marzo 2026
en el contexto de un PJ intervenido
y mi deseo que se re funde en un partido popular y nacional.
Hay una guerra que nadie declara
oficialmente pero todos combaten: la guerra destituyente entre agrupaciones
peronistas. No se lucha por programas ni por ideales; se lucha por anular la
legitimidad del compañero para ocupar su espacio. Cuando renuncié en 2022, una
de mis preocupaciones centrales era esta dinámica: el partido se desarticulaba
éticamente no solo por la burocracia de la conducción, sino por la competencia
fratricida en las bases. En la intervención de 2026, esa fragmentación se ha
vuelto el mayor obstáculo para cualquier proceso de refundación.
Lógica de Suma Cero: El Cargo como Bien Escaso
Cuando el partido funciona como agencia de
colocación, los recursos son finitos. Si vos crecés, yo pierdo. Esta lógica de
suma cero convierte la competencia legítima entre proyectos en una guerra por
la supervivencia burocrática. Las agrupaciones dejan de discutir quién
representa mejor al pueblo para discutir quién es el "verdadero"
poseedor de la identidad peronista. Cada sector construye su propio relato y
tacha al resto de traidores, funcionales al enemigo, o vendidos. La identidad
peronista, que debería ser un puente, se convierte en una trinchera.
Las Raíces Históricas de la Fragmentación
Este no es un problema de personalidades ni
de mala voluntad individual. Tiene raíces históricas profundas. Desde 1975,
cuando se fracturó la alianza estratégica del peronismo con el movimiento
obrero organizado, el partido perdió su gran árbitro interno. Sin ese eje
central, cada fragmento reclama para sí la herencia del todo. A eso se suma la
falta de un balance compartido sobre los fracasos: el menemismo, los gobiernos
que no cumplieron, las derrotas recientes. Sin diagnóstico común, no hay
proyecto común; y sin proyecto, solo hay disputa por los restos.
La Paradoja de la Unidad Forzada
La respuesta habitual a la fragmentación es
el "amontonamiento": juntarse en una lista aunque no haya acuerdo
programático, bajo el argumento de que la unidad es necesaria para frenar al
adversario. Pero una unidad que no tiene base ideológica se rompe en el primer
conflicto de reparto. Peor aún: puede generar la inmovilidad política que nos
impide construir una alternativa real. La unidad que necesitamos no es la de
las fotografías; es la de los puntos programáticos mínimos e innegociables.
La fragmentación destituyente no se supera
con abrazos ni con declaraciones de unidad. Se supera cuando las agrupaciones
acuerdan qué salió mal en el pasado y hacia dónde van en el futuro. Les convoco
a iniciar ese proceso de honestidad colectiva. Sin ese balance compartido,
seguiremos siendo una constelación de fragmentos que se disputan los restos de
una derrota anunciada.
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