viernes, 8 de mayo de 2026

DIVERSIDAD, PERONISMO Y PODER: conversaciones sobre la Secretaría de la Diversidad en la re articulación del PJ Salta

En un bar del centro de Salta, seis referentes de la diversidad sexo-afectiva se sentaron a hablar de algo que pocas veces se discute con tanta claridad: no cómo pedirle derechos al Estado, sino cómo ser parte del Estado. La propuesta es concreta y ambiciosa: crear una Secretaría de la Diversidad dentro de la Carta Orgánica del Partido Justicialista de Salta, un espacio orgánico con representación real en la conducción partidaria, elegido por el propio movimiento.

Activistas históricas, dirigentes, un funcionario del interior provincial y un referente en salud LGBT+ pusieron sobre la mesa veinte años de lucha, memoria de traiciones y alianzas, y una convicción compartida: los derechos conquistados —matrimonio igualitario, identidad de género, cupo laboral trans— necesitan estructuras que los sostengan más allá de los gobiernos de turno.

Una conversación pequeña con potencial de cambiar la política salteña.

 

DIVERSIDAD,

PERONISMO

Y PODER

 

Una noche en el bar Alta Región

que puede cambiar la política salteña

 

Ensayo de divulgación político-social

Salta, mayo de 2026

Para militantes de la diversidad sexo-afectiva y ciudadanía interesada

 


   

 

Antes de empezar: una advertencia y una invitación

 

Este texto no es un comunicado oficial ni un documento partidario. Es un ensayo: una mirada que analiza, narra y argumenta. Está escrito para ser leído por cualquier persona —militante o no, peronista o no, parte de la comunidad LGBT+ o aliada— que quiera entender qué está pasando en la política salteña en materia de derechos de la diversidad sexo-afectiva.

La advertencia es que este texto toma partido: cree que la construcción de poder institucional por parte de la comunidad LGBT+ es algo valioso y necesario, y que el encuentro que narra merece atención. La invitación es que lo lean con espíritu crítico, lo discutan, lo desafíen, lo completen con sus propias experiencias y perspectivas.

Las y los protagonistas de esta historia son personas reales, con nombres propios, con trayectorias concretas. Los citamos porque sus palabras merecen ser escuchadas más allá del bar donde fueron dichas.

   

I. El escenario: un bar, una ciudad, un momento político

Hay conversaciones que parecen ocurrir en voz baja pero que, en realidad, están forjando el futuro. Una de esas conversaciones sucedió en el bar Alta Región de Salta, en los primeros días de mayo de 2026. Alrededor de una mesa se sentaron seis personas —activistas, dirigentes, referentes de la salud y funcionarios municipales— y pusieron sobre el mantel algo que en los ámbitos de la diversidad sexo-afectiva se discute hace décadas pero que pocas veces llega a convertirse en plan concreto: cómo dejar de pedirle al Estado y empezar a ser parte del Estado.

Salta, la ciudad del norte argentino conocida por su belleza colonial y por sus profundas desigualdades sociales, es también una ciudad con una comunidad LGBT+ organizada y con una historia de lucha que a veces no recibe el reconocimiento que merece. Las personas travestis y trans que sobrevivieron décadas de persecución policial, las lesbianas que construyeron redes de apoyo en contextos hostiles, los gays que aprendieron a negociar visibilidad e invisibilidad según las circunstancias: todas esas trayectorias confluyen, de alguna manera, en la conversación del bar Alta Región.

El momento político tampoco es cualquiera. El Partido Justicialista de Salta atraviesa un período de intervención —una crisis de conducción que, paradójicamente, abre una ventana de oportunidad histórica para quienes quieran reformar sus estructuras desde adentro. A nivel nacional, el avance de discursos de derecha radical desde 2023 ha colocado en el centro del debate la posibilidad de revertir conquistas históricas. El matrimonio igualitario, la ley de identidad de género, el cupo laboral trans: logros que durante una década parecieron irreversibles, hoy son cuestionados abiertamente desde sectores del gobierno nacional. Esa amenaza actúa como catalizador: en lugar de adormecer a la comunidad, la está empujando hacia la acción política orgánica.

"El objetivo principal es diseñar una estrategia político-partidaria para lograr la creación de una Secretaría de la Diversidad dentro de la Carta Orgánica del Partido Justicialista de Salta." — Síntesis del encuentro

La pregunta central que recorre el encuentro es tan simple como radical: ¿puede la comunidad LGBT+ salteña construir poder real dentro de la estructura orgánica del Partido Justicialista, o está condenada a seguir siendo una demanda externa que los partidos atienden solo cuando les conviene electoralmente?

   

II. Las seis voces: quiénes se sentaron a la mesa

Para entender una conversación hay que conocer a quienes la protagonizan. Los seis interlocutores del bar Alta Región no son intercambiables: cada uno aporta una perspectiva específica, una trayectoria singular, un ángulo desde el cual la realidad de la diversidad sexo-afectiva en Salta se ve de manera distinta. Presentarlos no es un trámite formal sino la clave para entender por qué esa conversación importa.

Fernando Pequeño Ragone · Estrategias

Fernando Ragone es quien convoca y articula el encuentro. Vinculado a la Asociación Miguel Ragone, organización que lleva el nombre de un gobernador peronista desaparecido durante la última dictadura militar, Fernando llega a la reunión con una propuesta concreta: no una declaración de principios ni un llamado a la movilización, sino algo más parecido a un mapa de ruta.

"Lograr una estructura política que sintetice la lucha que hemos hecho desde hace 20 años y que se materialice en una Secretaría de la Diversidad del PJ." — Fernando Ragone

La distinción que Fernando establece una y otra vez durante el encuentro es clave para entender toda la conversación. Él separa dos tipos de acción política: la 'política pública', que es la que se le reclama al Estado (que el gobierno cree un programa, que la secretaría de género tenga más presupuesto, que se implementen protocolos en los hospitales), y el 'poder partidario', que es la capacidad de incidir en las decisiones internas del partido, de negociar candidaturas, de participar en la redacción de documentos programáticos, de tener voz real en los congresos y plenarios.

Esa distinción tiene implicaciones profundas. Un programa de gobierno puede crearse y disolverse por decisión de quien gobierna. Una secretaría orgánica del partido, una vez inscripta en su carta orgánica, tiene continuidad institucional más allá de los cambios de gestión. Sus autoridades son elegidas por el propio movimiento, no designadas por un dirigente externo.

Mari Robles · La memoria militante

Mari Robles llega al bar Alta Región con décadas de historia en el cuerpo. Activista histórica de la diversidad en Salta, habla desde el peso de quien estuvo en las calles cuando no había leyes que ampararan, cuando la visibilidad era en sí misma un acto de resistencia y también de riesgo real.

