en estos actores, hay que mostrarles otras formas posibles de ejercer la función judicial. Es un trabajo hormiga, de largo aliento, pero indispensable si queremos que el sistema de justicia deje de ser un obstáculo para la transformación social.

El Consejo Consultivo del Comité de Prevención de la Tortura me ha dado una plataforma invaluable para esta tarea. Las visitas a comisarías, los contactos con fiscales, con defensores, con jueces de paz, me permiten ir mapeando el territorio judicial y generando vínculos que después pueden traducirse en cambios concretos. No es política tradicional; es construcción institucional desde los márgenes.

También estoy trabajando en un proyecto editorial que revisa los cambios políticos en Salta en un años que considero coyuntural: el 2006, porque marca un punto de inflexión en nuestra historia reciente de los últimos veinte años. Por estos días busco un candidato/a para escribir el prólogo bajo el marco conceptual de la justicia transicional. ¿Qué pasó en 2006? ¿Por qué ese año marca un quiebre? ¿Qué gestión estaba en curso y qué transformaciones se operaron después? Estas preguntas no son académicas; son preguntas políticas con consecuencias en el presente.

 

Género, Diversidad Sexo-Afectiva y Rearticulación: El Peronismo Que Falta

Hay una dimensión que muchos compañeros del partido todavía resisten reconocer, pero que es central para cualquier proyecto de refundación: la cuestión del género y la diversidad sexo-afectiva. No se trata de un agregado cosmético ni de una concesión a la "agenda progresista"; se trata de entender que el peronismo, desde sus orígenes, fue un movimiento de inclusión radical, y que esa inclusión debe actualizarse a nuestro tiempo.

Actualmente trabajo sobre un libro que considero fundamental para este debate: "Cumbia, Copeteo y Lágrimas", de Lohana Berkins. Es un material editado por esta referente histórica de la lucha trans en Argentina, y su valor radica en que plantea la relación entre la política y la subjetividad íntima. Sus proposiciones tienen que circular. Porque ahí está una clave que no podemos ignorar: la política atraviesa los cuerpos, las identidades, los deseos. Y un peronismo que no comprenda esto será siempre un peronismo incompleto.

En nuestras conversaciones estratégicas, este tema aparece de manera lateral pero insistente. No porque sea prioritario en la agenda electoral inmediata, sino porque forma parte de una concepción más amplia de lo que debe ser un modelo salteño popular e inclusivo. Inclusivo de verdad, no de palabra. Inclusivo de las mujeres que históricamente han sido relegadas a roles secundarios en la estructura partidaria. Inclusivo de las diversidades que el conservadurismo provincial ha intentado borrar o invisibilizar.

El modelo ultraconservador que hoy gobierna Salta —y que se expresa también a nivel nacional— tiene una agenda clara en este sentido: retroceso en derechos conquistados, invisibilización de las disidencias, reforzamiento de estructuras patriarcales. Nuestra respuesta no puede ser tibia. Debe ser contundente y clara: defendemos la igualdad, la diversidad, la libertad de los cuerpos y las identidades. Y lo hacemos no como una concesión táctica sino como una convicción estratégica.

 

El Camino a Seguir: sobre el Presente y Proyección del Futuro

Reconstruir el peronismo en Salta no es una tarea electoral. Es una batalla por la legitimidad institucional y por la recuperación de una herramienta de expresión política frente a un modelo que percibimos como ajeno y antipopular. Esta batalla tiene varios frentes simultáneos, y todos deben ser atendidos con rigor.

Primero, el frente institucional: intervenir el partido con criterios técnicos, sanear las finanzas, reformar la carta orgánica, depurar el congreso partidario. Sin una estructura sana, no hay construcción política posible. Esto requiere consensos, diálogo con todas las líneas internas, y una cuota de pragmatismo que no sacrifique principios pero que reconozca correlaciones de fuerza.

Segundo, el frente territorial: insertarnos en el sector productivo del interior, vincular grandes empresas con pequeños productores, articular con ONGs y organizaciones gremiales, identificar y cultivar dirigentes de la generación intermedia. El poder está en el territorio, no en los despachos de la capital. Y el territorio es complejo, contradictorio, lleno de matices que solo se perciben cuando uno lo recorre con humildad y atención.

Tercero, el frente judicial e institucional: trabajar con el Comité de Prevención de la Tortura, sembrar nuevas perspectivas en operadores judiciales, documentar las deficiencias del sistema y proponer alternativas. Este es un trabajo silencioso, poco vistoso, pero de largo alcance. Las instituciones no se transforman con declaraciones; se transforman con presencia sostenida y propuestas concretas.

Cuarto, el frente cultural y de memoria: recuperar materiales bibliográficos que iluminen nuestro presente, escribir sobre los puntos de inflexión históricos, construir un relato que no sea nostálgico sino proyectivo. La historia no es un museo; es un arsenal de herramientas para el presente. Por eso me interesa tanto el año 2006, por eso busco ese libro sobre política y subjetividad, por eso insisto en que debemos entender de dónde venimos para saber adónde vamos.

Quinto, el frente de la inclusión y la diversidad: incorporar la perspectiva de género y diversidad sexo-afectiva como parte constitutiva del proyecto político, no como un agregado. Esto implica lugares de decisión para mujeres, reconocimiento de las disidencias, políticas públicas concretas. Un peronismo popular en el siglo XXI no puede ser patriarcal, no puede ser excluyente, no puede ser conservador.

El horizonte temporal que manejamos es acotado pero realista: dos años para tener una estructura competitiva, para haber reconstruido la base militante, para contar con dirigentes territoriales con legitimidad. No hablamos de ganar la próxima elección; hablamos de estar en condiciones de disputarla con dignidad y con propuesta. Porque la alternativa no va a salir de la nada. Hay que construirla, ladrillo por ladrillo, conversación por conversación, vínculo por vínculo.

A nivel nacional, el desafío es aún mayor: construir una opción que trascienda la dicotomía kirchnerismo-antikirchnerismo, que recupere la tradición justicialista sin quedar atrapada en ella, que dialogue con las nuevas generaciones sin perder la memoria histórica. Salta es un campo aparte, pero no tiene un enclave nacional sustentable si no se conecta con estas construcciones más amplias.

Me mueve una urgencia que es histórica y personal al mismo tiempo. Como creador del Ateneo Miguel Ragone, siento que llevamos el nombre de alguien que fue asesinado por defender sus convicciones. Esa memoria nos obliga. No podemos traicionar ese legado con mediocridades, con cálculos mezquinos, con entregas disfrazadas de pragmatismo. Miguel Ragone murió por un proyecto de provincia justa, inclusiva, soberana. Nosotros estamos vivos, y tenemos la responsabilidad de intentar hacer realidad ese proyecto.

Cuando converso en bares con conductores de primera línea de la gestión pre-Sáenz, cuando visito comisarías en el interior, cuando me reúno con productores agropecuarios o con vacunadores del SENASA, cuando escribo sobre justicia transicional o busco libros perdidos sobre política y subjetividad, todo eso es parte de una misma tarea: reconstruir el tiempo. Recuperar el tiempo perdido, proyectar el tiempo futuro, habitar el tiempo presente con densidad y compromiso.

No sé si lo lograremos. Sé que debemos intentarlo. Porque el modelo neoliberal y ultraconservador que hoy gobierna Salta y el país no es inevitable. Es una opción política, y como toda opción política puede ser disputada, resistida, transformada. Pero eso requiere organización, requiere ideas, requiere valentía. Requiere, sobre todo, un Partido que vuelva a ser herramienta y no obstáculo.

Estas palabras mías son, entonces, una declaración de intenciones y un mapa de ruta. Un documento de situación y un programa de acción. Una mirada crítica sobre el presente y una apuesta esperanzada sobre el futuro. Lo escribo desde mi doble condición de militante político y productor agropecuario, desde mi trabajo en el Consejo Consultivo del Comité de Prevención de la Tortura y mi compromiso con el Ateneo Miguel Ragone, desde mi experiencia territorial y mis lecturas teóricas.

