Fernando Pequeño Ragone, referente del Ateneo Miguel
Ragone, interpela a las nuevas generaciones en esta carta abierta dirigida
a la agrupación Praxis y a toda la juventud militante de Salta. El texto
no es solo un documento institucional, sino un testimonio personal que vincula
la búsqueda de la memoria de Miguel Ragone con la necesidad urgente de
recuperar la identidad transformadora del Partido Justicialista.
A través de un diálogo honesto y territorial, se propone una
alianza estratégica que reconozca al ambiente como el próximo sujeto de
derechos humanos y a la soberanía territorial como un eje innegociable.
Pequeño Ragone convoca a los jóvenes a apropiarse de los espacios del partido
para oxigenarlo con la voz del interior y la fuerza del programa. Esta carta es
una hoja de ruta para construir, desde el barro y la memoria, un peronismo
civilizatorio capaz de enfrentar los desafíos del siglo XXI.
Hay momentos en la vida de un partido en que la dispersión
de fuerzas se vuelve tan evidente que ya no se puede disimular con un acto, un
comunicado o una foto de unidad. El peronismo salteño transita uno de esos
momentos. No es la primera vez. No será la última. Pero lo que distingue este
tiempo de otros es que la crisis no es solo organizativa ni meramente
electoral: es una crisis de identidad, de relato y de horizonte. Y cuando un
partido pierde su relato, pierde también su capacidad de convocar, de transformar,
de gobernar.
Lo que aquí se dice no nace de un despacho ni de una mesa de
conducción. Nace de un encuentro. Un encuentro real, con compañeros y
compañeras jóvenes, con la tierra pisada y las manos puestas sobre el
territorio. Nace, más precisamente, de la conversación que Fernando Pequeño
Ragone —referente del Ateneo Miguel Ragone en el PJ Salta, nieto del gobernador
desaparecido— sostiene con militantes de la agrupación universitaria Praxis,
vinculada al Movimiento de Trabajadores Excluidos y al pensamiento de Juan
Grabois, en la ciudad de Salta a fines de abril de 2026. De ese encuentro surge
la voluntad de pensar en voz alta, para otros compañeros de militancia
peronista en la provincia, qué está en juego en este proceso de rearticulación,
quiénes son los actores que lo protagonizan, cuál es la herramienta
institucional que se propone como vehículo de esa rearticulación —el Ateneo
Miguel Ragone— y qué agenda política concreta puede unir fuerzas históricamente
dispersas en torno a un mismo proyecto transformador.
Este texto está escrito en tercera persona y en tiempo
presente porque su materia no es el pasado: es lo que ocurre ahora mismo, en
este partido, en esta provincia, en este país.
El Ateneo Miguel Ragone es, según su propia definición
pública, el espacio de pensamiento, formación y elaboración doctrinaria del
Partido Justicialista de Salta. No es una agrupación electoral. No es una
lista. No es un sector de poder en el sentido convencional del término. Es,
antes que nada, un espacio que asume la responsabilidad de pensar el partido
desde adentro, con la memoria de uno de sus gobernadores más lúcidos y trágicos
como brújula.
Fernando Pequeño Ragone lo define con una honestidad que
merece ser subrayada: él llega al partido porque estaba buscando a su abuelo, y
en el partido encuentra algo más que un apellido. Encuentra una tradición, una
forma de entender la política, una concepción del Estado que no se reduce a la
administración sino que aspira a la transformación de las condiciones de vida
del pueblo. Esa trayectoria personal —la búsqueda de la figura del desaparecido
como puerta de entrada a la militancia— no es un dato biográfico menor: es la
cifra de lo que el Ateneo representa. Es el lugar donde la memoria deja de ser
duelo privado para convertirse en proyecto político colectivo.
El blog del Ateneo, que funciona desde 2011 y registra más
de quinientos documentos de producción política propia, da cuenta de la
amplitud de ese proyecto. Sus páginas albergan análisis sobre la Carta Orgánica
del PJ, efemérides del peronismo salteño, un ciclo de historia política de la
diversidad, documentos sobre reforma constitucional, posicionamientos sobre
violencia escolar, laboratorios de pensamiento político y el ambicioso Ciclo de
Conversatorios PJ Salta 2026, que se propone transitar por tres etapas
secuenciales: Identidad, Debate y Propuesta. Esta última iniciativa es, en su
formulación, una invitación explícita a las bases del partido a dejar de ser
testigos de los procesos políticos para convertirse en arquitectos de un
programa de gobierno transformador.
Uno de los núcleos conceptuales más potentes del Ateneo es
la resistencia a la memoria estética, a lo que Fernando Pequeño llama el
"vaciamiento" de los símbolos cuando se los desprende de su contenido
político. Esta advertencia es especialmente relevante en un tiempo en que el
uso ritual de la memoria histórica puede servir tanto para movilizar
conciencias como para neutralizarlas.
El Ateneo sostiene que el nombre de Miguel Ragone no es una
decoración ni un homenaje abstracto: es un programa. Un programa que nace de la
gestión concreta de un gobernador que impulsó la justicia social para los más
necesitados, que entendió la soberanía sobre los recursos naturales como
condición de la independencia económica, y que fue eliminado precisamente por
quienes no podían tolerar que esos ideales se materializaran en políticas de
Estado. La equiparación que Fernando Pequeño establece entre el caso Ragone y
el caso Güemes no es retórica: es una lectura de largo plazo sobre las élites
que en Salta han frenado históricamente los proyectos de redistribución y
soberanía, y que siguen operando —bajo nuevas formas— en el presente.