"Lo mío ya está concluido como activista… pero tenemos nuevas generaciones que necesitan nuestro respaldo. Yo por eso estoy acá." — Mari Robles

La frase de Mari condensa una de las funciones más importantes que puede cumplir una generación política: no aferrarse al protagonismo sino transmitir el legado. Mari sabe que las nuevas generaciones de militantes LGBT+ salteñas tienen energía y presencia, pero a veces carecen de algo que ella posee en abundancia: la memoria de quién apoyó y quién traicionó cuando las leyes se votaban, de qué dirigentes peronistas dijeron sí al matrimonio igualitario y cuáles dijeron no, de qué alianzas funcionaron y cuáles fueron simulacros electorales.

Esa memoria no es solo nostalgia: es información estratégica de primer orden. En política, saber quién es confiable tiene tanto valor como cualquier análisis de coyuntura. Mari funciona en este encuentro como repositorio vivo de esa información, y su presencia simboliza la continuidad del movimiento: la cadena que une a quienes lucharon antes con quienes luchan ahora.

Celiana Spaventa · La identidad peronista

Celiana Spaventa aporta al encuentro una mirada que muchos dentro de la comunidad LGBT+ no esperarían: la defensa explícita y argumentada de la identidad peronista como marco político legítimo —y necesario— para la lucha por la diversidad.

"Volver a los principios de la justicia social LGBT… para poder decirle al otro por qué nosotras queremos hacia adentro dar la lucha." — Celiana Spaventa

Celiana advierte sobre un riesgo que también señalan analistas del feminismo político argentino: la despolitización. Las marchas del orgullo, los posteos en redes sociales, las campañas de visibilización son necesarias, pero no alcanzan si no van acompañadas de identidad política colectiva. Sin esa identidad, la comunidad LGBT+ es fácilmente capturada como 'voto en bloque' por candidatos que usan las banderas de la diversidad sin comprometerse con ninguna agenda concreta.

La apuesta de Celiana es más ambiciosa: construir candidatos y candidatas propias que representen los intereses del colectivo en los 60 municipios de la provincia, creando presencia territorial que no dependa de la buena voluntad de los dirigentes sino de la fuerza orgánica del movimiento.

María Pía Ceballos · La crítica desde adentro

María Pía Ceballos aporta la mirada incómoda pero necesaria de quien conoce por dentro los engranajes de la gestión pública y los señala con claridad.

"Debe ser un espacio de una herramienta política partidaria… hay una diferencia con la organización social." — María Pía Ceballos

Pía denuncia lo que ella llama el 'vaciamiento' de las políticas de género en el gobierno provincial actual. No se trata de una ausencia de discurso: los gobiernos contemporáneos, incluso los más conservadores, suelen mantener alguna retórica de 'inclusión'. El problema es que esa retórica no va acompañada de presupuesto, de personal capacitado, de protocolos reales. Es política de género como ventana de vidrio, no como estructura que sostiene.

Pía también introduce una tensión interna que el movimiento debe procesar con honestidad: anticipa resistencias desde las propias estructuras de mujeres dentro del partido. Hay organizaciones de mujeres peronistas que temen que una secretaría de la diversidad implique competencia por recursos, por espacios, por representación. Esa fricción no es menor. Superarla requiere un trabajo político paciente: demostrar que la secretaría de la diversidad no compite con los espacios de las mujeres sino que los amplía, que los derechos de las personas travestis y trans no restan sino que suman a la agenda feminista más amplia.

Franchi Ramos · La voz del interior provincial

Franchi Ramos, director del área de Diversidad en la Municipalidad de Güemes, aporta algo que muchas veces falta en las conversaciones políticas que ocurren en las capitales: la perspectiva del interior. Su municipio queda fuera de la capital, en un territorio donde las realidades de la comunidad LGBT+ se viven con menos recursos y menos redes de apoyo.

"La respuesta nunca tenemos… es la Muni la que está bancando, no la provincia." — Franchi Ramos

La frase de Franchi describe una realidad estructural que atraviesa no solo la política de diversidad sino muchas áreas de la gestión pública en provincias como Salta: los municipios del interior son los que tienen contacto directo con las personas, los que deben responder cuando una persona trans busca trabajo o cuando una joven lesbiana es víctima de discriminación en su pueblo, pero son también los que tienen menos recursos y menos apoyo técnico de la provincia.

Franchi también señala algo preocupante: la juventud del interior muestra desencanto creciente con la política. Los discursos nacionales contra los derechos conquistados tienen un impacto particular en los territorios más alejados de los centros urbanos, donde la visibilización es más difícil y las redes de contención más débiles. Si la política partidaria no llega a esa juventud con propuestas concretas, el vacío lo van a llenar otros.

Joaquín López · Salud, HIV y ciudadanía integral

Joaquín López, presidente de la Asociación Trébol y referente histórico de las luchas contra el HIV en Salta, completa el cuadro conectando la política partidaria con la salud pública entendida como derecho ciudadano integral.

La historia del movimiento por los derechos de las personas con HIV en Argentina es inseparable de la historia del movimiento LGBT+. Fue en gran medida la crisis del SIDA en los años 80 y 90 la que empujó a la comunidad a organizarse políticamente, a aprender el lenguaje del Estado, a negociar con ministerios y legislaturas. Esa experiencia organizativa forjó generaciones de activistas que sabían algo fundamental: la salud no es solo una cuestión médica sino también una cuestión política. De presupuesto, de políticas públicas, de representación en los espacios donde se toman decisiones.

La presencia de Joaquín en el bar Alta Región conecta esa historia con el presente: la demanda de una Secretaría de la Diversidad en el PJ no es solo sobre identidades culturales o reconocimiento simbólico, sino también sobre salud, sobre acceso a tratamientos, sobre protocolos en hospitales, sobre la diferencia concreta entre vivir bien o vivir mal —y a veces entre vivir o morir— que puede significar tener o no tener representación política efectiva.

   

III. La propuesta: qué es una Secretaría de la Diversidad y por qué importa

La diferencia entre pedir y decidir

Para quienes no están familiarizados con la estructura interna de los partidos políticos argentinos, vale la pena explicar con claridad qué significa concretamente la propuesta central del encuentro. No porque sea complicada, sino porque es fácil subestimarla o confundirla con otras cosas.

