El Partido Justicialista de Salta convocó a dirigentes y militantes para ver Argentina, 1985 en el marco de los 50 años del golpe militar. Lo que siguió fue un debate sin filtros sobre identidad, autocrítica y los desafíos del movimiento frente al gobierno de Milei.
Hay películas que no se agotan en la pantalla. Argentina, 1985 es una de ellas. El film dirigido por Santiago Mitre, que reconstruye el histórico Juicio a las Juntas militares desde la perspectiva del fiscal Julio Strassera y su equipo, volvió a encender conversaciones urgentes cuando el Partido Justicialista de Salta lo eligió como punto de partida para una jornada de reflexión colectiva con dirigentes sociales y militantes. El marco no era menor: se cumplían cincuenta años del golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976.
Lo que comenzó como una proyección derivó en un debate de fondo. Tres voces tomaron la palabra y pusieron sobre la mesa preguntas que el peronismo salteño —y acaso el peronismo en general— todavía tiene pendientes.
La película, un espejo incómodo
Antes de repasar los argumentos del debate, vale recordar de qué habla el film. Argentina, 1985 narra los meses en que un grupo de fiscales jóvenes y un Strassera inicialmente escéptico construyeron, casi desde cero, la acusación que llevaría a los máximos responsables del terrorismo de Estado ante la justicia civil. Ganadora del Globo de Oro a mejor película en lengua extranjera y nominada al Oscar en la misma categoría, la producción de Amazon Prime Video no es solo un drama jurídico: es un retrato de lo que cuesta que las instituciones funcionen cuando el poder las presiona desde adentro y desde afuera.
Su valor como disparador político es precisamente ese: no da respuestas cómodas. Muestra héroes con dudas, negociaciones incómodas —la situación de la Fuerza Aérea, que quedó fuera de los procesamientos más contundentes, es uno de los puntos que el propio debate salteño puso en cuestión— y una democracia que aprendía a caminar mientras intentaba juzgar su pasado reciente. En tiempos en que el negacionismo gana terreno en el discurso público, el film funciona como un recordatorio y como una provocación.
Nora Giménez: autocrítica sin equivalencias
La primera intervención fue la de Nora Giménez, quien planteó desde el inicio que la película cumple una función política concreta en el momento actual: reafirmar el "Nunca Más" frente al avance del negacionismo. No como slogan, sino como posición activa.
Pero Giménez no esquivó la incomodidad. Fue directa al señalar que el peronismo tiene una deuda de autocrítica respecto a la última etapa del gobierno de Alberto Fernández. Sin embargo, marcó una distinción que consideró fundamental: reconocer errores propios no es lo mismo que validar la agenda de quienes buscan desmontar décadas de construcción de soberanía nacional. "No podemos equiparar nuestros errores con el proyecto de los que quieren deshacer setenta años de país", fue la línea de su argumento.
Su mirada se amplió hacia el escenario global. Describió el momento actual como una etapa de máxima concentración del capitalismo, en la que grandes corporaciones y centros financieros de poder buscan administrar los destinos de los países dependientes. Desde esa perspectiva, la lucha por la soberanía, la independencia económica y la integración regional no es una batalla exclusivamente argentina: es parte de un fenómeno que atraviesa a múltiples naciones que resisten la hegemonía económica global.
Fernando Pequeño Ragone: de los desaparecidos a las instituciones desaparecidas
Fernando Pequeño Ragone llegó al debate con una carga personal e histórica particular: su vínculo con la figura del gobernador Miguel Ragone, cuya desaparición forzada durante la dictadura fue, según destacó, el juicio que finalmente abrió en Salta los procesos por delitos de lesa humanidad a partir de 2005.
Esa referencia no fue anecdótica. Pequeño Ragone la usó para señalar algo que la película ilumina con claridad: la dificultad estructural de las instituciones para impartir justicia cuando el poder que se juzga sigue teniendo influencia sobre quienes deben juzgarlo. Salta, describió, funcionó durante años como un "feudo cerrado" respecto a los juicios de lesa humanidad. El quiebre llegó tarde, pero llegó.