El peronismo salteño está en crisis. Pero las crisis son también oportunidades. Y nosotros estamos decididos a aprovechar esta oportunidad para refundar un movimiento que vuelva a representar los intereses populares, que vuelva a incluir a todos los excluidos, que vuelva a proponer un modelo de desarrollo con justicia social. No es una tarea fácil. Nunca lo fue. Pero es la única tarea que vale la pena.

El tiempo apremia. El territorio espera. La historia juzgará. Nosotros, mientras tanto, seguimos trabajando.

 

 



[1] Orden (Claude): Construye un ensayo extenso con el texto que te adjunto. Encuentra un título ligado al eje temporal y la rearticulación del PJ. Narra en primera persona, siendo Fernando Pequeño Ragone el narrador. Introduce la mención que se trata del creador el Ateneo Miguel Ragone en el Partido Justicialista de Salta, vinculado a muchos grupos del partido que buscan su refundación en un modelo salteño popular, inclusivo y desarrollista pero en contra de la entrega neoliberal y ultraconservadora de la conducción actual de la provincia de Salta y del país. Elimina cualquier otro nombre propio. Reemplaza las menciones a interlocutores directos como “conductores de primeras líneas de la gestión pre-Sáenz”. Recupera cada una de las subdimensiones respecto a las dimensiones de “Reestructuración del Partido Justicialista (PJ)”; “Diagnóstico del Escenario Político Provincial y Nacional”; “Estrategia Territorial y Sector Agropecuario”; “Justicia y Derechos Humanos”. Mención especial para la dimensión del género, la diversidad sexo afectiva y la rearticulación. Concluye con una meritación del camino a seguir.

[2] Orden (NotebookLM): Introduce y cierra con la mención a que Fernando Pequeño Ragone es creador del Ateneo Miguel Ragone en el ámbito del Partido Justicialista de Salta, como continuidad del primer Ateneo Miguel Ragone creado por el ex senador Marcelo López Arias en la transición democrática de 1983, en Salta. En esta oportunidad habla desde ese espacio en el contexto de la política concreta de un sector del Partido Justicialista de Salta que intenta re articularse en un modelo popular, abierto y participativo.

martes, 3 de febrero de 2026

La Encrucijada del Peronismo Salteño: Mi Apuesta por la Refundación Territorial

 

Por Fernando Pequeño Ragone, asistido con NotebookLM y Claude IA[1]
3 de febrero de 2026, estudio del Canal en Av Paraguay

 

Incluye el diálogo desarrollado frente a las cámaras por el panel de invitados, con la conducción de Natalia Nieto y una chica que la secunda, que se encuentra a las espaldas de los invitados, quienes están sentados en un arco en sillas contiguas, a la punta de las cuales se siente la conductora.

 Síntesis uno

Introducción: El Diagnóstico de una Crisis que Vivimos

Aquella noche de febrero de 2026 en el estudio de la Avenida Paraguay no fue para mí un programa de televisión más. Cuando acepté la invitación de Coco Conde a asistir a compartir con compañeros peronistas en el programa conducido por Natalia Otero para participar en "Ruta 34 TV", sabía que no iba a encontrarme con un debate académico ni con una mesa de análisis convencional. Iba a enfrentarme a algo más visceral, más doloroso: el lamento organizado de mi propia generación, que ve cómo nuestro proyecto político histórico se desintegra entre la cooptación del poder provincial y la perplejidad ante un mundo que ya no habla nuestro idioma.

Me senté en ese semicírculo de sillas junto a compañeros con quienes compartimos décadas de militancia, derrotas y pequeñas victorias. Y mientras las cámaras se encendían, supe que tenía que elegir entre tres caminos posibles: refugiarme en la nostalgia como algunos hacen, caer en el cinismo transaccional que reduce todo a arreglos de poder, o intentar algo más difícil: trazar un puente entre el diagnóstico estructural y la propuesta operativa. Elegí lo último, aunque sabía que me exponía a críticas desde todos los flancos.

Intenté que mi discurso revelara las tensiones fundamentales de un movimiento político que busca refundarse mientras el terreno mismo sobre el que intenta pararse se deshace bajo sus pies. No podemos darnos el lujo de esperar a que el terreno se estabilice. O construimos mientras todo tiembla, o nos hundimos definitivamente.

 Síntesis dos

El Contexto Nacional: Un Peronismo que Perdió el Rumbo

Para entender por qué hablé como lo hice esa noche, necesito situarles en el momento histórico que estamos viviendo. El peronismo argentino de 2026 atraviesa la crisis de identidad más severa que he visto en mis años de militancia, y llevo dos décadas en esto. La derrota electoral frente al proyecto libertario de Milei no fue simplemente perder una elección. Fue una derrota cultural de proporciones que todavía nos cuesta dimensionar.

Lo que triunfó no fue solo un gobierno distinto. Fue un relato que vacía de contenido las nociones mismas que nos sostuvieron durante décadas. La justicia social se convirtió en "curro", la soberanía económica en "estatismo ineficiente", la organización popular en "piqueterismo subsidiado". Nosotros, los peronistas, acostumbrados durante años a disputar el sentido común desde posiciones de poder o al menos de influencia, nos encontramos de pronto en una posición defensiva para la cual no estábamos preparados.

Durante el programa lo dije con todas las letras: las extremas derechas globalizadas han tenido éxito en degradar la política, y lo más doloroso es que han dificultado el diálogo incluso dentro de nuestras propias familias. Yo mismo no puedo hablar con mis sobrinos sobre política sin que me repitan consignas libertarias como si fueran verdades reveladas. Esto no es un problema comunicacional menor que se resuelva con mejores hashtags o videos de TikTok. Es la evidencia de una derrota en la batalla por el sentido, esa dimensión simbólica donde los proyectos políticos conquistan o pierden legitimidad antes incluso de disputar votos.

Y lo más amargo es reconocer que parte de esta derrota es responsabilidad nuestra. Dejamos de hablar el idioma de las nuevas generaciones. Nos quedamos repitiendo fórmulas que ya no conmueven a nadie. Mientras el mundo cambiaba, nosotros seguíamos en 1983.

Mi Propuesta: La Reforma Institucional como Punto de Partida

En medio de ese panorama de perplejidad generalizada, yo intenté posicionarme de manera distinta. No soy el nostálgico que evoca épocas doradas que probablemente nunca fueron tan doradas como las recordamos. Tampoco soy el cínico que reduce la política a "todo se arregla con plata", aunque sé perfectamente que el dinero mueve muchas cosas en política. Me asumí esa noche, y me asumo ahora, como alguien que cree que en la estructura jurídico-organizativa del partido está el nudo que debemos cortar si queremos que cualquier renovación sea posible.

Mi tesis es clara y la mantendré hasta el cansancio: sin una reforma de la Carta Orgánica del Partido Justicialista, cualquier intento de renovación será cosmético y efímero. Lo dije en el programa y lo repito ahora: "Para eso hay que reformar la carta orgánica, porque es la herramienta".

Esto me diferencia de quienes piensan que basta con encontrar un líder carismático o con elaborar un discurso más seductor para las redes. No. El problema es estructural. El peronismo salteño ha sido secuestrado por una burocracia que responde al gobernador de turno antes que a las bases militantes. Y mientras eso no cambie, mientras las reglas del juego interno favorezcan a los aparatos sobre la militancia genuina, estaremos condenados a repetir el ciclo: llegar al gobierno como "carne de cañón" para después ser traicionados.

Porque de eso se trata, y lo dije sin eufemismos en el programa: los legisladores que fueron electos en listas del peronismo votan sistemáticamente a favor de las iniciativas del gobernador Sáenz, incluyendo aquellas que contradicen los intereses populares que supuestamente representamos. Esta subordinación no es el resultado de acuerdos programáticos transparentes, sino de una lógica clientelar donde el acceso a recursos y cargos depende de la obediencia al ejecutivo provincial.