Los partidos políticos en Argentina están organizados por sus cartas orgánicas: documentos equivalentes a constituciones internas. En esas cartas se definen los órganos de conducción (el congreso del partido, el consejo, la conducción ejecutiva), las reglas para elegir autoridades y candidatos, y también las secretarías o áreas temáticas que el partido considera prioritarias. Hay secretarías de la mujer, de la juventud, de los trabajadores, de la tercera edad. Cada secretaría tiene representación en los órganos del partido, puede presentar propuestas programáticas, y sus autoridades son reconocidas como parte de la conducción.

Lo que propone Fernando Ragone —y que los demás participantes del encuentro van construyendo colectivamente— es que el PJ Salta incluya en su carta orgánica una Secretaría de la Diversidad con exactamente esas características. No una oficina de atención al público. No un programa de gobierno que puede eliminarse con un decreto. Sino un espacio orgánico con representación real en la conducción del partido, elegido por el propio movimiento de la diversidad.

La diferencia es enorme y merece subrayarse. Un programa de gobierno puede crearse y disolverse por decisión de quien gobierna. Una secretaría partidaria, una vez inscripta en la carta orgánica, requiere de un proceso político interno para ser eliminada. Tiene continuidad institucional más allá de los cambios de gobierno. Esa permanencia es exactamente lo que durante décadas ha faltado en las políticas de diversidad: no solo que existan, sino que duren.

El camino: reforma de la Carta Orgánica

El camino para crear esa secretaría pasa por la reforma de la Carta Orgánica del PJ, un proceso que se activa en períodos de congreso partidario o durante los procesos de normalización que siguen a las intervenciones —precisamente el contexto que atraviesa el partido en este momento. Esa ventana de oportunidad no va a estar abierta para siempre.

Los participantes del encuentro son conscientes de que la reforma no ocurrirá sola. Requiere construir una masa crítica de afiliados que apoyen la propuesta, alianzas con otros sectores del partido dispuestos a incorporarla, y un trabajo territorial que extienda la base de apoyo más allá de la capital. La mención explícita de los 60 municipios de Salta no es accidental: cualquier reforma que pretenda tener peso real en el partido necesita raíces en el interior.

Los obstáculos también son reales. El peronismo tiene una cultura organizacional que tiende a la verticalidad y al liderazgo carismático. La incorporación de agendas transversales requiere negociar con esa cultura sin subordinarse a ella: saber cuándo ceder en las formas para ganar en el fondo, y cuándo plantar bandera porque la cesión implicaría vaciar el contenido de la propuesta.

"Es vital separar la demanda de política pública —pedir al Estado— de la construcción de poder partidario —negociar internamente." — Síntesis de la posición de Fernando Ragone

Federalizar la lucha: del centro al interior

Uno de los ejes estratégicos más claros que emerge del encuentro es la necesidad de federalizar la construcción del espacio. La diversidad sexo-afectiva no es un fenómeno solo de las capitales. Las personas LGBT+ viven en Güemes, en Rosario de la Frontera, en Tartagal, en Cafayate, en San Martín. Sus necesidades tienen especificidades territoriales que una secretaría centralizada en la capital no puede atender bien sin representación del interior.

Franchi Ramos encarna esa perspectiva desde su rol en la Municipalidad de Güemes: es el funcionario que está 'bancando' desde el municipio lo que la provincia no hace. Esa situación de abandono institucional no es sostenible como modelo. La secretaría del PJ, si se crea, deberá tener desde su diseño una vocación federal: representar no solo a la capital sino a todas las geografías de la diversidad salteña.

   

IV. Peronismo y diversidad: una historia compleja

Ni todo bueno ni todo malo: el recorrido

La relación entre el peronismo y los derechos de la diversidad sexo-afectiva en Argentina no puede reducirse a ninguno de sus extremos. Ni el entusiasmo incondicional ni el rechazo categórico hacen justicia a una historia que está llena de matices, contradicciones y aprendizajes.

El matrimonio igualitario fue aprobado en 2010 bajo un gobierno peronista —el de Cristina Fernández de Kirchner— y con el voto mayoritario del bloque legislativo kirchnerista. La ley de identidad de género también, en 2012. El cupo laboral trans encontró eco significativo en legisladores del espacio peronista. Pero también es cierto que dentro del peronismo hubo y hay sectores que votaron en contra de esas leyes, que sostienen posiciones conservadoras en materia de género y familia, y que usan el lenguaje de la diversidad de manera instrumental, sin comprometerse con ninguna agenda concreta.

Esa tensión interna es exactamente el territorio donde se mueven los referentes del bar Alta Región. No pretenden ignorarla ni resolverla mágicamente: pretenden trabajar dentro de ella para empujar al partido hacia posiciones más coherentes con los principios de justicia social que el peronismo histórico proclama. Como señaló Dora Barrancos, historiadora argentina del feminismo, los movimientos de mujeres y diversidades lograron avances sostenibles en Argentina precisamente cuando combinaron la presión callejera con la inserción institucional. Esa es la apuesta del bar Alta Región.

La memoria de las leyes como capital político

La Argentina tiene una historia legislativa en materia de derechos LGBT+ que es referencia en América Latina y en el mundo. La Ley 26.618 de Matrimonio Igualitario (2010), la Ley 26.743 de Identidad de Género (2012) y la Ley 27.636 de Cupo Laboral Trans (2021) representan décadas de activismo convertidas en norma. Pero también representan algo más: prueban que cuando el movimiento tiene aliados políticos concretos dentro de los partidos, puede ganar.

Los referentes del encuentro son conscientes de esa historia. Mari Robles la lleva incorporada; Celiana Spaventa la menciona como argumento para la identidad política; Fernando Ragone la usa como evidencia de que el peronismo puede ser —y ha sido— un vehículo real de transformación. El Plan de Ciudadanía LGBT de la Federación Argentina LGBT, que establece propuestas concretas en materia de antidiscriminación, educación sexual integral y protocolos institucionales en los tres niveles del Estado, es el horizonte programático que guía la propuesta.

Pero también hay una memoria de traiciones. Mari Robles sabe exactamente quiénes votaron en contra de la ley de matrimonio igualitario. Esa memoria no es rencor: es brújula. Sirve para no repetir alianzas que fracasaron, para no cederle espacios a dirigentes que usaron la bandera arcoíris solo en campaña electoral.

Las masculinidades en la política: el obstáculo que no siempre se nombra

Uno de los temas que recorre el encuentro de manera transversal —a veces de manera explícita, otras implícita— es el de las culturas políticas patriarcales. El sistema político argentino, como el de la mayoría de los países de América Latina, está atravesado por prácticas que tienden a reproducir estructuras de poder masculinas y heteronormativas, incluso dentro de movimientos que se reivindican progresistas.

