Sobre los cuerpos y las vidas de los jóvenes estudiantes del Colegio Las Palmas, el acto transformó el cuerpo estudiantil en lugar de memoria, donde lo estético, lo político y lo ético se entrelazaron. La estrategia del encuentro se propuso acompañar lo que esta foto a continuación sugiere pero no dice del todo: el recorrido de la escena de opresión hacia la explosión colectiva de “¡Viva la democracia!” y “¡Nunca más!”, el anclaje del mural en el algarrobo de Cerrillos y en la figura de Ragone, y la decisión pedagógica de escuchar el comunicado de la Junta Militar en un espacio escolar. Se parte de esa imagen para sostener que lo ocurrido en el Colegio 5150 no es solo un acto conmemorativo, sino una puesta en escena de la “memoria activa”, donde la juventud, el territorio y la historia nacional se rearticulan alrededor del compromiso con la verdad, la justicia y la defensa de la democracia.
El presente documento sistematiza y describe el acto conmemorativo realizado en el Colegio Secundario 5150 de Las Palmas, en el municipio de San José de los Cerrillos, Salta, enmarcado en la conmemoración del 50 aniversario del golpe de estado cívico-militar de 1976, con eje central en la reivindicación del Dr. Miguel Ragone, médico y exgobernador desaparecido. Sus objetivos fundamentales incluyen institucionalizar la memoria mediante la inauguración del Salón de Usos Múltiples (SUM) con su nombre, transformando su legado en un programa de vida para los estudiantes; fortalecer la cultura democrática como advertencia sobre el presente, denunciando con datos globales de 2026 el retroceso de las democracias y combatiendo el "vaciamiento de la memoria" a través de discursos políticos y éticos; y consolidar el patrimonio simbólico con el descubrimiento de un mural que vincula el territorio del algarrobo de Cerrillos a la lucha por la igualdad y la justicia social. La estructura del acto abarcó un protocolo de apertura con contextualización histórica y política a cargo del profesor Gabriel Anachuri, recepción de autoridades y entrega de la Declaración de Interés por la Cámara de Diputados de Salta; el ingreso de banderas, la entonación del Himno Nacional y la Marcha de las Malvinas, un minuto de silencio y la escucha del primer comunicado de la junta militar para reforzar la memoria histórica; discursos institucionales del director Daniel Ontivero y Fernando Pequeño Ragone, que enfatizaron la responsabilidad escolar en la defensa de la democracia; y un homenaje artístico con la inauguración oficial del SUM, análisis semiótico del mural, lecturas de poemas estudiantiles y una dramatización sobre la resistencia juvenil y la caída de la dictadura.
El profesor de historia Gabriel Anachuri desempeña un rol
central en el acto del Colegio 5150, ya que su intervención no solo da orden al
protocolo sino que configura el evento como un espacio de análisis político y
crítico, evitando el “vaciamiento de la memoria” al convertir el recuerdo en
herramienta de reflexión. Al abrir el encuentro, vincula la conmemoración con
datos globales de 2026 para señalar el retroceso democrático y el avance de las
autocracias, conectando este diagnóstico con la vigencia del pensamiento de
Miguel Ragone sobre cómo el autoritarismo desmantela las instituciones antes de
destruir la justicia social. Al presentar los símbolos patrios, recupera el
carácter revolucionario de la Asamblea del Año XIII y la herencia de libertad e
igualdad, interpelando a la ciudadanía actual sobre si realmente honra esos
ideales al cantar el himno. Luego establece una conexión profunda entre la
tragedia de Malvinas y la desaparición de Ragone, subrayando que ambos son
expresión de un mismo poder que despreció la vida de sus ciudadanos, y que la
memoria sobre ambos constituye un ejercicio de soberanía frente al despojo. En
el momento de nombrar el Salón de Usos Múltiples (SUM) en honor a Ragone,
enfatiza que ese nombre es un “programa” político e institucional, no una mera
decoración, y reconoce los 50 años de lucha de la familia Ragone contra el
olvido, representada por la presencia de Fernando Pequeño. En su análisis
semiótico del mural, ancla el trauma y la vida en el algarrobo de Cerrillos,
usando el árbol como signo del lugar del secuestro ya sus raíces como rostros
de desaparecidos que sostienen lo social, mientras mitifica éticamente a Ragone
al integrarlo a la bandera argentina como patrimonio colectivo nacional y
legado democrático universal. Finalmente, cierra destacando cómo la cultura, la
palabra y la verdad funcionaron como resistencia frente al terror, y subraya el
papel de la juventud, el rock nacional y las organizaciones de derechos humanos
en la recuperación del voto y en la derrota de la incompetencia autoritaria
tras 1982.