La Carta Orgánica define quién tiene voz en el partido, quién decide, cómo se eligen autoridades, cómo se resuelven conflictos internos. En otras palabras, determina si el partido es un instrumento de poder popular o una maquinaria de legitimación del poder de turno. Yo apuesto por lo primero, y sé que es una batalla cuesta arriba.

 

La Inversión Territorial: Mi Sueño del Interior al Centro

El segundo eje de mi propuesta es igualmente disruptivo, y lo sé: el peronismo debe rearticularse "desde el interior de Salta para la capital". Cuando lo dije en el programa, vi algunas miradas escépticas. Pero mantengo cada palabra.

Esta inversión territorial no es meramente geográfica; es una inversión de las jerarquías de poder y legitimidad que han caracterizado al partido en las últimas décadas. Yo sueño con el PJ de Miguel Ragone, donde había un "50 y 50": un equilibrio entre el trabajador urbano y el productor rural, entre la capital y el interior, entre la militancia sindical y la comunidad territorial. Ese equilibrio se rompió hace tiempo, y la capital concentra ahora no solo el poder de decisión sino también la definición misma de qué es el peronismo.

Mi propuesta de invertir esta lógica tiene implicaciones profundas que asumo completamente. Significa reconocer que en los municipios del interior, en las comunidades rurales, en los pequeños productores, sobreviven prácticas y valores del peronismo histórico que en la capital han sido erosionados por la lógica clientelar y la captura del partido por el aparato provincial. Es en esos territorios donde la justicia social no es un eslogan de campaña sino una demanda concreta, donde la organización comunitaria no responde a directivas partidarias sino a necesidades reales.

Uno de los compañeros con quien compartí el panel esa noche, un "humilde muchachito de campo" como él mismo se define, reforzó esta perspectiva desde su experiencia en La Caldera. Su reclamo fue directo: "¿Por qué no revivimos el Partido Justicialista? Armemos un proyecto político creíble para competir". Y yo le di forma técnica a ese deseo: no podemos construir ese proyecto creíble desde las cúpulas burocráticas de la capital. Debe emerger de los territorios donde el peronismo todavía significa algo más que una sigla electoral.

La inversión territorial que propongo implica también una inversión de los tiempos políticos. No podemos seguir esperando a que Buenos Aires nos envíe interventores que no entienden nada de Salta, que vienen solo a "almorzar como diputados" y llevarse recursos sin construir nada. No podemos seguir aguardando que el gobernador de turno nos otorgue permisos para reorganizarnos. El interior salteño debe tomar la iniciativa, construir sus propias estructuras, definir sus propios liderazgos y presentar a la capital un proyecto consolidado, no una súplica de reconocimiento.

 

La Denuncia que No Puedo Callar: Salta Entregada a la Minería

El tercer eje de mi intervención aquella noche conectaba la crisis partidaria con algo más grave todavía: la crisis de soberanía económica de nuestra provincia. Cuando el gobernador Sáenz transformó el Ministerio de Producción en "Ministerio de Minería y Producción", quedó claro cuáles son sus prioridades. Y yo lo dije sin rodeos: está "entregado de pies y manos" a intereses extranjeros —chinos, coreanos, japoneses— por "una suntuosa milanesa".

Sé que esa expresión puede sonar dura, incluso grosera. Pero es exactamente lo que está pasando. Salta está siendo saqueada por capitales transnacionales que se llevan recursos no renovables a cambio de regalías irrisorias y sin ningún control efectivo sobre lo que extraen. Y lo peor es que el peronismo provincial es cómplice de esto.

Durante el programa, otro compañero profundizó este análisis: "Sobre la ley 24.196 de recursos mineros, los muchachos ni la interesan o la desconocen. ¿Quién controla lo que se llevan de boca de pozo? Con la sanción del RIGI se acabó todo". Tiene razón. El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones implementado por el gobierno nacional libertario profundiza aún más la desregulación extractivista, otorgando a las corporaciones mineras privilegios fiscales, cambiarios y ambientales que ningún gobierno provincial puede cuestionar.

Yo conecto esta política extractivista con la crisis del peronismo de una manera que es tanto analítica como moral. El peronismo histórico nació como un proyecto de defensa de la soberanía económica nacional frente a las oligarquías exportadoras y los capitales extranjeros. Las nacionalizaciones de Perón —ferrocarriles, teléfonos, energía— eran la traducción política de un principio: los recursos estratégicos deben estar al servicio del desarrollo nacional, no del lucro transnacional.

Que el peronismo salteño sea hoy incapaz de cuestionar eficazmente el saqueo minero, que nuestros legisladores voten sistemáticamente a favor de los proyectos del gobernador sin ejercer control alguno, es para mí una traición más profunda que la mera táctica electoral. Es la traición del proyecto histórico mismo, la conversión del peronismo en una maquinaria de legitimación del extractivismo.

Por eso reformulé la pregunta durante el programa: "Me importa qué va a pasar con el PJ, porque ese acuerdo va a repercutir ahí. No quiero que el PJ vuelva a ser carne de cañón para llegar y después traicionar". Respecto a Salta, el negocio de la minería es el tema central. Se reformuló el Ministerio de Producción a "Minería y Producción" porque ese es el verdadero proyecto. Es un negocio de pocos donde algunos se enriquecen por el "vuelto", no por la minería en sí.

Y valoré explícitamente la libertad de prensa del canal para poder denunciar esto. Porque Salta está siendo "regalada" por un canon minero irrisorio frente a modelos como el de Chile o Bolivia. Esta comparación no es casual: incluso gobiernos que difícilmente podrían caracterizarse como progresistas han logrado imponer condiciones más dignas a las corporaciones mineras. Que Salta no lo haga no es resultado de imposibilidad técnica sino de voluntad política. O mejor dicho, de falta de voluntad política.

Mi Diálogo con Otros Compañeros: Complementos y Tensiones

Esa noche en el estudio no estaba solo, y eso fue importante. Cada compañero aportó algo desde su lugar, aunque no siempre estuvimos de acuerdo en todo.

Hubo quien describía la política como un ámbito puramente transaccional donde "todo se arregla con plata". Y miren, yo no soy ingenuo: sé perfectamente que el dinero mueve muchas cosas en política. Estuve veinte años en estos andares y entiendo cómo funciona el poder. Pero intenté elevar el debate hacia la reconstrucción de un "peronismo popular y de centro" que trascienda el mero intercambio monetario. Hay valores, proyectos, horizontes de sentido que no se agotan en la negociación presupuestaria. Si perdemos eso, perdemos todo.

El "Maestro", como le decimos con respeto, aportó la profundidad estructural que a veces falta en mi análisis. Su referencia al RIGI, a la oligarquía financiera mundial, a los mecanismos de control económico global, sitúa la crisis salteña en un marco más amplio. Él explicó por qué el sistema global produce estos resultados, y yo intenté complementar eso identificando cómo se manifiestan concretamente en nuestra provincia y qué herramientas institucionales específicas podríamos usar para enfrentarlos.

El compañero de La Caldera aportó la identidad territorial y el llamado a un "proyecto creíble" desde su experiencia concreta de construcción comunitaria en el interior. Su legitimidad no viene de la teoría política sino de la práctica diaria. Yo intenté darle forma técnica a ese deseo intuitivo: la reforma estatutaria como paso previo a cualquier candidatura, la rearticulación desde los territorios como condición de posibilidad de un proyecto genuinamente popular.

Pero hubo una voz que me incomodó, y tengo que reconocerlo honestamente: una compañera denunció que existe "un grupo de compañeros que se reúnen en un café, pero no permiten que una mujer pensante sea parte de esto. Son todos hipócritas". Esa denuncia me dolió porque tiene razón. La crisis del peronismo salteño no es solo de estructura organizativa o de modelo económico, es también de representación democrática interna.

Si aspiramos a ser un movimiento popular en el siglo XXI, no podemos reproducir en nuestro interior las exclusiones de género que caracterizaron al siglo XX. La refundación institucional que propongo será incompleta si no incorpora una democratización efectiva de los espacios de poder partidario. Un partido que excluye sistemáticamente a las mujeres de las decisiones estratégicas no puede pretender ser representativo de la sociedad salteña contemporánea. Esto lo digo con autocrítica, porque yo mismo he sido parte de esas mesas donde las compañeras no tenían voz.