Como han analizado investigadores de las masculinidades en contextos latinoamericanos, esas estructuras no operan solo a través de discursos explícitamente machistas, sino como prácticas cotidianas: la forma en que se toman decisiones, cómo se distribuyen los espacios, quién habla y quién escucha en una reunión, quién es considerado 'dirigente' y quién es visto como 'activista de causa'. La secretaría propuesta puede chocar con esas prácticas no porque nadie la rechace frontalmente, sino porque la cultura organizacional tiende a marginar lo que percibe como 'diferente'.

Por eso la propuesta del bar Alta Región no es solo un reclamo de inclusión sino también un desafío a la cultura política dominante: una apuesta por formas de hacer política que reconozcan a las diversidades no como algo a 'tolerar' sino como parte constitutiva del movimiento.

   

V. Para quien no milita: por qué esto te importa igual

Quizás llegaste a leer este ensayo sin ser militante de ningún partido. Quizás sos parte de la comunidad LGBT+ pero nunca te viste en la política partidaria, que te parece lejana, aburrida o directamente traicionera. Quizás sos aliada de la diversidad pero no entendés por qué importa que haya o no una secretaría dentro del PJ Salta. Vale la pena entonces conectar todo esto con la vida cotidiana.

Cuando una persona travesti quiere acceder al cupo laboral trans en Salta, necesita que alguien en el gobierno provincial implemente esa ley, que alguien en el municipio la conozca y la aplique, que existan protocolos para situaciones de discriminación. Esas cosas no suceden solas: suceden cuando hay personas comprometidas con esa agenda en los lugares donde se toman decisiones.

Cuando una joven lesbiana en un pueblo del interior de Salta sufre violencia en su familia, necesita que el municipio tenga algún dispositivo de atención, que la escuela tenga protocolos de Educación Sexual Integral, que alguien en el aparato del Estado local sepa qué hacer. Esas cosas no ocurren por generación espontánea: ocurren cuando hay políticas públicas respaldadas por voluntad política real y sostenida.

La voluntad política sostenida no cae del cielo. Es el resultado de años de organización, de presencia en los espacios de decisión, de negociación dentro de los partidos. El encuentro del bar Alta Región es un episodio pequeño en una historia larga. Pero es un episodio real, con personas reales que están construyendo esa voluntad desde adentro de una de las estructuras políticas más importantes de la Argentina.

No te pedimos que te afilies al PJ ni que abandones tus críticas al peronismo. Te pedimos que lo conozcas y que lo consideres: que la lucha por los derechos de la diversidad necesita ocupar todos los espacios posibles, incluyendo los más incómodos.

   

VI. Para quienes militan: lo que este encuentro nos dice

Si sos militante de la diversidad sexo-afectiva en Salta —o en cualquier provincia argentina— el encuentro del bar Alta Región te habla directamente. No como instrucción ni como modelo único, sino como espejo y como estímulo.

Te dice que hay compañeres apostando por un camino que no reemplaza al activismo callejero sino que lo completa: el de la construcción de poder partidario. Ese camino no requiere abandonar las identidades políticas previas sino llevarlas adentro del partido con toda su historia y su fuerza. No requiere olvidar las traiciones pasadas sino aprender de ellas para no repetirlas.

Te dice que la memoria de las luchas pasadas es un recurso estratégico, no un anacronismo. Mari Robles no está en ese bar por nostalgia: está porque sabe cosas que las nuevas generaciones necesitan saber para no empezar desde cero cada vez.

Te dice también que ese camino tiene obstáculos reales que no conviene subestimar: la cultura patriarcal de los partidos, las tensiones internas entre diferentes sectores del feminismo y la diversidad, la brecha entre la capital y el interior, el desencanto de las juventudes. Nombrar esos obstáculos no es pesimismo: es realismo político, condición necesaria para hacer una apuesta inteligente y duradera.

La propuesta de la Secretaría de la Diversidad en la Carta Orgánica del PJ Salta no es la única respuesta posible ni la definitiva. Es una respuesta concreta, con un horizonte claro, con actores identificados y con una ventana de oportunidad abierta por la propia crisis del partido. Aprovechar esa ventana requiere organizarse, articular el interior con la capital, sumar a quienes comparten el horizonte aunque no compartan todas las trayectorias.

La diversidad sexo-afectiva tiene mucho que ganar entrando en las estructuras. Y las estructuras tienen mucho que ganar cuando la diversidad entra.

   

VII. Conclusión: una conversación que no puede quedarse en el bar

El bar Alta Región fue el escenario de un momento político que merece ser conocido más allá de quienes participaron en él. No porque haya sido un gran acto público ni porque sus protagonistas sean figuras de alcance nacional, sino porque representa algo que la política argentina necesita urgentemente: la articulación entre el saber acumulado de décadas de activismo y la voluntad de construir poder institucional real.

Las seis personas que se sentaron alrededor de esa mesa —Fernando, Mari, Celiana, Pía, Franchi y Joaquín— representan perfiles y trayectorias distintas, pero comparten una convicción: que los derechos de la diversidad sexo-afectiva no pueden depender solo de la buena voluntad de los gobernantes de turno. Necesitan anclarse en estructuras que persistan, en representación orgánica que garantice continuidad más allá de las elecciones.

La propuesta de la Secretaría de la Diversidad en el PJ Salta es un paso en esa dirección. No el único paso, no el más fácil, pero sí uno que tiene el potencial de cambiar la política salteña —y de ser un ejemplo replicable para otras provincias donde la comunidad LGBT+ enfrenta desafíos similares.

La conversación no puede quedarse en el bar. Necesita llegar a los barrios, a los pueblos del interior, a las organizaciones de base, a las juventudes que hoy dudan de que la política partidaria sea un camino válido. Necesita ser conocida, debatida, cuestionada, enriquecida con más voces y más perspectivas. Este ensayo es un intento de contribuir a ese proceso.

 

"Volver a los principios de la justicia social LGBT… para poder decirle al otro por qué nosotras queremos hacia adentro dar la lucha." — Celiana Spaventa — bar Alta Región, mayo de 2026

   

Referencias bibliográficas y legales

Fuentes teóricas

Barrancos, D. (2007). Mujeres en la sociedad argentina: una historia de cinco siglos. Buenos Aires: Sudamericana.

Feijoó, M. del C. (2003). Políticas sociales y género. En Giberti, E. (comp.), Políticas y niñez. Buenos Aires: Losada.

Lagarde, M. (1996). Género y feminismo: desarrollo humano y democracia. Madrid: horas y HORAS.

Maffia, D. (2018). Deseo y resistencia: interseccionalidad y disputas de género en Argentina. Buenos Aires: Biblos.