El mural inaugurado en el Colegio Secundario 5150 de Las
Palmas, en San José de los Cerrillos, en marzo de 2026, materializa esta
concepción. Su algarrobo central —árbol que ancla el sitio del secuestro de
Ragone, cuyos rastros aparecieron en ese barrio en 1976— no es un símbolo
decorativo. Sus raíces, formadas por rostros humanos, proponen una metáfora que
el Ateneo hace propia: los desaparecidos no son ausencia sino presencia
subterránea, fundamento invisible que sostiene la vida social. Del mismo tronco
emerge un colectivo en marcha, que camina hacia consignas explícitas: igualdad,
dignidad, trabajo, equidad. Son las mismas consignas que Ragone encarnó como
gobernador. Son las mismas consignas que hoy organizan la agenda del encuentro
con Praxis.
La ubicación institucional del Ateneo es central para
comprender su estrategia. No es un espacio que opera en las márgenes del
partido ni que lo impugna desde afuera. Es un ateneo político dentro del PJ,
con sello, con historia y con la voluntad explícita de disputar la conducción
del partido desde una identidad histórica sólida.
Esta decisión estratégica —la del "entrismo"
consciente, la de la colonización desde adentro— tiene una lógica que el propio
Fernando Pequeño explicita: el Partido Justicialista es la columna vertebral de
la política popular argentina, pero esa columna puede curvarse, atrofiarse o
vaciarse si no existe una fuerza interna que dispute permanentemente su
orientación. La reactivación del Ateneo es, en este sentido, una apuesta por
recuperar el partido para su base social histórica: los trabajadores, los
sectores populares, las comunidades del interior, la juventud militante.
El diagnóstico que el Ateneo y sus interlocutores de Praxis
comparten sobre el estado actual del Partido Justicialista en Salta es severo,
pero no desesperanzado. El partido está abroquelado en la capital, carece de
visión federal y ha perdido contacto con los territorios donde se libra la
verdadera batalla política: el interior profundo de la provincia, los Valles
Calchaquíes, la región de Anta, los barrios populares de las ciudades
intermedias.
Este diagnóstico no es solo una queja. Es una hoja de ruta
invertida: si el partido está anclado en la capital, hay que ir al interior. Si
el partido carece de visión federal, hay que construirla desde abajo. Si el
partido perdió contacto con el territorio, hay que recuperar ese contacto con
la presencia física, con el piso pisado, con el asado en la finca de Anta.
La intervención que Praxis apoya en el PJ —ese acto de
"abrir los portones a la fuerza" ante la clausura de los espacios de
expresión interna— es leída por ambos interlocutores no como un gesto
rupturista sino como una apuesta de recuperación. Sacar al partido de manos que
no lo representan para devolverlo a quienes sí lo hacen: esa es la formulación
que usa Rubén Gutiérrez, el referente de Praxis, con una precisión que merece
ser citada. El PJ es la columna, dice, pero el partido es quien debe conducir
siempre los procesos, y para conducir hay que estar adentro.
El contexto nacional en que se produce este encuentro no es
neutro. La caída de la imagen del gobierno de Milei —con su programa de ajuste
estructural sobre los sectores populares, el desmantelamiento de programas de
contención social y el discurso de odio que permea desde la conducción política
hacia las bases— acelera en 2026 la búsqueda de alternativas. El peronismo en
su conjunto, a nivel nacional, está en un proceso de reorganización que todavía
no ha encontrado su cauce definitivo. Las figuras que emergen —Axel Kicillof y
otras que irán apareciendo en el proceso previo a las elecciones de 2027—
necesitan una base militante que no sea un ejército de aplaudidores sino una
fuerza con identidad propia, con programa y con territorio.
En ese contexto, Salta tiene una particularidad que la
convierte en un laboratorio político de primer orden. Es una provincia donde la
disputa por los recursos naturales —el litio, el agua, el modelo minero, el
desmonte— es ya una batalla política de alta intensidad. Es una provincia donde
el extractivismo no es una abstracción académica sino una realidad concreta que
afecta las comunidades del interior, desplaza poblaciones, contamina cuencas y
captura instituciones. Y es una provincia donde el peronismo, cuando ha tenido
la valentía de plantarse frente a esos intereses, ha generado los gobernadores
más lúcidos de su historia —entre ellos, Miguel Ragone.
El Ateneo y Praxis coinciden en que la agenda ambiental es
la punta de lanza de la rearticulación política. No porque sea la única bandera
posible, sino porque es la que conecta de manera más directa la herencia
histórica del ragonismo con las urgencias del presente. El ambiente como
próximo sujeto de derechos humanos: esa formulación de Fernando Pequeño no es
una metáfora poética. Es una proposición política que pone la cuestión
ambiental en el mismo rango que la cuestión de los derechos civiles y políticos
en el siglo XX. Si el siglo XX fue el siglo de los derechos del trabajador y
del ciudadano, el siglo XXI es el siglo de los derechos de la tierra, del agua,
del aire. Y en Salta, esa batalla se libra ahora.
El encuentro entre el Ateneo y Praxis ocurre también en el
marco de una crisis de representación que no es exclusiva del peronismo ni de
Salta. Es una crisis que atraviesa al sistema político argentino en su
conjunto, agravada por el desgaste de la última gestión nacional del
kirchnerismo, la derrota de 2023 y el trauma de ver cómo sectores populares
votaron masivamente contra sus propios intereses materiales. Comprender ese
fenómeno —y no solo lamentarlo— es una de las tareas que el Ateneo se propone como
urgente.