La Confesión Más Dura: Perdimos la Batalla Cultural

Uno de los momentos más difíciles para mí durante el programa fue cuando tuve que reconocer algo que nos duele a todos pero que pocos dicen en voz alta: hemos perdido la batalla de comunicación con las nuevas generaciones. Lo dije sin anestesia: "Las extremas derechas globalizadas han tenido éxito degradando la política", y nosotros hemos "perdido la batalla" de los nuevos lenguajes.

Esta confesión rompe con el autoengaño habitual de los dirigentes políticos en crisis, que suelen atribuir sus derrotas exclusivamente a factores externos: el poder de los medios, la manipulación de las corporaciones, la ignorancia del pueblo. Yo reconozco que hay algo que nosotros no estamos haciendo bien, una dimensión comunicacional y cultural donde hemos sido derrotados.

Mencioné el ejemplo del "formato Lali para Evita". No se trata de frivolizar la política, sino de reconocer que cada época requiere lenguajes y formatos propios para transmitir ideas políticas. Eva Perón fue efectiva en su tiempo porque dominaba los códigos comunicacionales de la radio, el acto público, la oratoria directa. ¿Cuál es nuestro equivalente contemporáneo? ¿Cómo construimos militancia política en la era de TikTok, Instagram, los podcasts?

El peronismo salteño está hablando un idioma que las nuevas generaciones ya no entienden o no les interesa. No se trata solo de usar redes sociales —eso lo hace cualquiera—, sino de comprender las estructuras de sentimiento, las formas de sociabilidad, las expectativas vitales de quienes han crecido en un mundo completamente diferente al nuestro.

Lo viví en carne propia y lo compartí en el programa: la imposibilidad de dialogar con mis propios sobrinos sobre política sin chocar con un muro de incomprensión o rechazo. Esta grieta generacional no es un problema menor que se resuelva con mejores estrategias de marketing político. Es el síntoma de una transformación cultural profunda donde los marcos de referencia compartidos se han quebrado.

Las juventudes de hoy han sido socializadas en un mundo donde el Estado es percibido como ineficiente y corrupto por definición, donde el individualismo emprendedor es valorado por sobre la organización colectiva, donde la desconfianza hacia la política es la postura por defecto. El peronismo, que nació como un movimiento de masas con fuerte impronta juvenil, nos encontramos hoy con que los jóvenes son el sector más refractario a nuestro mensaje.

No tengo soluciones mágicas para este problema, y no voy a fingir que las tengo. Pero mi reconocimiento honesto es un primer paso necesario. Cualquier proceso de refundación del peronismo salteño que ignore esta dimensión cultural y generacional estará condenado al fracaso, por más que logremos modificar estructuras orgánicas o elaborar plataformas programáticas impecables.

Mi Ruptura con el Poder Provincial: Una Decisión Consciente

Uno de los aspectos más significativos de mi posicionamiento esa noche fue mi tajante distanciamiento del poder provincial encarnado en Gustavo Sáenz. Esta ruptura no es coyuntural ni táctica; es conceptual y política, y la asumo con todas sus consecuencias.

Califiqué la relación de los legisladores peronistas con el gobernador como una "traición al mandato popular", y no uso esa palabra a la ligera. Los legisladores que fueron electos en nuestras listas votan sistemáticamente a favor de las iniciativas del gobernador, incluyendo aquellas que contradicen los intereses populares que supuestamente representamos. Esta subordinación no es el resultado de acuerdos programáticos o alianzas transparentes, sino de una lógica clientelar donde el acceso a recursos y cargos depende de la obediencia al ejecutivo provincial.

Caracterizo el modelo de Sáenz como "un capitalismo extremo donde ya gobierna la Libertad Avanza a través de sus ideas". Esta afirmación es fuerte pero la sostengo: antes incluso de que el gobierno nacional libertario impusiera sus políticas en todo el país, Salta ya estaba aplicando un modelo extractivista, desregulador, ajeno a cualquier consideración de justicia social o soberanía económica.

Lo que considero imperdonable es la complicidad del peronismo provincial con este modelo. No se trata simplemente de que perdamos elecciones o quedemos en minoría; se trata de que prestamos nuestras estructuras, nuestras bases sociales, nuestra legitimidad histórica para sostener un proyecto político que contradice todo lo que decimos representar.

Esta distancia que marco respecto del poder provincial es una condición necesaria para cualquier proyecto de refundación peronista, y lo tengo claro. No puede haber renovación genuina si el partido sigue subordinado a la lógica del gobierno de turno. La autonomía partidaria, la capacidad de decir "no" al poder cuando este contradice los intereses populares, es lo que diferencia a un movimiento político de una maquinaria electoral.

Sé perfectamente que esta posición me costará políticamente. Sé que me cerrará puertas, que me quedará más difícil acceder a recursos, que seré tildado de díscolo o conflictivo. Pero prefiero eso a seguir siendo cómplice de una entrega que va contra todo lo que creo y todo lo que el peronismo históricamente representó.

 

Mi Apuesta: Entre lo Instituido y lo Instituyente

Intento siempre ejercitar mi capacidad de distinguir entre "lo instituido" y "lo instituyente". Aunque yo no lo pienso en esos términos académicos cuando estoy en la trinchera política.

Lo instituido es el peronismo salteño tal como existe hoy: una estructura burocrática, un partido "alquilado" al poder provincial, un aparato electoral que se activa cada dos años pero que carece de vida política genuina entre elecciones. Un sistema donde las PASO han sido eliminadas, donde el voto electrónico lo percibimos como "todo cocinado", donde los espacios de deliberación y decisión colectiva se han vaciado de contenido.

Lo instituyente es aquello que pugna por emerger: la necesidad de un mensaje que llegue a las bases y a los jóvenes, la reforma de la carta orgánica para devolverle centralidad al peronismo, la rearticulación desde los territorios, la construcción de liderazgos naturales que no dependan de la habilitación del poder provincial. Es el deseo, la potencia, la energía política que busca nuevas formas de organización y expresión.

Yo me posiciono conscientemente en la tensión entre ambos polos. Reconozco la fuerza de lo instituido —no soy un ingenuo que crea que basta con buena voluntad para transformar estructuras consolidadas de décadas—, pero identifico también las grietas, las contradicciones, los espacios donde lo instituyente puede abrirse paso.

La reforma de la Carta Orgánica es precisamente esto: usar una herramienta de lo instituido (la normativa partidaria) para abrir espacio a lo instituyente (nuevas formas de participación y decisión). No se trata de destruir toda estructura sino de modificar aquellas reglas que impiden la renovación. Es una estrategia que podría llamarse de "refundación institucional": transformar desde adentro usando los mecanismos formales disponibles.

Pero reconozco también la paradoja que enfrento, y que el análisis identificó con claridad: "la voluntad de rearticular un PJ popular choca con un sistema electoral que yo mismo percibo como 'cocinado' y un vacío de comunicación con la juventud que amenaza la sostenibilidad de mi proyecto".

¿Cómo refundar institucionalmente un partido cuando las instituciones mismas están capturadas? ¿Cómo construir un proyecto popular cuando los canales de comunicación con el pueblo, especialmente con las nuevas generaciones, están bloqueados o son ineficaces?

Esta paradoja no tiene resolución fácil y no pretendo tenerla. Mi propuesta es, lo reconozco, una apuesta: creo que es posible abrir espacios de transformación incluso en condiciones adversas, que la crisis misma del peronismo genera oportunidades que no existirían en tiempos de estabilidad, que la acumulación de contradicciones del modelo provincial puede generar las condiciones para una ruptura.

Puede que esté equivocado. Puede que sea demasiado optimista. Pero prefiero intentarlo y fracasar que quedarme en la melancolía contemplativa esperando que alguien más resuelva los problemas.