Preciado, P. B. (2002). Manifiesto contrasexual. Barcelona: Anagrama.

Marcos legales

Argentina. Ley 26.618 de Matrimonio Igualitario (2010). Boletín Oficial de la República Argentina.

Argentina. Ley 26.743 de Identidad de Género (2012). Boletín Oficial de la República Argentina.

Argentina. Ley 27.636 'Diana Sacayán' de Promoción del Acceso al Empleo Formal para Personas Travestis, Transexuales y Transgénero (2021). Boletín Oficial de la República Argentina.

Documentos de política

Federación Argentina LGBT (2016). Plan de Ciudadanía LGBT: propuestas para políticas públicas nacionales, provinciales y municipales. Buenos Aires: FALGBT.

 

Este ensayo fue elaborado a partir del encuentro documentado en el bar Alta Región, Salta, mayo de 2026. Divulgación libre con atribución a las fuentes.

jueves, 7 de mayo de 2026

La palabra de la militancia en el conversatorio “El PJ como casa materna”

  

Cuando el partido dejó de escucharse a sí mismo



El militante como diagnóstico

La segunda parte del encuentro tuvo como protagonistas a los militantes presentes. Si en la primera parte la palabra la tomaron el interventor del partido, los referentes organizadores y tres panelistas con trayectoria pública, esta vez el centro de la escena lo ocuparon afiliados de base, un docente jubilado, un ex militar, referentes territoriales, un joven militante y una representante de la comunidad LGBT. Nadie habló desde un despacho. Todos lo hicieron desde la experiencia de pertenecer a un partido que, según el consenso tácito de la sala, dejó de reconocerlos.

El objetivo seguía siendo el mismo que articula todo el ciclo: diagnosticar por qué el PJ de Salta funciona como apéndice del oficialismo y trazar vías concretas de recuperación. Pero en esta parte del diálogo el diagnóstico no llegó desde el análisis político abstracto sino desde el agravio vivido: las unidades básicas vacías, las elecciones internas bloqueadas por tecnicismos estatutarios, la juventud convocada en el discurso y excluida en la práctica, el hambre en los barrios y los dirigentes circulando en camionetas 4x4.

Lo que emerge de sus voces no es queja sino teoría política formulada desde abajo. Y tiene que ser leída como tal.

 

I. La militante de base: el "aplaudidor" como categoría política


La intervención de la compañera que abrió el debate introdujo el concepto más perturbador de la sesión: la transformación de la militancia en "aplaudidores". La imagen es brutal en su precisión. Un aplaudidor no delibera, no propone, no contradice; valida. Y un partido de aplaudidores no es un partido: es una claque al servicio de quien maneja la lapicera.

La figura resuena directamente con lo que Luis Mendaña había planteado en el primer conversatorio: cuando las conducciones desconfían de los cuadros propios y los reemplazan por operadores de la gestión, el afiliado común pierde todo incentivo para participar. La compañera no citó a Mendaña, pero lo corroboró desde la experiencia propia: el vaciamiento de las unidades básicas no fue un accidente administrativo sino el resultado de una decisión de conducción que prefirió la obediencia a la deliberación.

Su propuesta fue tan clásica como urgente: volver a las veinte verdades peronistas como brújula viva y reconstruir la unidad con la clase trabajadora frente al ascenso de figuras sin formación política.

 

II. Gustavo Tilca: la proscripción que nadie llama por su nombre

El docente jubilado Gustavo Tilca aportó el argumento más técnico de la jornada. Su tesis es simple y demoledora: la Carta Orgánica del partido está diseñada para excluir. La exigencia de presentar candidatos en trece departamentos simultáneamente para poder competir internamente no es un requisito democrático; es un filtro que solo pueden superar quienes ya controlan la estructura. El afiliado común, por definición, queda fuera.

Tilca lo nombra con precisión: proscripción interna. No hay necesidad de prohibir la participación cuando los requisitos formales la hacen materialmente imposible.

Su intervención confirma desde la experiencia del afiliado raso lo que David Torrejón había demostrado con evidencia normativa en el primer encuentro: la cooptación del partido no se ejecutó mediante un golpe de conducción sino mediante la reforma silenciosa de las reglas del juego. La diferencia entre ambas miradas es de escala, no de diagnóstico. Torrejón señaló la Comisión de Acción Política como el dispositivo institucional del vaciamiento; Tilca muestra cómo ese vaciamiento se siente en la práctica: llega en forma de formulario, de plazo vencido, de requisito imposible de cumplir.

 


III. Tarcay: soberanía perdida, disciplina necesaria

La voz de Tarcay, afiliado de Rosario de Lerma con trayectoria militar, introdujo una dimensión que el debate interno suele eludir: la responsabilidad individual de los legisladores que votan en contra del mandato popular. Cuando un diputado peronista vota a favor del RIGI o del ajuste previsional, no está ejerciendo autonomía política sino cumpliendo un mandato que no proviene del pueblo que lo eligió.

Esta lectura conecta con el planteo de Guido Giacosa en la primera jornada, quien advirtió que votar esas mismas leyes en nombre del peronismo equivale a colaborar con el modelo que el movimiento históricamente resistió. Donde Giacosa hizo hincapié en la autocrítica colectiva, Tarcay enfatiza la responsabilidad individual y la consecuencia lógica que de ella se desprende: sin doctrina compartida y sin disciplina política, un movimiento no puede exigir coherencia a sus representantes porque carece de parámetro con qué medirla.

 

IV. La militante histórica y el militante de la juventud: dos caras de la misma fractura

Dos intervenciones que parecen opuestas en su horizonte temporal revelan, al leerse juntas, la misma herida.

La referente con trayectoria pública exigió el "corrimiento" de la vieja guardia. No lo formuló como insulto sino como condición estructural: mientras los mismos liderazgos que vaciaron el partido sigan ocupando el centro de la escena, la renovación es una promesa sin contenido. Su imagen más poderosa fue también la más incómoda: la ostentación de lujo —los autos 4x4— frente a un pueblo que no come. La distancia estética entre la dirigencia y la base no es un detalle de imagen; es la señal más legible del divorcio político.

Ese divorcio es exactamente el que Rubén Gutiérrez, en la apertura del ciclo, atribuyó a la pérdida de mística militante. La mística no se decreta ni se restaura con un congreso partidario: se practica cotidianamente en la coherencia entre lo que se dice y lo que se vive. La 4x4 de un dirigente que habla de justicia social no es una anécdota; es la mística al revés.