La respuesta de Praxis a esa crisis no es retórica: es
programática. Rubén Gutiérrez lo dice con una convicción que no admite
interpretaciones ambiguas: el programa es innegociable, independientemente de
las alianzas electorales que se construyan. La integración socio-urbana, el
millón de lotes, la soberanía territorial, la vivienda como derecho: esas no
son consignas para el acto sino compromisos que estructuran la identidad de la
agrupación y que, en el encuentro con el Ateneo, se convierten en el punto de
partida para una agenda compartida.
Esta articulación entre programa histórico y programa actual
—entre el proyecto ambiental y de soberanía de Ragone y la agenda de
integración urbana y soberanía territorial de Grabois— es uno de los hallazgos
más sugestivos del encuentro. No son tradiciones separadas. Son expresiones de
un mismo impulso: el de poner los recursos, los espacios y el poder del Estado
al servicio de los que menos tienen.
Fernando Pequeño Ragone no es solo el nieto de un gobernador
desaparecido. Es el portador de una herencia que ha decidido no administrar
pasivamente sino convertir en herramienta de intervención política activa. Su
trayectoria en el partido ha estado marcada por la voluntad de instituir la
memoria de Ragone no como reliquia sino como recurso: un recurso para disputar
la conducción del partido, para articular alianzas, para abrir conversaciones
que de otro modo no se producirían.
Su rol en el encuentro con Praxis es el de un estratega que
opera con "metas cortitas": no plantea objetivos inalcanzables sino
pasos concretos, verificables, que van construyendo la arquitectura de una
alianza más amplia. El panel en la Facultad de Naturales, el ciclo de
conversatorios, el convenio de colaboración, el asado en la finca de Anta: son
todos dispositivos de vinculación que apuntan a consolidar una relación de
largo plazo entre el capital simbólico del Ateneo y el músculo militante de
Praxis.
Su proposición central sobre el ambiente como continuación
natural de los derechos humanos tiene además una dimensión universitaria
concreta: la Facultad de Naturales es un territorio en disputa contra el sector
duro de la agroexportación. Que el Ateneo quiera estar presente en ese espacio
con las remeras de Praxis es una declaración de intenciones que va más allá del
gesto estético: es la afirmación de que la política ambiental no puede hacerse
solo desde el partido sino desde la alianza entre el partido y la comunidad
académica organizada.
Rubén Gutiérrez, referente principal de Praxis en Salta,
representa una generación de militantes que no llegó al peronismo por familia
ni por tradición sino por convicción programática. Su vínculo con Juan Grabois
—referente del Movimiento de Trabajadores Excluidos y una de las voces más
lúcidas del peronismo popular en la Argentina contemporánea— le otorga un
referencial ideológico claro que no depende de la dinámica interna del PJ
salteño.
Esa autonomía programática es al mismo tiempo su fortaleza y
su complejidad. Fortaleza porque le permite negociar desde un lugar de
integridad: no está buscando un cargo ni una lista sino un espacio donde su
programa pueda desplegarse. Complejidad porque implica mantener la coherencia
interna de una agrupación que opera dentro de una estructura partidaria que no
siempre comparte sus valores ni sus métodos.
La presencia en el PJ es para Praxis no una concesión sino
una apuesta deliberada. La intervención en la estructura interna del partido
—ese acto de "abrir los portones a la fuerza"— es la forma de evitar
que el PJ quede en manos de sectores que no representan el peronismo. Y la
alianza con el Ateneo es la forma de darle a esa intervención un paraguas
institucional, una narrativa histórica y un acceso a espacios de poder que
Praxis por sí sola no transitaría con la misma fluidez.
Dos presencias del encuentro merecen una mención específica
porque amplían el horizonte de la conversación más allá de la política
partidaria estricta. Ivi Belmont, militante de Praxis y miembro del Museo de la
Universidad Nacional de Salta, aporta la dimensión cultural e institucional: la
universidad como espacio de producción de sentido y de disputa por el
conocimiento. Y la compañera que viene de San Carlos y Vaqueros, estudiante de
Humanidades vinculada a los Valles Calchaquíes, aporta la perspectiva de género
y la mirada sobre el impacto concreto del modelo minero en las comunidades del
interior.
Que ella estuvieran presentes es un acto constitutivo de lo
que el Ateneo y Praxis quieren construir juntos: un peronismo que no sea solo
masculino y capital-céntrico, sino que incorpore la voz de las mujeres, la voz
de los territorios no urbanos, la voz de quienes viven en el cuerpo las
consecuencias del extractivismo. La compañera de los Valles no habla del
impacto minero en abstracto: habla de su paisaje, de su gente, de su identidad
cultural amenazada. Ese tipo de saber no se produce en un despacho. Se produce
en el territorio.
La proposición más audaz del encuentro es también la más
estratégicamente potente: el ambiente debe ser entendido como el próximo sujeto
de derechos humanos, y como tal debe estructurar la política provincial para
los próximos veinte años. Esta formulación no es una concesión al ambientalismo
liberal ni una moda importada de las ONGs internacionales. Es la continuación
lógica de lo que el propio Ragone anticipó en su gestión: que la soberanía
sobre los recursos naturales es una condición de la soberanía política y de la
justicia social.