 

Mi Lucha contra la Melancolía

Voy a terminar diciéndolo con brutalidad: el Partido Justicialista en Salta atraviesa una crisis de identidad y representatividad, donde lo instituido asfixia cualquier intento instituyente de renovación, dejando a los sujetos en un estado de melancolía política o crítica periférica.

Es duro, pero es preciso. La melancolía política es el estado anímico de quien sabe que algo valioso se ha perdido pero no logra elaborar el duelo ni construir un proyecto nuevo. Es la nostalgia paralizante por un pasado idealizado —el peronismo de Perón, de Ragone, del 83— que funciona como refugio ante un presente incomprensible y un futuro incierto.

Esa noche en el estudio vi esa melancolía en varios compañeros. Nos referíamos constantemente a lo que el peronismo fue, a los valores que encarnaba, a la sociedad más igualitaria que ayudamos a construir. Pero cuando se trataba de pensar el futuro, cuando se trataba de imaginar cómo el peronismo puede ser relevante para las generaciones que no vivieron esa época dorada, el discurso se volvía vacilante o directamente se refugiaba en fórmulas abstractas.

Yo intento escapar de esa melancolía mediante la propuesta institucional concreta. No me limito a lamentar la pérdida, sino que identifico herramientas específicas para la reconstrucción. Pero reconozco que incluso mi discurso contiene elementos melancólicos: la invocación del "PJ de Miguel Ragone" como modelo a recuperar, la referencia al "50 y 50" peronista, la añoranza de una época donde el diálogo intergeneracional era posible.

La pregunta crucial que me hago cada noche es si puedo, si podemos, pasar de la melancolía a la refundación. Esto requiere algo más que reforma institucional o recuperación de valores históricos. Requiere una reinvención radical del peronismo como proyecto político para el siglo XXI, una que mantenga nuestros principios fundacionales de justicia social, soberanía económica y democratización política, pero que los traduzca a un lenguaje y a prácticas organizativas que tengan sentido para las sociedades contemporáneas.

No sé si lo lograremos. Hay días en que estoy convencido de que es posible, y días en que me invade la duda. Pero lo que tengo claro es que no puedo quedarme quieto viendo cómo el peronismo se convierte en una reliquia de museo o en una maquinaria subordinada al poder de turno.

 

Lo Local, lo Nacional y lo Global: Mi Comprensión de las Escalas

Una de las cosas que intento hacer en mi análisis político es entender cómo se entrecruzan permanentemente la dimensión local salteña, la nacional argentina y la global. Esta imbricación no es accidental: refleja cómo la política contemporánea ya no puede pensarse en escalas separadas.

Mi denuncia sobre la minería en Salta no puede entenderse sin referencia al RIGI nacional, que a su vez responde a una lógica global de financiarización y extractivismo. La crisis del peronismo salteño no puede separarse de la crisis del peronismo nacional, que a su vez está inserta en una crisis más amplia de los proyectos populares y progresistas en América Latina. Mi imposibilidad de dialogar con las juventudes salteñas replica un fenómeno que se observa en todo el continente, donde el auge de las nuevas derechas ha capturado la imaginación política de sectores jóvenes.

Mi propuesta de rearticular el peronismo "desde el interior para la capital" no es provincianismo ingenuo; es el reconocimiento de que en lo local pueden sobrevivir o regenerarse valores y prácticas que en las escalas más amplias han sido destruidos. Los territorios funcionan como reservorios de resistencia, como espacios donde la lógica global del capital no ha penetrado completamente y donde persisten formas de sociabilidad y economía más solidarias.

Al mismo tiempo, no caigo en el localismo desconectado de los procesos nacionales y globales. En mi análisis sobre el RIGI, sobre la política del gobierno nacional, sobre la influencia de capitales transnacionales, intento hacer evidente cómo lo local está atravesado permanentemente por determinaciones que vienen de escalas superiores. La refundación del peronismo salteño no puede hacerse en aislamiento; debe articularse con procesos similares en otras provincias y debe tener la capacidad de incidir en la política nacional.

Esta tensión entre escalas es una de las complejidades fundamentales de la política contemporánea. Un algoritmo de TikTok diseñado en China influye en cómo los jóvenes salteños piensan la política. Una decisión del FMI sobre Argentina condiciona qué proyectos mineros se aprueban en Salta. Una narrativa libertaria que se origina en modismos estadounidenses se reproduce en el discurso del gobernador provincial.

Entender esto no me paraliza, sino que me ayuda a identificar mejor dónde podemos incidir y dónde nuestras posibilidades son más limitadas. No puedo cambiar los algoritmos globales, pero sí puedo trabajar para construir espacios de pensamiento crítico donde los jóvenes aprendan a cuestionar lo que ven en sus pantallas. No puedo impedir que el FMI condicione al país, pero sí puedo denunciar cómo el gobernador provincial usa esos condicionamientos como excusa para políticas que son decisión propia.

 

Conclusión: Mi Apuesta ante el Espejo

Aquella noche de febrero en "Ruta 34 TV" funcionó como un espejo donde el peronismo salteño se miró a sí mismo sin demasiadas ilusiones. Lo que vimos no fue reconfortante: un movimiento político en crisis profunda, con estructuras anquilosadas, distanciado de las nuevas generaciones, cómplice de un modelo extractivista que contradice nuestros principios históricos, incapaz de articular un proyecto alternativo convincente.

Yo intenté aportar elementos para pensar una posible salida. Mi insistencia en la reforma institucional como condición necesaria para cualquier renovación, mi propuesta de inversión territorial que ponga al interior como motor de la rearticulación partidaria, mi denuncia sin ambigüedades del extractivismo minero y de la complicidad del peronismo provincial con ese modelo, constituyen mis aportes al debate sobre nuestro futuro.

Pero reconozco las limitaciones y tensiones irresueltas de mi propuesta. La reforma institucional es necesaria pero no suficiente. La rearticulación territorial es valiosa pero no resuelve por sí sola el problema de la comunicación con las nuevas generaciones. La denuncia del extractivismo es correcta pero no se traduce automáticamente en una propuesta económica alternativa viable. Mi distancia del poder provincial es principista pero puede condenarnos a la marginalidad política durante años.

Lo que quedó claro esa noche es que estamos ante una encrucijada histórica. Podemos seguir el camino de la melancolía, refugiándonos en la evocación de glorias pasadas mientras nos volvemos cada vez más irrelevantes. Podemos optar por el cinismo, aceptando nuestro rol de maquinaria electoral subordinada al poder de turno a cambio de mantener algunas cuotas de poder sectorial. O podemos intentar la vía más difícil y arriesgada: la refundación genuina como movimiento popular para el siglo XXI.

Yo elijo la tercera opción, aunque sea la más difícil. Esta opción requiere mucho más que buena voluntad o propuestas técnicas inteligentes. Requiere una transformación cultural del propio peronismo, una capacidad de autocrítica radical, una disposición a aprender de las nuevas generaciones en lugar de pretender simplemente enseñarles, una creatividad política para inventar formas organizativas que combinen la democracia participativa con la eficacia operativa, una valentía para enfrentar al poder económico concentrado sabiendo que las represalias serán feroces.

Esa noche intenté demostrar, junto a otros compañeros, que en el peronismo salteño persiste la lucidez para diagnosticar la crisis y la voluntad para intentar superarla. Queda por ver si esa lucidez y esa voluntad pueden traducirse en un proyecto político efectivo que logre conectar con las mayorías populares en un contexto histórico profundamente adverso.

La historia del peronismo está llena de resurrecciones aparentemente imposibles. Quizás la nuestra en 2026 sea una más. O quizás, esta vez, la melancolía termine imponiéndose sobre la refundación.

Pero yo, Fernando Pequeño Ragone, voy a seguir apostando a la refundación. Porque si algo aprendí en dos décadas de militancia es que cuando uno deja de intentar, cuando uno se rinde a la melancolía, ya perdió definitivamente. Y yo no estoy dispuesto a perder sin dar batalla.