El joven militante, por su parte, denunció lo que llamó el "caracolito": el discurso recurrente sobre la juventud que lleva quince años repitiéndose sin traducirse en espacios reales de decisión. No pide reconocimiento simbólico sino lugar en la mesa. La diferencia es fundamental: el reconocimiento simbólico perpetúa la tutela; el lugar en la mesa implica ceder poder real.

Leídas juntas, ambas intervenciones describen una élite partidaria atrapada en su propia lógica de supervivencia y una base que sabe exactamente qué necesita pero carece de los mecanismos formales para imponerlo.

 

V. Marí Robles: el territorio como test de verdad

La referente de la comunidad LGBT aportó la intervención más concreta en términos territoriales. Su argumento tiene dos partes que se necesitan mutuamente: primero, que las conquistas de identidad y género son patrimonio del movimiento y deben defenderse como tal; segundo, que esa defensa es hueca si el partido no tiene presencia real en los barrios donde el hambre y el abandono son cotidianos.

La segunda parte es el test de verdad de la primera. Y conecta directamente con la advertencia de Nicolás Juárez Campos en el primer panel: la colonización no opera solo sobre los recursos naturales sino sobre la manera en que se piensa y se practica la política. Un partido que reivindica derechos en el discurso pero no aparece en el territorio cuando la gente no come está gestionando identidad en lugar de practicar justicia social —que es, precisamente, la sustitución que el ciclo de conversatorios busca revertir.

 

VI. David (MRJ) y Pablo Kosiner: reforma y legitimidad

El representante del Movimiento de Recuperación Justicialista cerró el círculo iniciado por Tilca: si la Carta Orgánica es el mecanismo de la exclusión, su reforma es la condición de la democratización. David propone eliminar la dependencia del "dedo" de la dirigencia como criterio de selección y reemplazarla por participación democrática real, abierta a quien quiera militar sin necesitar el aval de quien ya está en el poder.

Pablo Kosiner, presente también en esta segunda jornada, reafirmó su tesis del primer conversatorio: la legitimidad del partido solo se recupera mediante elecciones internas que ordenen los cuadros y otorguen representatividad real. La coherencia entre ambas posiciones es significativa: el interventor y la base militante coinciden en que el camino es la democracia interna. La diferencia es de énfasis: Kosiner habla de calendario electoral; David habla de condiciones previas sin las cuales ese calendario reproduce la desigualdad de acceso que ya existe.

 


Conclusión: dos jornadas, un mismo argumento

El mérito de esta segunda parte del conversatorio no reside en la novedad de las propuestas sino en quién las formula. Cuando un docente jubilado, una militante anónima, un ex militar y una referente LGBT dicen esencialmente lo mismo que los analistas institucionales de la semana anterior, el diagnóstico deja de ser opinión y se convierte en evidencia transversal.

Las dos partes del encuentro construyen, en conjunto, un argumento de doble entrada. La primera mostró la arquitectura de la cooptación: sus mecanismos normativos, su genealogía doctrinaria, su dimensión geopolítica. La segunda mostró cómo esa arquitectura se siente desde adentro: como burocracia imposible, como aplausos obligatorios, como juventud tutelada, como mística traicionada por la ostentación.

Juntas, las dos partes confirman que la cooptación del PJ fue posible porque las reglas formales y la cultura de la obediencia se reforzaron mutuamente durante años. Y que su reverso requiere tanto reforma estatutaria como renovación ética: no alcanza con cambiar la Carta Orgánica si los mismos liderazgos que la usaron para excluir siguen definiendo quién entra y quién queda fuera.

Lo que la militancia de base dijo en esta sala —con menos vocabulario técnico pero con mayor precisión experiencial— es que un partido que no se escucha a sí mismo no puede escuchar al pueblo. Y que esa sordera no es un defecto de origen sino una decisión que, como toda decisión política, puede revertirse.

El Peronismo Salteño ante la Dialéctica de la Cooptación. Conversatorio 1 del Ciclo

 

Soberanía Discursiva y Reconfiguración de Fuerzas

El Peronismo Salteño ante la Dialéctica de la Cooptación

Ensayo de divulgación · Conversatorio Semana 1 del Ciclo de Debate Interno PJ Salta · 7 de mayo de 2026

  


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Contenidos

Introducción:Cuando la casa necesita que la habiten

I. Pablo Kosiner: La casa de puertas abiertas

Launidad operativa como imperativo ético

Identidady proceso electoral: dos caras de la misma moneda

Lajusticia social como antídoto político y ético

II.El marco metodológico: Ragone, Torrejón y Gutiérrez abren el campo

FernandoPequeño Ragone: La genealogía como ancla

RubénGutiérrez: La mística como resistencia

DavidTorrejón (primera intervención): El debate como única salida

III.Los panelistas: Tres diagnósticos para un mismo problema

LuisMendaña: El origen burocrático de la desmovilización

GuidoGiacosa: La autocrítica como acto político

DavidTorrejón (segunda intervención): La arquitectura legal de la cooptación

NicolásJuárez Campos: La cooptación como fenómeno global

Conclusión:La coherencia de un conversatorio bien convocado

 

 

 

Introducción: Cuando la casa necesita que la habiten

El Partido Justicialista de Salta convocó el 7 de mayo de 2026 a su primer conversatorio de un ciclo de debates internos cuyo eje es tan directo como urgente: ¿cómo reconquistar la identidad doctrinaria de un movimiento que, según sus propios referentes, ha sido transformado en apéndice del oficialismo de turno? El encuentro —organizado por el Ateneo Miguel Ragone, el Movimiento de Recuperación Justicialista y el grupo PRAXIS— reunió a seis oradores con perfiles complementarios: el interventor del partido, dos referentes de la apertura y la metodología del debate, y tres panelistas con enfoques institucional, doctrinario y geopolítico respectivamente.

El objetivo declarado del panel fue doble: analizar la transformación del PJ en un "apéndice oficialista" y proponer estrategias concretas para que la militancia recupere su rol histórico como herramienta de justicia social. El presente ensayo recoge, integra y merece las intervenciones de cada orador, para concluir examinando la coherencia de la selección de voces en relación con ese objetivo.

 

I. Pablo Kosiner: La casa de puertas abiertas

El interventor del PJ salteño fue el primer orador en tomar la palabra y lo hizo desde la autoridad institucional. Su discurso se construye sobre tres pilares que, leídos en conjunto, constituyen un diagnóstico indirecto del problema que el conversatorio busca resolver.

La unidad operativa como imperativo ético

Kosiner defiende que, frente a la gravedad del contexto nacional, las "diferencias de matices" deben subordinarse a la construcción de un frente opositor sólido. No se trata de negar las tensiones internas, sino de reconocer que la parálisis generada por el conflicto faccioso fue funcional al vaciamiento del partido. Cuando afirma que lo más importante es "unirse para enfrentar el proyecto político cruel y perverso" que gobierna la Argentina, está indicando que el primer obstáculo a la recuperación es endógeno: la incapacidad de acordar prioridades colectivas.