La parte más provocadora de su intervención fue la analogía que trazó entre el pasado y el presente. Si en los años de plomo el terrorismo de Estado hizo desaparecer personas, en el presente —argumentó— existe una lógica análoga que hace desaparecer instituciones: se las vaciaba de contenido, se las desfinanciaba o se las desarticulaba para eliminar los controles sobre el ejercicio del poder y debilitar la organización política popular. La advertencia fue directa: el Partido Justicialista debe rearticularse en sintonía con las luchas globales por la soberanía popular, o corre el riesgo de su propia desaparición institucional.
Pablo Kosiner: identidad, unidad y la línea que no se puede ignorar
El turno de Pablo Kosiner fue quizás el más político en su énfasis. Comenzó con una lectura crítica de la película: reconoció su valor como homenaje al rol de los fiscales y a la teoría jurídica de la responsabilidad ideológica —que permitió juzgar a quienes dieron las órdenes, no solo a quienes las ejecutaron— pero señaló que el film también debe leerse con ojo crítico, especialmente en lo que respecta a las concesiones políticas de la época, como el mencionado tratamiento diferencial de la Fuerza Aérea.
Desde allí pasó a los delitos de lesa humanidad. Su posición fue contundente: son imprescriptibles no solo por definición jurídica, sino porque se siguen cometiendo. Mientras no aparezca el último desaparecido, mientras no se recupere la identidad del último nieto apropiado, la historia argentina no está cerrada. "La historia se sigue escribiendo hoy", fue su planteo.
En el plano organizativo, Kosiner fue enfático en dos puntos. Primero: el PJ debe marchar el 24 de marzo con banderas y símbolos propios. No como acompañante, sino como protagonista histórico de la defensa de los derechos humanos. Recuperar ese protagonismo, dijo, es una obligación política, no una opción.
Segundo —y quizás su argumento más directo al debate interno del peronismo—: la discusión que el movimiento necesita no es la de las internas de poder, sino la de la identidad. Y esa identidad hoy se define, antes que nada, frente al modelo del gobierno de Javier Milei, al que señaló como la principal amenaza a los intereses nacionales. Cualquier debate interno que se desarrolle ignorando esa gravedad, advirtió, termina siendo funcional al proyecto que se dice combatir.
No descartó la creación de agrupaciones internas para fortalecer la militancia y generar pertenencia, pero puso una condición: que esa dinámica no derive en fragmentación. La unidad frente al adversario es, en su lectura, la condición de posibilidad de todo lo demás.
Un debate que recién empieza
La jornada en el PJ salteño no resolvió nada, y probablemente tampoco era su propósito. Lo que hizo fue algo más valioso en ciertos momentos políticos: nombrar las tensiones en voz alta y en un espacio colectivo.
El peronismo lleva décadas discutiendo su relación con el período 1973-1976, con la derrota de 1983, con los gobiernos que siguieron. Lo que el encuentro mostró es que esa discusión tiene nuevas urgencias: el negacionismo como política de Estado, el desmantelamiento de instituciones democráticas, la necesidad de recuperar una identidad que no se defina solo por la oposición sino por un programa propio.
Argentina, 1985 fue la excusa perfecta. Una historia de hace cuarenta años que, vista esta noche en Salta, se sentía inquietantemente contemporánea.
La jornada fue organizada por un sector interno del Partido Justicialista salteño que conduce Rodrigo Escribas, dirigente que viene protagonizando uno de los planteos más activos de oposición interna en el partido provincial. Este espacio, que no se define hacia afuera por un nombre de agrupación sino por su pertenencia y lealtad al PJ, ha encabezado presentaciones exigiendo la expulsión del gobernador Gustavo Sáenz y de legisladores nacionales que, a su entender, actuaron en contra de los lineamientos del peronismo al acompañar iniciativas del gobierno nacional. El grupo impulsa además la convocatoria a elecciones internas para renovar las autoridades del distrito y se reivindica como parte de quienes buscan, en sus propias palabras, "volver a poner al peronismo de Salta de pie". Fue precisamente desde esa convicción que eligieron el aniversario del golpe y una película sobre memoria y justicia para convocar a la militancia a debatir identidad, rumbo y pertenencia.



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