 



[1] Orden (Claude): Evalúa íntegramente el análisis sobre el peronismo en el documento adjunto. Enfócate en el apartado "Rearticulación Institucional y Soberanía Territorial: El Desafío de un Peronismo Popular frente a la Entrega Minera en Salta" que involucra el discurso de Fernando Pequeño en el contexto de los demás interlocutores. Construye un ensayo extenso de divulgación enfocando el momento de re articulación histórica del peronismo en Salta en el contexto nacional, y el matiz de los interlocutores. Conserva el nombre de Fernando y elimina el de otros interlocutores. Narra en primera persona.

jueves, 18 de diciembre de 2025

Salta y la Geopolítica del Despojo: La Urgencia de “Ponernos a Pensar de Nuevo”

En un contexto marcado por la avanzada de las ultraderechas y la crisis de la democracia liberal, la vida gremial en Salta se enfrenta a un espejo incómodo. Entre la advertencia de Atilio Borón sobre la parálisis de la burocracia estatal y la interpelación de Blanca Lescano a la 'unidad de chaleco', surge una certeza ineludible: para reconstruir el campo popular y resistir el despojo, no basta con marchar; primero, habrá que ponerse a pensar de nuevo.

El escenario político actual no admite lecturas superficiales. La avanzada de la ultraderecha en Argentina no es un rayo en cielo sereno, sino el resultado de procesos de desarticulación social y fallas estructurales que hoy interpelan directamente a las organizaciones populares. En Salta, este debate cobró vida recientemente en un escenario clave: el Plenario de la CGT Regional Salta, convocado de urgencia para fijar posición ante la inminente reforma laboral impulsada por el Gobierno Nacional.

El Plenario de la CGT: ¿Unidad Real o Escenografía Sindical?

El plenario, que reunió a más de 60 secretarios generales, se dio en un clima de tensión y premura, apenas 24 horas antes de una jornada de movilización. Fue en este marco donde la intervención de Blanca “Nenina” Lescano (referente de la CTA Autónoma y militante histórica de DD.HH.) marcó un punto de inflexión. Lescano no asistió para sumarse al coro de consignas hechas, sino para cuestionar la metodología de construcción de la resistencia.

Su crítica fue frontal: la unidad no puede ser un acto retórico que se agota en una conferencia de prensa o en "ponerse el chaleco" para la foto el día antes de una marcha. Para Lescano, esta "unidad de último momento" ignora el trabajo paciente de base y la necesidad de una pedagogía política que conecte la defensa del salario con la memoria histórica y la justicia social. Su llamado a las organizaciones gremiales fue claro: el sindicalismo debe abandonar su clausura corporativa y abrirse a la comunidad si pretende sobrevivir al embate actual.

La Trama de la Burocracia: La Tesis de Atilio Borón

Esta dificultad de articulación que señala Lescano encuentra un marco teórico riguroso en el análisis de Atilio Borón. El politólogo sostiene que la avanzada de las ultraderechas en Latinoamérica se apoya en una crisis de representación donde la "burocracia del Estado" ha terminado por asfixiar la participación ciudadana.

Borón advierte que el campo popular enfrenta una "batalla de sentido" que está perdiendo. La fragmentación social —donde el individuo se siente solo frente al sistema— es el caldo de cultivo para discursos que demonizan lo colectivo. Según su tesis, la burocracia estatal y sindical, al volverse estructuras rígidas y alejadas de la realidad cotidiana, han facilitado que sectores de la clase trabajadora vean en la ultraderecha una salida (aunque sea ilusoria) a su frustración. En este contexto geopolítico, Argentina es vista como una "gran isla" de recursos estratégicos (como el litio en el Norte Grande) que el poder transnacional busca capturar a través de la desarticulación de las soberanías nacionales.

La Imposibilidad de Articulación y el Reto de "Pensar de Nuevo"

La paradoja es cruel: mientras la ultraderecha avanza con una agenda clara de demolición del Estado, el campo popular en Salta y el país parece atrapado en viejas formas que ya no convocan. El escritor salteño Antonio Gutiérrez, en su reciente análisis para Página 12, llega a una conclusión que funciona como un imperativo ético: “habrá que ponerse a pensar de nuevo”.

Gutiérrez interpela la parálisis y la resignación. Si las estructuras tradicionales (gremios, partidos, movimientos) no logran frenar el despojo, es porque las herramientas anteriores han quedado obsoletas frente a una derecha que "rompe todo". Pensar de nuevo significa, necesariamente, reconstruir los lazos desde abajo, allí donde la burocracia no llega y donde la necesidad aprieta.

Conclusión: Entre la Apertura y la Resistencia

La encrucijada salteña es el reflejo de una crisis global. El peso de la burocracia estatal analizado por Borón actúa como un ancla que impide la rearticulación del campo popular, dejando a las mayorías a merced de un modelo que las excluye.

La salida, sin embargo, fue esbozada en aquel plenario de la CGT por Blanca Lescano. La unidad real no nace de un acuerdo entre cúpulas, sino de una apertura radical. Como ella propuso, cada sede sindical debe transformarse en un centro de debate permanente, un espacio donde estudiantes, desocupados y trabajadores formales puedan encontrarse. Solo mediante esta nueva forma de trabajo —cotidiana, honesta y alejada de la soberbia burocrática— será posible construir una oposición sólida que no solo resista, sino que sea capaz de proponer un horizonte de vida digna frente al nihilismo de la ultraderecha.

 

Sindicato y memoria viva: la trama militante de Blanca “Nenina” Lescano en Salta y una crítica a la unidad de los trabajadores en Salta.

En Salta, el plenario convocado por la CGT Regional para debatir la reforma laboral se convirtió también en un llamado a repensar la unidad del movimiento obrero: no solo como respuesta urgente a una ley regresiva, sino como construcción cotidiana que articule sindicatos, organismos de derechos humanos y organizaciones sociales en defensa del trabajo digno, la democracia y la memoria

Ayer miércoles 17, la CGT Regional Salta convocó a un plenario de más de 60 secretarios generales de sindicatos para unificar criterios y fijar posición ante el proyecto de reforma laboral impulsado por el Gobierno nacional, apenas un día antes de la jornada de movilización. Si bien la necesidad de enfrentar las políticas destructivas es innegable, la forma y el momento en que se plantea esta "unidad" exponen una profunda crítica al accionar gremial actual, contrastando drásticamente con la propuesta de una unidad real, trabajada y sostenible.

La principal objeción a esta convocatoria es que la unidad no se trabaja, solo se declara. Todo el esfuerzo gremial de resistencia a la sanción de la ley de reforma laboral, se limitó solo a una conferencia de prensa en donde los dirigentes se "ponen la chaqueta" (o chalecos) y hablan de unidad el día antes de la movilización o del tratamiento de la ley laboral. Este acto, percibido por Blanca Lescano como pura retórica, ignora el tiempo que requiere la verdadera construcción gremial.

 

Blanca “Nenina” Lescano es una de las voces que, en Salta, enlaza de manera cotidiana el mundo gremial con la lucha por los derechos humanos. Como referente de la CTA Autónoma y militante histórica de los organismos de derechos humanos, entiende que la defensa del trabajo digno y la memoria del terrorismo de Estado forman parte de la misma pelea por una sociedad justa.

Hija de personas detenidas desaparecidas durante la última dictadura, Lescano volvió su biografía familiar una herramienta de intervención pública. Desde la Comisión de Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas, la Mesa de Derechos Humanos y la Asociación Miguel Ragone, trabaja en la señalización de sitios del terrorismo de Estado, en actividades de educación en derechos humanos y en campañas contra el negacionismo. A la vez, interviene en debates actuales, alertando que se ha “retrocedido a discusiones que creíamos cerradas” y llamando a las nuevas generaciones a comprometerse con una memoria activa.

Su participación en la CTA de Salta refuerza esa articulación entre memoria y derechos laborales. En marchas, plenarios y actos del 24 de marzo, Lescano impulsa la unidad entre sindicatos y organismos de derechos humanos, planteando que no se trata solo de recordar el pasado, sino de leer en clave presente las violencias empresarias y estatales contra trabajadores y sectores populares. Así, la agenda gremial se cruza con la agenda de memoria: la defensa del salario, las condiciones de trabajo y las libertades sindicales se piensan como parte de una misma trama de derechos humanos integrales.