Identidad y proceso electoral: dos caras de la misma moneda

Para el interventor, convocar elecciones internas sin haber previamente redefinido qué es el peronismo sería un ejercicio vacío. Esta tesis tiene un valor doble: reconoce que el partido perdió nitidez identitaria —condición necesaria para convertirse en apéndice— y plantea que la restauración debe ser simultáneamente institucional y doctrinaria. No alcanza con el calendario electoral; hace falta saber qué se está eligiendo defender.

La justicia social como antídoto político y ético

Citando al Papa Francisco, Kosiner rescata la justicia social como "el mejor remedio" frente a la ultraderecha. Lejos de tratarse de un recurso retórico nostálgico, la operación es política: reposicionar la justicia social como herramienta vigente implica denunciar que el Estado dejó de ser "director de un ordenamiento de equidad" y comprometer al partido a disputar esa función. Este giro le permite conectar la ética peronista con el debate electoral concreto de cara a 2027.

Kosiner abrió el espacio desde la legalidad institucional para una discusión que muchos referentes preferirían evitar. Su reconocimiento implícito de que el PJ debe "aprender a mirarse sinceramente a los ojos" es una habilitación pública al debate que los otros oradores aprovecharon para profundizar.

 

II. El marco metodológico: Ragone, Torrejón y Gutiérrez abren el campo

Los tres referentes organizadores —Fernando Pequeño Ragone, David Torrejón (en su primera intervención) y Rubén Gutiérrez— no hablaron sobre los contenidos del debate, sino sobre las condiciones para que el debate fuera posible. Construyeron juntos el encuadre epistemológico y ético del conversatorio.

Fernando Pequeño Ragone: La genealogía como ancla

El representante del Ateneo Miguel Ragone situó el encuentro en una "larga línea de tiempo" que une el nacimiento de Evita, la organización de los trabajadores y el gobierno de Miguel Ragone —primer gobernador trabajador de Salta. Esta operación de memoria no es ornamental: al recordar que el peronismo salteño tiene una tradición propia de resistencia, Pequeño ofrece a la militancia una identidad de origen que no puede ser cooptada administrativamente. Nadie puede apropiarse de ese legado mediante un decreto o una reforma de la Carta Orgánica.

Su segunda proposición, sobre el "pensamiento silencioso" que las redes sociales generan en la sociedad, introduce una hipótesis estratégica relevante: la aparente inmovilización del ciudadano no es apatía definitiva, sino acumulación de conciencia crítica que puede activarse en cualquier momento. El partido debe estar preparado para interpelar ese proceso y no solo reaccionar cuando ya es tarde.

La propuesta del debate "a calzón quitado" fue la aportación metodológica más citada de la sesión. Su valor está en transformar la cultura de la autocomplacencia partidaria en una práctica de confrontación intelectual honesta. Un partido que funciona como apéndice no tolera la crítica; Pequeño, al legitimar la disidencia interna, ataca el núcleo de ese funcionamiento.

Rubén Gutiérrez: La mística como resistencia

Gutiérrez, desde PRAXIS, complementa la lectura histórica de Pequeño con una dimensión de reconstrucción mística e intelectual. Sus tesis coinciden en el diagnóstico —el PJ se desvió de su senda histórica— pero enfatizan que la responsabilidad de la reorientación es exclusiva de la militancia: "depende de nosotros". Esta afirmación, repetida con insistencia, tiene una función política precisa: desplazar la carga de la recuperación desde las cúpulas hacia la base organizada.

Su análisis sobre el impacto de la virtualidad en la militancia es honesto: reconoce que la participación digital es una herramienta válida pero insuficiente si no está anclada en una identidad compartida. La integración del streaming y las redes debe servir para amplificar la mística, no para reemplazarla.

David Torrejón (primera intervención): El debate como única salida

En su apertura, Torrejón planteó la tesis metodológica más exigente: el debate no puede tener "miramientos". Esta propuesta implica aceptar que el diagnóstico sobre la crisis del partido puede ser incómodo para algunos de los presentes, incluidos los organizadores. La valentía de plantear la propia crítica como condición del encuentro es, en sí misma, una ruptura con la lógica del apéndice, donde la obediencia sustituye al pensamiento.

Su insistencia en que la unidad debe ser "programática" y no "declamativa" anticipa la discusión técnico-institucional que desarrollará más adelante. La unidad de palabras sin proyecto de fondo es, precisamente, el mecanismo que permitió al partido funcionar como herramienta de otros intereses.

 

III. Los panelistas: Tres diagnósticos para un mismo problema

Los tres panelistas principales representan enfoques complementarios que, juntos, construyen una anatomía completa de la cooptación del partido: su dimensión socioeconómica (Mendaña), su dimensión doctrinaria e individual (Giacosa) y su dimensión institucional y normativa (Torrejón en segunda intervención), más la proyección geopolítica (Juárez Campos).

Luis Mendaña: El origen burocrático de la desmovilización

Mendaña ofrece el análisis más descarnado sobre cómo el partido perdió su conexión con la base social. Su tesis central —que el PJ se transformó en una "estructura electoral vacía"— tiene una explicación concreta: las conducciones desconfiaron de los cuadros propios y los reemplazaron por operadores de la gestión estatal que administran pero no movilizan.

El diagnóstico sobre el "abuso de la lista única" es especialmente valioso porque nombra el mecanismo preciso del verticalismo: cuando unos pocos manejan "la lapicera", el afiliado común deja de tener incentivos para participar. La democracia interna no es un valor abstracto; es la condición material de la movilización.

Quizá la autocrítica más punzante de Mendaña es la relativa a la justicia social como eje de trabajo. El peronismo —afirma— falló en su consigna de que cada trabajador debe producir lo que consume, permitiendo que generaciones dependan de planes sociales en lugar de trabajo digno. Este desplazamiento del eje organizativo del trabajo a la gestión de la asistencia no solo fue una traición doctrinaria: fue la herramienta que el adversario político usó para ganar elecciones estigmatizando a los propios beneficiarios de las políticas peronistas.

Para la recuperación, Mendaña propone volver a las "20 verdades" peronistas no como nostalgia sino como brújula viva, y advierte que si el PJ no genera una alternativa real, el sistema producirá "otras caras" —menciona a Villarruel— dispuestas a cumplir la misma función extractiva con mayor eficacia.