En la Salta de 2026, esa proposición tiene una urgencia
concreta que no necesita traducción. El modelo minero, la expansión del
agronegocio, la disputa por el litio y el agua en la Puna: todos esos procesos
están determinando las condiciones de vida de comunidades enteras que el
partido tiene la responsabilidad histórica de representar. Si el PJ no toma esa
agenda como propia —si la deja en manos del extractivismo o de una tecnocracia
verde que no tiene base popular— habrá perdido la oportunidad política más
importante de las próximas décadas en la región.
La convergencia entre la agenda ambiental del Ateneo y el
programa de Praxis no es casual ni forzada. En ambos casos, el núcleo duro de
la propuesta política es la soberanía: soberanía sobre la tierra, sobre los
recursos, sobre los espacios urbanos y rurales. La integración socio-urbana que
Praxis pone en el centro de su programa —el millón de lotes, el derecho a la
vivienda, la regularización de los barrios populares— es la expresión urbana de
la misma lógica que en el interior se traduce en resistencia al desmonte y al
extractivismo. Son dos caras de una misma moneda: la afirmación de que el
territorio no es una mercancía sino un derecho.
Esta convergencia es la que hace viable la alianza. No es
una alianza de aparatos ni de sectores que se reparten cargos: es una alianza
de proposiciones. Y las proposiciones que unen al Ateneo y a Praxis son más
fuertes que las que los separan.
El Ateneo sostiene una convicción metodológica que lo
distingue de muchos espacios de formación política: la resistencia no puede ser
solo urbana ni académica. Tiene que ser vivencial. Tiene que tener raíces que
vayan más abajo del asfalto. La invitación a los jóvenes de Praxis a conocer la
finca en Anta, a pisar el territorio, a ver con sus propios ojos los espacios
rurales que el ajuste ha dejado sin vida —escuelas cerradas, centros
comunitarios abandonados— no es una excursión de fin de semana. Es una pedagogía
del arraigo: la certeza de que no se puede defender lo que no se conoce, y no
se puede conocer lo que no se ha pisado.
Esta dimensión experiencial de la política es uno de los
aportes más genuinos del ragonismo al peronismo salteño. Miguel Ragone no fue
un gobernador de escritorio. Fue un médico que recorrió el interior, que
conoció la miseria en la cara, que entendió que la justicia social no se
decreta sino que se construye con presencia, con escucha, con el cuerpo puesto
en el lugar de los que padecen.
El encuentro no elude la tensión más delicada del momento
político: la cuestión de la unidad del peronismo. Tanto el Ateneo como Praxis
asumen que la unidad es necesaria —que el peronismo fragmentado es un peronismo
que no puede ganar ni puede gobernar— pero ambos rechazan explícitamente la
unidad como capitulación. La militancia pisando los barrios como condición de
la unidad: esa formulación de Rubén Gutiérrez es una advertencia clara contra
el tipo de unidad que se produce en las mesas de los grandes hoteles entre
dirigentes que hace años no pisan un barrio popular.
El Ateneo, desde su lugar institucional, aporta a esta
discusión el argumento de la identidad histórica. El peronismo de ley no es el
que maneja el sello sino el que honra el programa. Y el programa del
justicialismo, en su formulación más honesta, es incompatible con el ajuste,
con el extractivismo y con la lógica de concentración que domina la economía
argentina desde 2024.
Una de las iniciativas más concretas y más significativas
del Ateneo en este momento de rearticulación es el Ciclo de Conversatorios PJ
Salta 2026, diseñado bajo el lema "Hacia la Recuperación de la Justicia
Social". El ciclo propone ocho encuentros organizados en tres etapas:
Identidad, para consolidar la doctrina interna del partido; Debate, para
confrontar críticamente los modelos de gestión actuales; y Propuesta, para
proyectar una alternativa política federal, paritaria y soberana.
Este diseño no es burocrático. Es una arquitectura
pedagógica que asume que la formación política no es solo transmisión de
información sino construcción colectiva de sentido. Y que antes de discutir
candidatos y listas hay que discutir quiénes somos, qué queremos y de dónde
venimos.
La inclusión de herramientas tecnológicas —entre ellas, el
uso de inteligencia artificial para la formación militante— en el diseño del
ciclo es un dato interesante que rompe con la imagen de un ateneo puramente
retrospectivo. El Ateneo no le da la espalda al presente ni a sus instrumentos:
los incorpora al servicio de un proyecto que, por su naturaleza, mira hacia
adelante.
El compromiso de Praxis de organizar jornadas de formación
sobre el pensamiento del Papa Francisco en el partido justicialista es otro
elemento que merece atención. La teología del pueblo, la opción preferencial
por los pobres, la crítica al descarte y a la economía que mata: todos esos
elementos del pensamiento franciscano son perfectamente compatibles —en algunos
casos, directamente continuos— con el programa político que Praxis y el Ateneo
comparten. La referencia al Papa Francisco no es un gesto de piedad religiosa
sino una afirmación de que la ética de la solidaridad tiene raíces que
trascienden la coyuntura electoral y que hablan directamente a la experiencia
de los sectores populares salteños.
El análisis del encuentro entre Fernando Pequeño Ragone y
los jóvenes de Praxis revela una interdependencia que ninguno de los dos
actores oculta. El Ateneo tiene el capital simbólico del apellido, la
legitimidad de la memoria institucional, el acceso a los espacios de poder del
partido y de la universidad, y la experiencia de quien lleva años navegando las
aguas internas del PJ salteño. Lo que le falta es músculo militante: la
presencia física en los barrios, la energía de quienes no cargan todavía con el
peso de la derrota, la capacidad de movilización que solo da la juventud
organizada.