En ese cruce, Blanca “Nenina” Lescano sostiene una idea-fuerza: “no queremos una memoria congelada, queremos una memoria activa”, capaz de interpelar el hoy. Esa memoria activa se expresa tanto en los juicios de lesa humanidad y en la exigencia de políticas de Estado, como en la resistencia a proyectos que amenazan con recortar derechos, criminalizar la protesta o desmantelar organismos de control. Su militancia muestra que, en Salta, el sindicalismo y los organismos de derechos humanos no son dos mundos separados, sino partes de una misma lucha por dignidad, justicia y democracia. ​

 

Unidad de chaleco o unidad de debate: interpelación desde los derechos humanos al movimiento obrero

Recuperamos a continuación las intervenciones de Lescano en su diálogo con las autoridades gremiales y los medios presentes, en la reunión en el salón de “La Bancaria” en la mañana de ayer miércoles.

“Compañeras, compañeros: venimos a este plenario de la CGT a decir algo incómodo pero necesario. No alcanza con ponerse el chaleco, subir al escenario y hablar de unidad un día antes de la movilización. Esa es una unidad de foto, de declaración, no la unidad que se construye de verdad. Hace dos años que están haciendo pedazos el país con la motosierra, destruyendo áreas enteras del Estado, dejando trabajadores en la calle, sacando comida y remedios, y recién ahora muchos gremios hablan de unidad porque se discute la ley laboral. Esa unidad es tardía, es parcial y, sobre todo, es débil si no se sostiene en debate y participación real.”

“La reforma laboral es grave, pero el problema no se agota ahí. Este gobierno llegó reivindicando el terrorismo de Estado y naturalizando un discurso de odio que deshumaniza al adversario político: se habla de ‘infrahumanos’, de ‘orcos’, de gente ‘diabólica’ o ‘maligna’ para referirse a quienes piensan distinto. Cuando se despoja de humanidad al otro, se habilita cualquier violencia. Por eso no alcanza con defender solo los derechos laborales; la discusión debe incluir la memoria del genocidio en nuestro país, el negacionismo actual, la impunidad y también el genocidio en Palestina, que es una herida abierta para toda la humanidad. Si la unidad sindical no incorpora la defensa de la dignidad humana y los derechos humanos en sentido amplio, se vuelve sectaria y miope.”

“Desde los organismos de derechos humanos venimos diciendo hace años que no queremos una memoria congelada, queremos una memoria activa como política de Estado. Esa memoria activa tiene que entrar acá, al corazón del movimiento obrero. La unidad no puede ser solo unidad de chaleco para la prensa; tiene que ser unidad de debate, de talleres, de comisiones abiertas. Hay que abrir las puertas de los gremios a estudiantes, organizaciones sociales, familias trabajadoras, como lo hizo Agustín Tosco en Luz y Fuerza, que convirtió al sindicato en una casa común donde obreros y estudiantes pensaban juntos el país antes del Cordobazo y en la CGT de los Argentinos. Tosco no construyó unidad en la víspera de una marcha, la construyó en años de discusión, de formación política, de enfrentamiento a las conducciones burocráticas y a las dictaduras.”

“Si este plenario quiere ser un punto de partida y no un acto más, propongamos una unidad que abarque todo: la defensa del trabajo digno, sí, pero también de la soberanía, de la memoria y de los derechos humanos. Hablemos del Paraná y de quién controla sus vías fluviales, de la frontera norte militarizada, de la criminalización del pueblo mapuche, de los intentos de habilitar la libertad de genocidas presos, de la represión a quienes protestan. La unidad que necesitamos es la que se construye en el tiempo, con debates incómodos, con disensos, con participación real. No se trata solo de frenar una ley; se trata de defender la humanidad frente a un proyecto de ultraderecha que quiere destruir el Estado y vaciar la democracia. Si no ponemos la memoria, la dignidad humana y los derechos humanos en el centro de la agenda sindical, nos quedamos cortos. La unidad se trabaja, se construye día a día; no nace de un chaleco, nace del debate.”

Un cierre llamando a una apertura y el trabajo cotidiano

En el cierre del encuentro, Lescano dejó planteada una idea clara: la unidad que el movimiento obrero necesita no se define en una conferencia de prensa ni en la foto de una marcha, sino en el trabajo constante y cotidiano dentro de cada gremio. La fuerza real de los sindicatos no se mide solo en la cantidad de chalecos presentes en la calle, sino en su capacidad de abrir sus puertas, sostener espacios de formación, escuchar a sus bases y debatir de manera honesta los temores, las diferencias y las estrategias comunes.

En esa perspectiva, ella propuso que el plenario fuera presentado más como un punto de partida que como una respuesta acabada. La invitación que ella dejó sobre la mesa sindical fue la de transformar cada seccional, cada sede sindical, en un ámbito de debate permanente, donde convivan la agenda laboral, la defensa de la democracia y las luchas por memoria, verdad, justicia y soberanía. La apertura hacia otros sectores –estudiantes, organizaciones territoriales, organismos de derechos humanos– tiene que dejar de ser un gesto simbólico para pensarse como condición imprescindible: la unidad capaz de resistir la destrucción del Estado y la avanzada de la ultraderecha solo puede nacer de ese trabajo paciente, diario y compartido, concluyó Lescano.

 

 

 

martes, 1 de julio de 2025

A 51 años de la muerte de Juan Perón lo recordamos hoy

El 1º de julio de 1974, la muerte de Juan Domingo Perón marcó un punto de inflexión decisivo en la política argentina, abriendo la puerta a una constante rearticulación del peronismo hacia la derecha. Tras su fallecimiento, el movimiento viró progresivamente hacia posturas conservadoras, en gran medida, por la influencia de figuras como José López Rega y el endurecimiento del gobierno de Isabel Perón, que desdibujaron el perfil popular y obrerista del peronismo histórico. Este proceso, que culminaría en la trágica dictadura cívico-militar, consolidó una vertiente del justicialismo alejada de sus orígenes más progresistas.
Sin embargo, en este panorama de derechización, destacan dos excepciones significativas: la efímera presidencia de Héctor Cámpora en la Nación y el gobierno de Miguel Ragone en Salta. Ambos, al asumir en 1973, representaron un intento de encauzar el peronismo por vías más vinculadas a la izquierda, con un fuerte apoyo de la juventud y sectores populares. Cámpora, con su lema "Cámpora al gobierno, Perón al poder", buscó una apertura democrática y una mayor participación popular, mientras que Ragone en Salta impulsó políticas de corte social y progresista. Lamentablemente, ambas experiencias fueron truncadas por la escalada de la violencia política y la consolidación de la derecha peronista, que culminó con sus respectivos derrocamientos y, en el caso de Ragone, su desaparición.

lunes, 10 de marzo de 2025

Intervención del PJ en Salta: Reorganización Política, Recuperación de Soberanía y Justicia Social

Esta noche en el PJ Salta. Y los recuerdos de cuando el "silencio dolía". 
En este encuentro con los interventores del PJ Salta, recordaba en silencio mi experiencia de alejarme de la conducción, y sentí en el aire el peso de las esperanzas truncadas y los sueños por reconstruir. Hoy, con el corazón latiendo fuerte, les digo: esta intervención no puede ser un parche más. Necesitamos abrir las puertas de par en par, escuchar las voces que laten en el interior profundo de nuestra provincia, esas que llevan décadas gritando en silencio. Y a los jóvenes, ¡oh, a los jóvenes!, darles no solo un lugar en la mesa, sino las herramientas para que dibujen el futuro que anhelan.

Esta reforma de la Carta Orgánica no es solo un trámite… es la semilla de un Partido que vuelva a latir al ritmo de la gente. Un Partido donde la democracia no sea una palabra gastada en discursos, sino un abrazo firme a la diversidad de miradas, de territorios, de generaciones. Porque solo así, con las raíces hundidas en cada pueblo y las ramas extendidas hacia el mañana, podremos sanar las heridas y renacer.