El discurso del director Daniel Ontivero se destaca por su
contenido político-institucional y crítica al vaciamiento municipal de la
memoria, rompiendo la neutralidad burocrática al autodefinirse como
"hombre político" y posicionar la escuela como principal portadora de
la bandera democrática, inseparable de la realidad actual. Denuncia con
vehemencia que el 50 aniversario del golpe se reduzca a "un simple acto en
la plaza", riesgo que aleja el genocidio de los jóvenes y abandona su relevancia
histórica. Reivindica la identidad local del colegio 5150, ligada a la
tradición de lucha de Cerrillos con intendentes como Corimayo y
"Pucho" que nacionalizaron la causa de Ragone, contrastando con su
frustración por murales públicos despintados y derruidos. Presenta el nuevo
mural escolar como trinchera simbólica, declarando al colegio
"malvinense" y defensor del espíritu democrático. Cierra validando la
legitimidad de los presentes —familiares de Ragone y autoridades comprometidas—
con "están los que tienen que estar", frente a ausencias oficiales y
falta de apoyo municipal, luego criticada por Fernando Pequeño.
El momento en que la profesora Gabriela Berrondo invita a la
comunidad a escuchar el comunicado de la Junta Militar constituye un punto de
inflexión pedagógica en el acto, pensado para enfrentar a los estudiantes con
la realidad sonora del autoritarismo. La grabación reproducida corresponde al
Comunicado Número Uno transmitido por cadena nacional el 24 de marzo de 1976,
en el que se informa que el país queda bajo el “control operacional” de la
Junta Militar y se exige el “acatamiento” a las órdenes de las autoridades
militares, policiales o de seguridad, así como la extrema precaución frente a
cualquier acción o actitud individual o colectiva que pudiera desencadenar una
“intervención táctica” del personal en operación; el mensaje finaliza con las
firmas de Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti.
Desde un punto de vista retórico, el texto exhibe un lenguaje marcial y
aséptico que disfraza la supresión de los derechos constitucionales bajo
términos técnicos como “control operacional” e “intervención táctica”,
transforma la relación con la población en una jerarquía absoluta al exigir
“acatamiento” y no colaboración, y extiende el dominio hasta las “actitudes
individuales”, anticipando un régimen que busca controlar pensamientos y prácticas
cotidianas. La escucha de este audio en el contexto escolar tiene un valor
estratégico para la construcción de memoria: contrasta con la celebración de la
libertad que se despliega en el resto del acto, traduciendo esencialmente cómo
suena el arranque de una dictadura frente a la polifonía de las voces
democráticas; funciona como una pedagogía del “Nunca Más”, acercando a los
jóvenes una experiencia sensorial concreta que rompe la distancia que impone la
temporalidad y vuelve tangible el concepto abstracto de dictadura; contrarresta
el riesgo de “vaciamiento” bajo líneas, al imponer la presencia de la voz del
opresor como recordatorio de la verdad histórica del terror estatal; y,
finalmente, reivindica la palabra al poner en tensión el discurso de censura y
amenaza de la junta con el mural y los poemas estudiantiles, afirmando que la
democracia se define precisamente por el derecho a alzar la voz frente a un
poder que exige el silencio.
La actuación de los jóvenes en el Colegio Las
Palmas de Cerrillos es una puesta en escena profundamente
simbólica y pedagógica. Fue en el acto conmemorativo en el Colegio Secundario
5150 de Las Palmas, San José de los Cerrillos, Salta, por el 50 aniversario del
golpe cívico-militar de 1976, centrado en reivindicar al Dr. Miguel Ragone,
médico y exgobernador desaparecido. La acción se desarrolla en un patio o salón
con decoración significativa: un telón rojo que proclama “Dr. Ragone 50 años de
memoria, verdad y justicia”, afiches de Mafalda y carteles que celebran la
democracia, lo que sitúa el acto en un marco de reivindicación civil y crítica.