Praxis, por su parte, tiene el programa, el territorio
universitario y barrial, la combatividad de quienes todavía no han aprendido a
bajar la vista cuando el poder los mira. Lo que le falta es el paraguas
institucional que le permita desplegar ese programa dentro de la estructura del
partido sin ser absorbida ni neutralizada por sus lógicas más conservadoras.
La alianza que el encuentro propone construir no es,
entonces, la suma de dos debilidades. Es la multiplicación de dos fortalezas
que se complementan. Y esa multiplicación, si se formaliza en el convenio de
colaboración que Fernando Pequeño se compromete a elaborar, puede convertirse
en uno de los vectores más potentes de la rearticulación del peronismo salteño
en la antesala de 2027.
La invitación al asado en la finca de Anta merece una
lectura que va más allá de la hospitalidad. La finca es, en el relato del
Ateneo, un espacio de territorialización de la política: el lugar donde la
discusión abandona las paredes del partido y del aula universitaria para
encontrarse con la tierra, con el trabajo rural, con las escuelas cerradas y
los espacios comunitarios que el Estado ha abandonado. Ir a la finca no es solo
conocer un campo: es asumir que el interior existe, que sus problemas son reales
y que la política que no llega hasta allí es una política incompleta.
En ese sentido, la finca de Anta funciona como el correlato
material de la proposición política central del Ateneo: la resistencia debe ser
vivencial y territorial. Y para los jóvenes de Praxis, que vienen de un entorno
predominantemente universitario y urbano, ese desplazamiento hacia el interior
es también un aprendizaje sobre la complejidad del territorio salteño que
ningún libro puede reemplazar.
El documento más reciente del Ateneo —su análisis sobre la
violencia en las escuelas salteñas, publicado en abril de 2026— merece un lugar
en este ensayo porque ilustra con precisión el tipo de intervención política
que el espacio se propone realizar. El Ateneo no sale a condenar la violencia
escolar en términos morales abstractos ni se suma al coro punitivista que
reclama más policías en los colegios. Lee el fenómeno como lo que es: un
síntoma del desmembramiento del tejido social provocado por el ajuste, por el
retiro del Estado de sus funciones de protección y por el discurso de odio que
permea desde la conducción política hacia las bases sociales.
Esta lectura es peronista en su método y en sus
conclusiones. Es peronista en su método porque parte de la realidad concreta
—los 3.900 incidentes de violencia registrados por el Observatorio Provincial
en un año— para llegar a las causas estructurales. Y es peronista en sus
conclusiones porque propone que la respuesta no es más represión sino más
Estado, más derechos, más presencia comunitaria.
La advertencia que el Ateneo dirige a los grupos activos del
partido es directa: si el justicialismo permite que la respuesta única del
Estado sea la policía y la fiscalía punitiva, estará renunciando a su bandera
histórica de la justicia social. Esta interpelación tiene un nombre: la
responsabilidad de conducir. No de administrar la crisis, sino de conducir
hacia la paz.
El análisis del Ateneo sobre la violencia escolar recurre a
las tres banderas históricas del justicialismo —soberanía política,
independencia económica, justicia social— y las aplica al problema concreto de
la convivencia en las escuelas. La soberanía política se defiende recuperando
la autoridad pedagógica frente a la lógica represiva. La independencia
económica es la condición de posibilidad para financiar un sistema educativo
que no expulse a sus hijos. La justicia social establece que los únicos privilegiados
deben ser los niños.
Esta articulación entre doctrina histórica y problema
concreto del presente es exactamente el tipo de ejercicio político-intelectual
que el Ciclo de Conversatorios se propone multiplicar. Y es también, en
definitiva, la mejor demostración de por qué un ateneo político dentro del
partido no es un lujo sino una necesidad.
Esperamos que este texto se convierta en una invitación
explícita a los compañeros y compañeras de militancia peronista en Salta. No es
una convocatoria burocrática ni una circular de conducción. Es una invitación a
construir juntos un espacio donde el pensamiento y la acción política no estén
divorciados, donde la memoria no sea un obstáculo para la creatividad sino su
combustible, y donde la diversidad de tradiciones dentro del peronismo —la
ragonista, la kirchnerista, la graboisista, la sindical, la territorial— pueda
encontrar un lenguaje común sin borrarse mutuamente.
El Ateneo Miguel Ragone ofrece a quienes quieran vincularse
un espacio de formación política seria, con producción documental propia, con
agenda de conversatorios articulada, con presencia en la universidad y en el
partido, y con el paraguas simbólico de una figura histórica que tiene la
legitimidad que no se compra con dinero ni se hereda con un cargo: la
legitimidad de haber gobernado con las manos limpias y la conciencia clara, y
de haber pagado el precio más alto por esa coherencia.
El encuentro con Praxis no es el único movimiento de
rearticulación que el Ateneo protagoniza, pero es uno de los más significativos
por lo que representa: la posibilidad de unir la memoria histórica con la
energía del presente, la experiencia del partido con la frescura de la
militancia universitaria, la agenda ambiental con la agenda de integración
urbana.
Si esa alianza se consolida —si el convenio de colaboración
se firma, si el ciclo de conversatorios se realiza, si los jóvenes de Praxis
pisan la finca de Anta y el panel de la Facultad de Naturales se hace con sus
remeras— habrá comenzado algo que trasciende el cálculo electoral. Habrá
comenzado un proceso de recomposición de la identidad peronista en Salta que no
depende de una figura providencial ni de un resultado electoral: depende de la
voluntad de los propios militantes de construir colectivamente el partido que
quieren tener.