Elia Fernández, Sergio Berni, Fernando Pequeño Ragone. Sede del PJ Salta.


Expresiones de Sergio Berni y María Luz Alonso en PJ Salta


"No podemos seguir siendo un partido minoritario de decisiones que no tomamos nosotros por el el PJ es un Partido mayoritario y no podemos permitir que los que se dicen nuestros representantes levanten la mano entregando el patrimonio de todos los argentinos"...

Sergio Berni en PJ Salta


En el salón de actos de la sede del PJ Salta junto a varias decenas de militantes, tanto Sergio Berni como María Luz Alonso expresaron los motivos y objetivos de la intervención del Partido Justicialista (PJ) en Salta.

Sergio Berni enfatizó que la intervención no se debe a problemas administrativos, sino a una necesidad de reorganizar el peronismo con una visión política clara. Subrayó que el peronismo no es un partido minoritario, sino de mayoría y de poder, y que deben actuar como tal. Berni criticó la situación en la que representantes peronistas parecen apoyar decisiones que van en contra de los intereses de la nación. El propósito de la intervención es empoderar a aquellos que deseen representar los ideales peronistas y lo que hizo grande al partido y a Argentina.

Por su parte, María Luz Alonso recalcó que este no es un día de vencedores ni vencidos, sino de cumplir con una directiva del Consejo Nacional del partido. El objetivo principal es organizar y recuperar la soberanía política, la independencia económica y, fundamentalmente, la justicia social. Alonso señaló el desafío que tienen por delante en Salta y en toda Argentina, y que el éxito dependerá de su capacidad para ampliarse, unirse y enfocarse en el objetivo de recuperar la patria. Finalmente, expresó el deseo de reconstruir una Argentina donde el trabajo sea digno, las vacaciones sean accesibles, los estudiantes tengan recursos tecnológicos y los ciudadanos puedan cubrir sus necesidades básicas, recordando que los peronistas saben cómo lograrlo.


Cuando el Silencio Dolía: Una Carta Urgente al PJ Salteño 

En el corazón del Partido Justicialista (PJ) de Salta, aquel lunes, 8 de febrero de 2021, resonó una voz preocupada, la del Consejero Fernando Pequeño Ragone, a través de una carta que clamaba por atención inmediata. Su misiva no fue un mero formalismo administrativo, sino un llamado angustiado a la reflexión y al diálogo, ante lo que percibió como una deriva peligrosa para el futuro del movimiento. La urgencia que impregnó cada línea de su solicitud de reunión entre la Comisión de Acción Política (CAP) y el Consejo del partido, así como la explícita puesta a consideración de su renuncia, revelaron una profunda inquietud por el rumbo que estaba tomando la conducción partidaria.

La raíz de esta zozobra se ancló en las decisiones recientes, particularmente la del Congreso Extraordinario que confirió plena autoridad a la CAP para la conformación de las listas electorales legislativas, despojando de su tradicional lugar a las elecciones internas consagradas en la Carta Orgánica del Partido. Para Ragone, esta medida, sumada a una trayectoria previa marcada por lo que describió como una "doble conducción partidaria" y una creciente "imposibilidad de integración", amenazó con vaciar ideológicamente y despolitizar tanto a las bases como a los sectores de conducción. En sus palabras, se acrecentó un escenario donde el diálogo y la negociación de las diferencias, en beneficio de la participación libre de los afiliados en las candidaturas, se vieron cada vez más lejanos.

Sin embargo, la posibilidad de su renuncia al honorable Consejo no implicó, para Ragone, una deserción de su compromiso vital con el Partido, un lazo forjado en la búsqueda de la memoria de Miguel Ragone y fortalecido por la adhesión a los ideales del peronismo setentista: patria libre, justa y soberana, democracia, integración, desarrollo con protección ambiental y lucha contra el imperialismo. Su permanencia, o su alejamiento transitorio del Consejo, se definió en función de la posibilidad real de un diálogo fructífero que permitiera reencauzar las metas, tácticas y estrategias del partido hacia una reconstrucción abierta y plural.

En este sentido, Ragone señaló prioridades fundamentales para una reestructuración genuina: la refundación de una Carta Orgánica que garantizara la participación efectiva de los afiliados, la formación constante y la integración a través del diálogo incluso desde las diferencias. Advirtió, con un tono de preocupación palpable, que la falta de un mayor esfuerzo por el diálogo podría conducir a años de mayor concentración del poder económico y político, a la fuga de compañeros valiosos y al incremento de la exclusión de quienes pensaban diferente.

Finalmente, su carta concluyó con un llamado emotivo a no convertirse en cómplices de un Partido que se encerró sobre sí mismo, instando a seguir trabajando por caminos alternativos, honrando la memoria de Miguel Ragone y de tantos otros compañeros. La sombra de la concentración del poder y la amenaza de un viraje hacia sectores conservadores y neoliberales proyectaron una profunda inquietud en el alma de este consejero peronista, quien prefirió alzar su voz y poner en juego su lugar antes que ser testigo silencioso de lo que consideró una traición a la esencia del partido.


sábado, 22 de febrero de 2025

Alta Región: Un Refugio Histórico para el Pensamiento Emancipador en Salta

En el corazón de Salta, donde la icónica esquina de Santa Fe y Urquiza se abre frente al Parque San Martín, se alza el bar Alta Región, un espacio que trasciende su función comercial para convertirse en un bastión de la memoria política y cultural de la región. 

Las paredes de esta casona de finales del siglo XIX resuenan con ecos de encuentros y charlas que han marcado la historia del campo popular salteño. Figuras destacadas de la política y la cultura se han dado cita en este lugar para reflexionar sobre la organización de los sectores más vulnerables, aquellos que históricamente han sido marginados y desfavorecidos por las estructuras de poder.


Alta Región no es solo un edificio antiguo; es un símbolo de resistencia y lucha. Sus veredas han sido testigos de conversaciones apasionadas sobre la emancipación frente al saqueo y la entrega de los recursos al imperialismo, un tema recurrente en la historia de América Latina. En este contexto de tradición y compromiso, un grupo de compañeros del campo popular nos reunimos recientemente, impulsados por la presentación del Frente Unión por la Patria, distrito Salta, que tuvo lugar la semana pasada. La presentación del frente fue una llamada a la acción, un recordatorio de la necesidad de unir fuerzas para enfrentar los desafíos que aquejan a la sociedad salteña.

La presentación del frente sirvió como catalizador para reflexionar sobre las dificultades y estrategias del campo popular en la elaboración de programas de gobierno, la construcción de alianzas estratégicas y la definición de prioridades temáticas para campañas políticas. Las conversaciones que siguieron a la presentación revelaron un panorama complejo, marcado por el deseo de unidad y acción conjunta, pero también por desafíos persistentes que dificultan la organización efectiva del campo popular. La heterogeneidad ideológica, la desconfianza mutua y la presión de sectores opositores son algunos de los obstáculos que enfrentamos.

La "compra" de voluntades y otras formas de corrupción representan otro desafío importante. El clientelismo político, la financiación irregular de campañas y la corrupción en la gestión de recursos públicos socavan la confianza de la población y erosionan la legitimidad de los partidos y organizaciones del campo popular. La falta de transparencia y rendición de cuentas, tanto en la gestión interna como en la relación con la ciudadanía, contribuye a perpetuar estas prácticas corruptas.

A pesar de estos desafíos, los dirigentes del campo popular en Salta expresaron su determinación de superar las dificultades y construir un frente político sólido y unido. Reconocen la importancia de establecer mecanismos de diálogo y negociación que permitan superar las diferencias ideológicas y construir consensos en torno a objetivos comunes. La transparencia y la rendición de cuentas se perciben como pilares fundamentales para recuperar la confianza de la población y combatir la corrupción.

En este contexto, Alta Región se erige como un espacio de encuentro y reflexión, un lugar donde se tejen alianzas y se diseñan estrategias para construir un futuro más justo e igualitario para Salta y para el país.