El espectáculo se organiza en tres momentos clave: una primera escena de
opresión, en la que alumnos vestidos de negro representan a las fuerzas
represivas que conducen a otros compañeros con los ojos vendados, simbolizando
la detención y desaparición durante la dictadura; una secuencia de encierro y
tensión, donde los jóvenes se agrupan en el centro, visiblemente vulnerables,
con al menos una estudiante que porta muletas, reforzando esencialmente la
fragilidad de las víctimas; y finalmente un silencio dramático hacia la
liberación, cuando se quitan las vendas, se desatan los gritos colectivos de
“¡Viva la democracia!” y “¡Nunca más!”, y se despliega un cierre festivo con
papeles al aire, música y aplausos, incluso con la presencia accidental de un
perro que atraviesa el escenario, aportando un gesto espontáneo de normalidad
recuperada. Desde el punto de vista analítico, la representación funciona como
memoria activa: las vendas blancas se convierten en símbolo universal de la
privación de libertad, y su retirada marca el paso del silencio y la oscuridad
al restablecimiento de la palabra y la identidad; el contraste emocional entre
la escena sombría y la explosión de celebración subrayan la precariedad de la
democracia y la importancia de defenderla; el anclaje local en la figura de
Miguel Ragone, central en la memoria salteña, permite que los estudiantes de
Cerrillos se apropien de la historia nacional desde su territorio, vinculando
la verdad sobre su desaparición con la justicia social y la soberanía
provincial; y, en términos pedagógicos, la escenificación transforma el
discurso de derechos humanos en experiencia corporal y colectiva, fortaleciendo
un compromiso con el “Nunca Más” que no se reduce a memorización, sino que se
vive en el cuerpo, en la voz y en el vínculo entre la juventud y la memoria.
El mural inaugurado en el Colegio Secundario 5150 de Las Palmas, en San José de los Cerrillos, es descrito por Gabriela Berrondo como una composición de “alta densidad semiótica”, en la que cada elemento visual funciona como signo histórico y ético; el algarrobo aparece como símbolo central y estructurante, no solo como elemento natural sino como anclaje territorial al lugar del hecho histórico, operando como icono por su representación figurativa y como índice por su vínculo directo con el sitio del secuestro.
Sus raíces conformadas por rostros humanos configuran una metáfora poderosa: los desaparecidos no son ausencia, sino presencia subterránea que sostiene la vida social, invirtiendo el sentido semántico de lo oculto (raíces) como fundamento de lo visible (pueblo y árbol). Del mismo tronco emerge un colectivo en marcha, organizado y dirigido hacia consignas explícitas como igualdad, dignidad, trabajo y equidad, que remiten directamente al ideario de Miguel Ragone y, en clave trágica, señalan también el motivo de su desaparición. El rostro de Ragone, ubicado a la derecha e integrado a la bandera argentina, lo construye como figura ética y activa, no como mártir pasivo, convirtiéndolo en signo de continuidad nacional y de patrimonio democrático colectivo. En el margen izquierdo, las flores blancas funcionan como signo ritual de duelo y homenaje, mientras el monolito materializa la memoria institucionalizada, recordatorio físico que exige ser actualizado. El mural profundiza su sentido en el contexto de Cerrillos, donde el algarrobo y el barrio San Isidro remiten al hallazgo del Peugeot 504 ensangrentado en 1976, transformando el árbol en “último rastro tangible” del cuerpo de Ragone y rechazando el “vaciamiento” de la memoria propia de una mera estética conmemorativa. En este marco, Fernando Pequeño subraya que la obra no se limita a la moda de pañuelos o símbolos despolitizados, sino que sostiene un discurso profundo sobre la verdad histórica y la responsabilidad política, reforzando la figura de Ragone como el “médico del pueblo” cuya lucha por los campesinos y gauchos y su conexión ética con la herencia de Güemes se convierte en el cimiento de la democracia actual.El discurso de Fernando Pequeño Ragone, nieto del
exgobernador, es una reivindicación política y ética que une el trauma pasado
con urgencias presentes, criticando la memoria estética o "de moda"
—como pañuelos o murales decorativos— que, sin discurso político profundo,
genera un "vaciamiento" donde los símbolos pierden fuerza para
interpelar la verdad histórica y judicial. Establece un paralelismo potente
entre Martín Miguel de Güemes y Miguel Ragone: ambos eliminados por élites sociales
por defensores sectores vulnerables —Güemes protegiendo campesinos y gauchos de
saqueos españoles hace 200 años, Ragone impulsando justicia social para los más
necesitados dos siglos después—; por victimarios idénticos, ya que sectores que
hoy homenajean a Güemes descienden de quienes lo mataron y repitieron el acto
con Ragone; y por su lucha compartida por la soberanía económica y territorial,
frenando proyectos que llevarán riqueza a las mayorías populares. Esta
continuidad histórica eleva a Ragone a prócer provincial, vinculando sus
muertes como intentos de bloquear ideales de equidad e independencia.

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