Guido Giacosa: La autocrítica como acto político

Giacosa es el orador que más explícitamente asume su parte de responsabilidad en la crisis. Esa honestidad no es confesión sino estrategia: para que el partido deje de ser apéndice, cada militante debe reconocer cómo sus propias decisiones contribuyeron a esa función subordinada.

Su definición del peronismo como "herramienta de resistencia frente a la colonización" reencuadra el problema en términos históricos profundos. La cooptación oficialista no es un fenómeno nuevo ni exclusivamente salteño; es la reedición contemporánea de la condición semicolonial que el peronismo nació para combatir. Esta lectura tiene una consecuencia política inmediata: votar leyes como el RIGI o el ajuste previsional, aunque se haga en nombre del peronismo, es una colaboración con el modelo que el movimiento históricamente resistió.

Su propuesta de construir un partido "independiente de la lógica presupuestaria" ataca el nudo gordiano de la cooptación: mientras la militancia dependa económicamente de las estructuras estatales del oficialismo de turno, la independencia política es una aspiración nominal. La emancipación doctrinaria requiere, como condición previa, una emancipación material.

David Torrejón (segunda intervención): La arquitectura legal de la cooptación

La segunda intervención de Torrejón complementa perfectamente su apertura metodológica con un análisis técnico-institucional que constituye la contribución más específica del panel. Mientras los otros oradores hablan de cultura, mística o doctrina, Torrejón pone nombre y número a los mecanismos de la cooptación.

Su tesis central es que la transformación del PJ en apéndice oficialista no fue accidental sino el resultado de reformas deliberadas de la Carta Orgánica. La creación de la Comisión de Acción Política (CAP), que concentraba las facultades del Consejo y el Congreso Provincial en dieciocho personas designadas por el gobernante de turno, es el ejemplo más claro: un dispositivo normativo que vaciaba los órganos colegiados del partido y los reemplazaba por una estructura de designación vertical. La sede partidaria quedó sin comisiones temáticas, sin dinámica interna, sin razón de ser más allá del ciclo electoral.

La eliminación de la CAP en el congreso de Cafayate —celebrada como un triunfo por Torrejón— muestra que la recuperación institucional es posible cuando la militancia organizada exige la reforma de las reglas del juego. Pero la reforma estatutaria no alcanza si no va acompañada de una escuela de formación política que garantice el relevo generacional: sin cuadros formados, la democratización formal se vacía de contenido.

Nicolás Juárez Campos: La cooptación como fenómeno global

Juárez Campos eleva el análisis al plano geopolítico y cultural, situando la crisis del PJ salteño en el marco de una disputa global entre modelos de desarrollo. Su aporte más original es la categoría de "fraude semántico": el sistema utiliza el lenguaje peronista para ocultar la subordinación a intereses extranjeros. El problema no es solo que el partido haya sido cooptado institucionalmente, sino que la colonización ha penetrado hasta el vocabulario con que se piensa la política.

Su propuesta de "insubordinación ideológica" a través de la reforma educativa es, en cierta forma, la versión cultural del argumento institucional de Torrejón: así como la carta orgánica era el mecanismo normativo de la cooptación, el sistema educativo es el mecanismo cultural de la colonización mental. Juárez Campos propone recuperar a los pensadores nacionales —Jauretche, Scalabrini Ortiz— para dotar a las nuevas generaciones de un marco interpretativo propio.

Su planteo sobre la soberanía tecnológica y la inserción en los BRICS conecta la justicia social con la soberanía económica: no hay felicidad del pueblo sin grandeza de la nación, y esa grandeza hoy pasa por el desarrollo científico-tecnológico y por un realineamiento geopolítico que rompa la dependencia. Es la dimensión más prospectiva del panel y la que más deliberadamente mira hacia el horizonte de gobierno.

 

Conclusión: La coherencia de un conversatorio bien convocado

El conversatorio desarrolló una arquitectura que no es azarosa. Cada orador fue convocado para ocupar un lugar específico en la construcción del argumento colectivo, y el resultado es una anatomía completa de la cooptación partidaria y de las vías posibles de recuperación.

Pablo Kosiner abrió el espacio desde la legalidad institucional, dándole al encuentro la legitimidad del cargo sin cerrar ningún debate. Fernando Pequeño Ragone y Rubén Gutiérrez establecieron el encuadre ético-histórico y la metodología del debate honesto. David Torrejón, en su intervención inicial, formalizó las condiciones para que esa discusión fuera posible. Juntos, estos tres referentes construyeron el andamiaje para que los panelistas pudieran operar sin autocensura.

Luis Mendaña aportó el diagnóstico socioeconómico: el partido perdió su vínculo con la clase obrera porque reemplazó la organización del trabajo por la gestión de la asistencia. Guido Giacosa aportó el diagnóstico ético-doctrinario: la cooptación no es solo estructural sino también de autoestima, y su reverso requiere autocrítica personal antes que acusación externa. David Torrejón, en su segunda intervención, aportó el diagnóstico institucional-normativo: la cooptación tiene nombre en los estatutos y puede ser revertida si la militancia exige la reforma de las reglas del juego. Nicolás Juárez Campos, finalmente, aportó la dimensión geopolítica y cultural: la crisis del PJ salteño es una expresión local de una disputa global, y su resolución requiere formación de cuadros capaces de leer esa complejidad.

Estos cuatro enfoques no son intercambiables ni redundantes: se necesitan mutuamente. El diagnóstico de Mendaña sin el marco cultural de Juárez Campos queda reducido a una crítica de gestión. El argumento doctrinario de Giacosa sin el análisis normativo de Torrejón queda suspendido en la mística sin tocar las reglas que reproducen el problema. Y todos ellos sin el encuadre metodológico de los organizadores correrían el riesgo de convertirse en el tipo de debate cosmético que el encuentro precisamente buscaba evitar.

Lo que emerge de la lectura integrada de estos discursos es una hipótesis compartida: la cooptación del Partido Justicialista no fue la victoria de un adversario externo sino el resultado de un proceso interno de renuncia. Renuncia a la democracia interna, a la formación de cuadros, a la independencia de las estructuras estatales, a la centralidad de la justicia social como eje organizativo. Si la cooptación fue un proceso, la recuperación también lo es. Y ese proceso, según los seis oradores, solo puede iniciarse desde abajo: con debate honesto, reforma estatutaria, formación política e identidad doctrinaria recuperada.

El conversatorio no resolvió ninguno de estos problemas —no era ese su propósito. Su mérito fue otro: demostrar que la casa todavía puede habitarse.

 

Partido Justicialista de Salta · Ciclo de conversatorios · Semana 1 · 7 de mayo de 2026