El Partido Justicialista en Salta necesita, en este momento,
dos cosas que generalmente se consideran opuestas pero que el encuentro entre
el Ateneo y Praxis demuestra que son complementarias: profundidad histórica y
urgencia del presente. Profundidad histórica para no repetir los errores que ya
se pagaron con sangre, para no ceder ante las mismas élites que siempre han
frenado el avance popular, para no perder de vista que el peronismo no es una
maquinaria electoral sino un proyecto de civilización. Y urgencia del presente
para no quedarse en el museo, para no hacer de la memoria un refugio en lugar
de un ariete, para entender que la política que no habla del agua y del litio,
de los barrios sin escritura y de las escuelas sin psicólogos, es una política que
ya no tiene interlocutores en el pueblo real.
La sinergia de la memoria y la praxis no es un eslogan. Es
el nombre de un proceso político en curso en Salta que merece ser conocido,
debatido y enriquecido por todos los compañeros y compañeras que todavía creen
que el peronismo tiene algo irreemplazable para ofrecer a este tiempo.
El Ateneo Miguel Ragone está abierto. Los conversatorios
están diseñados. El convenio con Praxis está en proceso. La finca en Anta
espera. Y la pregunta que el encuentro del 21 de abril de 2026 deja resonando
para todos los que leen este texto es simple y exigente a la vez: ¿dónde estás
vos en esta construcción?
El
Ateneo Miguel Ragone —espacio de pensamiento, formación y elaboración
doctrinaria del Partido Justicialista de Salta— se dirige hoy a todos los
grupos activos, mesas de conducción, unidades de base, agrupaciones sectoriales
y cuadros militantes de nuestra fuerza política en toda la provincia. Lo hace
impulsado por una realidad que no admite dilación: la violencia en los
establecimientos educativos de Salta se ha instalado como uno de los fenómenos
más urgentes y políticamente significativos del primer cuatrimestre de 2026.
Esta
convocatoria no es un gesto burocrático ni una declaración de buenas
intenciones. Es una llamada a la deliberación organizada, a la producción
colectiva de pensamiento y a la formulación de recomendaciones concretas
destinadas a dos interlocutores institucionales: el Poder Ejecutivo provincial
y el Ministerio Público Fiscal de Salta. El objetivo es doble: incidir en las
políticas públicas desde la perspectiva de la justicia social y fijar una
posición partidaria pública, coherente con nuestra doctrina, en un debate que
hoy está siendo capturado por el discurso punitivo y la respuesta policial.
La
situación en Salta Capital y distritos como Rosario de la Frontera ha escalado
desde conflictos interpersonales hasta amenazas de tiroteos masivos, a menudo
vinculadas a 'retos virales'. El Observatorio Provincial de la Convivencia y la
Participación ha sistematizado más de 3.900 incidentes de violencia en un año.
Frente a ese número, el Partido Justicialista no puede ser un espectador
silencioso.
El
fenómeno de la violencia en los establecimientos educativos de la provincia de
Salta, manifestado con inusitada virulencia durante el primer cuatrimestre del
año 2026, no constituye un evento fortuito ni una anomalía meramente
pedagógica. Se trata de un síntoma inequívoco del desmembramiento del tejido
social, provocado por lógicas de exclusión estructural y por el retiro
sistemático del Estado de sus funciones de protección y promoción.
Para
el Partido Justicialista, como institución fundamental de la democracia y
garante del modelo de gobierno basado en la justicia social, este escenario
exige un análisis que trascienda la coyuntura policial y se sitúe en la
discusión del modelo de provincia y país que aspiramos a conducir. La escuela,
lejos de ser una isla, funciona como una caja de resonancia de la violencia que
el Estado ejerce y tolera en el resto del cuerpo social. Cuando la conducción
política apela a la represión de obreros y jubilados, envía un mensaje claro de
que la fuerza es el único lenguaje válido para resolver conflictos. Los jóvenes
aprenden esa lección.
El
diagnóstico provisorio elaborado por referentes de la sociedad civil, en la
Asociación Miguel Ragone y en la Red Contra la Violencia Institucional, identifica
correctamente la 'violencia vertical' que desciende desde el Estado hacia los
sectores populares como la causa raíz de la conflictividad escolar. Sin
embargo, desde la institucionalidad de un partido de poder como el
Justicialismo, es necesario transformar este grito de resistencia en una
propuesta de organización comunitaria. La violencia en las escuelas no es solo
un fracaso escolar; es el resultado de la ruptura del pacto de la Comunidad
Organizada.
La
soberanía política, en el pensamiento justicialista, no se limita a la
autodeterminación internacional; se expresa en la capacidad de las
instituciones para dictar su propio orden de convivencia sin ser colonizadas
por lógicas represivas o discursos de odio importados. La actual
'policialización' de las escuelas salteñas —donde se responde a una pintada en
un baño con allanamientos de la Brigada de Investigaciones— representa una
cesión de la soberanía pedagógica frente al brazo punitivo del Estado.
Recuperar
la soberanía en la escuela implica fortalecer la autoridad del docente como
representante de un Estado protector y no como un mero auxiliar de la justicia
penal. La soberanía política se defiende garantizando que las decisiones sobre
la convivencia escolar se tomen en los consejos consultivos de cada
establecimiento, con participación de familias y alumnos, y no mediante
protocolos de seguridad dictados desde un enfoque de control poblacional.
La
independencia económica es la condición de posibilidad para financiar un
sistema educativo que no expulse a sus hijos. El diagnóstico de la red de
violencia institucional señala que el ajuste iniciado en 2024 ha desmantelado
los programas de contención, despidiendo a especialistas y cerrando centros de
día para jóvenes con consumos problemáticos. Sin recursos propios y con una
provincia atada a los condicionamientos del ajuste nacional, la escuela queda
desprotegida.
La
verdadera independencia económica aplicada al conflicto escolar reside en la
capacidad de la provincia para financiar equipos de orientación completos,
parejas pedagógicas y dispositivos de salud mental sin depender de 'vouchers' o
financiamientos externos que condicionan la currícula. La violencia es, en gran
medida, la expresión de la desesperanza económica de familias que no ven en la
educación un vehículo de ascenso social sino una guardería de contención
precaria.
La
justicia social establece que los únicos privilegiados deben ser los niños. La
realidad de Salta en 2026, con 3.900 incidentes de violencia registrados en un
año, contradice este principio fundamental. La justicia social no es solo
entregar guardapolvos; es garantizar un entorno donde el adolescente no sea
tratado como un sospechoso por defecto.
El
Justicialismo sostiene que la violencia escolar se erradica con más derechos,
no con más patrulleros. La justicia social exige que el Estado recupere su rol
como armonizador de los intereses individuales y colectivos, asegurando que
cada joven tenga un proyecto de vida digno, vinculado al trabajo y a la cultura
de la solidaridad.
El
Ateneo Miguel Ragone considera indispensable que los grupos activos del Partido
aborden la crisis desde todas sus dimensiones sin omitir ninguna. La siguiente
tabla sintetiza el mapa analítico que debe orientar los debates internos:
DIMENSIÓN
DESCRIPCIÓN DEL FENÓMENO
ACTOR RESPONSABLE / AFECTADO
Estructural
Desmantelamiento del tejido social
por políticas de ajuste económico desde 2024.
Estado Nacional / Familias
vulnerables.
Institucional
Retiro del Estado de los espacios
de contención; cierre de programas de salud mental y adicciones.
Ministerio de Educación /
Ministerio de Salud.
Simbólica
Discurso de 'odio' y 'guerra' en
la conducción política que permea hacia las bases.
Liderazgos políticos / Juventud.
Tecnológica
Uso de redes sociales para la
masificación de amenazas y ciberbullying.
Plataformas digitales /
Estudiantes.
Punitiva
Criminalización de la conducta
juvenil; imputaciones por 'intimidación pública'.
Ministerio Público Fiscal /
Menores de edad.
La
comprensión integral de estas dimensiones es condición necesaria para evitar
diagnósticos parciales que luego deriven en propuestas insuficientes. No se
puede reducir la dimensión estructural a la tecnológica, ni responder a la
dimensión punitiva sin cuestionar el modelo de Estado que la sostiene.
Desde
el año 2025, Salta implementa el Programa Provincial de Prevención de la
Violencia en la Escuela, diseñado bajo la premisa de garantizar intervenciones
'oportunas, coordinadas y respetuosas de los derechos de niños, niñas y
adolescentes'. El Ateneo reconoce la existencia de este programa y valora
positivamente algunos de sus ejes. Sin embargo, una posición partidaria
responsable exige también señalar sus límites y contradicciones.
Ejes que el Partido debe sostener
y fortalecer
•Fortalecimiento de los Equipos POE (Apoyo y Orientación
Escolar), definidos como dispositivo central para la construcción de entornos
de paz desde una perspectiva pedagógica de cuidado.
•La Unidad Provincial de Apoyo (UPACE), equipo
interdisciplinario con capacidad de intervención en territorio dentro de las
primeras 24 horas ante crisis o emergencias escolares.
•El Observatorio Provincial de la Convivencia y la
Participación, que produce datos e indicadores basados en evidencia para
orientar el diseño de políticas públicas.
•La Formación Permanente obligatoria para docentes en
mediación y resolución estratégica de conflictos.
•El eje de Corresponsabilidad Familiar-Escuela para
prevenir el acoso y la violencia desde la raíz vincular.
Advertencias críticas que el
Partido debe formular
•Contra la Militarización de los Espacios Educativos: la
presencia policial en los colegios no resuelve la inseguridad, sino que la
desplaza y la profundiza. Un policía en el pasillo no puede reemplazar a un
psicopedagogo en el gabinete.
•Sobre el Impacto del Ajuste en la Salud Mental: la
provincia de Salta no puede seguir el ritmo de recortes de la Nación sin poner
en riesgo la vida de sus jóvenes. El incremento en los índices de suicidio y
consumos problemáticos en NNyA es una señal de alarma que la política no puede
ignorar.
•La Insuficiencia de la Ley 8406 (Ley de Bullying): si
bien la ley establece criterios de prevención, su aplicación es puramente
administrativa y carece de presupuesto para los 'equipos especializados' que
menciona. El Partido debe exigir que la ley sea dotada de recursos reales.
A
partir del análisis precedente, el Ateneo Miguel Ragone propone que los grupos
activos del Partido elaboren, debatan y eleven al Ejecutivo provincial el
siguiente conjunto de recomendaciones:
Inversión
masiva en la creación de 'Espacios de Escucha' en cada barrio, gestionados por
equipos interdisciplinarios que dependan de una estructura civil y no de las
fuerzas de seguridad. Estos espacios deben articularse con la escuela pero no
depender de ella, para garantizar acceso a jóvenes que ya han abandonado el
sistema.
No
basta con cursos aislados. Se debe integrar la resolución no violenta de
conflictos como eje transversal de la formación inicial y continua, otorgando
herramientas reales para que el docente pueda ejercer su autoridad pedagógica
de manera democrática. El Ministerio de Educación debe asumir este compromiso
presupuestario con carácter prioritario.
Ante
el fenómeno de la violencia digital y los 'retos virales', el Estado debe
proveer no solo dispositivos, sino una formación en ciudadanía digital que
permita a los jóvenes discernir y resistir las lógicas de odio de las redes.
Esta política debe articularse con el sistema educativo formal y los espacios
comunitarios.
El
Ejecutivo debe revertir el proceso de desfinanciamiento de los programas de
salud mental y adicciones para jóvenes. La reapertura de los centros de día y
la reincorporación de los especialistas despedidos son condiciones mínimas para
detener el deterioro del tejido de contención.
El
Partido debe impulsar legislativamente la dotación de recursos efectivos para
la Ley Provincial de Bullying, transformándola de declaración de intenciones en
política pública con equipos, protocolos y presupuesto operativos.
La
respuesta del Ministerio Público Fiscal de Salta ante la crisis ha seguido
hasta ahora un modelo punitivo tradicional: detenciones, allanamientos y
secuestro de teléfonos celulares. Este enfoque es incompatible con una visión
de justicia social y protección integral de derechos. El Ateneo propone que el
Partido eleve las siguientes recomendaciones al MPF:
Estas
unidades deben estar integradas por equipos interdisciplinarios que realicen el
primer abordaje del hecho. Ante una amenaza escolar, el fiscal no debe ordenar
la detención inmediata, sino una evaluación psicosocial para determinar si el
caso es apto para un proceso restaurativo. La privación de libertad debe ser
excepción, no regla.
El
MPF debe dictar instrucciones generales para que los fiscales penales juveniles
apliquen criterios de oportunidad en casos de 'intimidación pública' que no
hayan implicado un riesgo real de vida, derivando estos casos a mediación
escolar o comunitaria. El Código Procesal Penal de Salta (Ley 8520) habilita
estos mecanismos; su uso debe ser promovido institucionalmente.
La
justicia restaurativa no es impunidad; es una forma de justicia que busca la
reparación del daño y la asunción de responsabilidad por parte del ofensor,
involucrando a la víctima y a la comunidad. El objetivo del fiscal no debe ser
la condena, sino el restablecimiento de la paz en la comunidad educativa: que
el joven agresor pueda pedir perdón, realizar tareas reparadoras en su propia
institución, y evitar así su expulsión y consecuente marginalización.
El
Ateneo sintetiza esta propuesta en la siguiente comparativa entre el modelo
vigente y el modelo que el Partido debe impulsar:
El
Ateneo Miguel Ragone convoca a los grupos activos no solo a emitir propuestas,
sino a actuar como un actor territorialmente comprometido. La intervención del
partido debe enfocarse en reconstruir la unidad de concepción para la unidad de
acción.
•Organizar asambleas de debate educativo en cada
distrito, invitando a docentes, directivos, padres y estudiantes como
protagonistas del diagnóstico y no como meros beneficiarios de la política.
•Activar espacios de apoyo escolar, talleres de oficios
y mediación comunitaria en los locales y espacios disponibles, reconstruyendo
el vínculo con el barrio que el Estado ha abandonado.
•Convocar a los cuadros profesionales afiliados
—psicólogos, sociólogos, abogados, trabajadores sociales— para conformar un
equipo técnico de emergencia que asesore a las familias de los jóvenes
involucrados en hechos de violencia, garantizando que no sean vulnerados en sus
derechos durante los procesos judiciales.
•Producir un documento base de posición partidaria que
oriente la labor de legisladores y concejales del PJ en todos los concejos
deliberantes y cámaras legislativas de la provincia.
•Interpelación pública y fundamentada al Ejecutivo y al
MPF a través de los bloques legislativos del Partido, poniendo en agenda el
cambio de paradigma desde lo punitivo hacia lo restaurativo.
La
violencia en las escuelas de Salta es el campo de batalla donde se dirime hoy
el futuro de nuestra comunidad. No es un tema técnico; es un tema profundamente
político. Si el Partido Justicialista permite que la respuesta única del Estado
sea la policía y la fiscalía punitiva, estará renunciando a su bandera de la
justicia social y a su responsabilidad histórica de organizar a la comunidad.
La
seguridad real no nace del miedo al castigo, sino de la certeza del amparo.
Reconstruir el tejido social de Salta exige un Estado que vuelva a los barrios,
una escuela que vuelva a ser el lugar de los sueños y una justicia que cure las
heridas en lugar de profundizarlas.
El
Ateneo Miguel Ragone llama a todos los grupos activos del Partido a asumir esta
responsabilidad con la misma convicción con que Miguel Ragone entendió su
mandato: al servicio del pueblo, con las manos limpias y la conciencia clara.
El Partido Justicialista debe liderar esta transformación, pasando de la
gestión de la crisis a la conducción de la paz, basándose siempre en la premisa
de que no hay paz posible sin una base sólida de justicia social, soberanía
política e independencia económica.
¡Por una Salta justa y organizada!
Ateneo Miguel Ragone — Partido Justicialista de Salta
El
presente ensayo se basa en el siguiente corpus documental. Se conservan los
vínculos a todas las fuentes originales para su consulta y verificación por
parte de los grupos activos: