marzo 2026
en el contexto de un PJ intervenido
y mi deseo que se re funde en un partido popular y nacional.
La voluntad política no alcanza. La buena
fe militante no alcanza. Si las reglas del juego premian la intriga por encima
de la propuesta, los mejores cuadros serán desplazados por los mejores
operadores. Por eso, desde que renuncié al Consejo en 2022 y en cada
conversación con compañeros desde entonces, he insistido en que el PJ Salta
necesita cambiar no solo sus caras sino sus reglas. En 2026, en el marco de la
intervención, esa discusión es más urgente que nunca. Les propongo pensar
juntos un Reglamento de Competencia Programática.
El Balance Histórico Obligatorio
Ninguna agrupación debería poder presentar
candidaturas ni disputar espacios de conducción sin haber presentado
previamente un documento de balance histórico compartido. No hay programa
posible sin un diagnóstico honesto de qué salió mal. El menemismo, el fracaso
del Frente de Todos, las derrotas locales: todo debe poder nombrarse y
analizarse. Una agrupación que no puede explicar por qué el peronismo perdió
tampoco puede explicar cómo va a ganar.
El Consejo de Agrupaciones de Base
La representación de las agrupaciones no
puede seguir siendo decorativa. Se necesita crear un Consejo de Agrupaciones de
Base con voz y voto real en la planificación estratégica del partido. La
participación debe medirse no por la lealtad a la cúpula, sino por el aporte de
cuadros técnicos y territoriales al programa común. Las agrupaciones que hoy
funcionan como refugios de identidad deben convertirse en usinas de propuestas
que lleguen a la institución y la transformen desde adentro.
Los Foros de Disputa Programática
Antes de cada elección interna, el PJ debe
organizar foros públicos donde cada agrupación presente su mapa estratégico: a
quién representa, cómo enfrenta al capital financiero, cuál es su propuesta
para el empleo, para la educación, para la soberanía del norte salteño. La
evaluación de esas propuestas debe hacerse por la solidez del argumento y la
capacidad de organización territorial, no por la simpatía ni por el operativo
de movilización. Y cualquier agrupación que base su campaña en la difamación
del compañero debe quedar fuera de la competencia.
Un reglamento programático no es un trámite
burocrático más; es la diferencia entre un partido que educa a sus militantes y
uno que los usa. Les convoco a discutir estas reglas en sus agrupaciones, a
llevarlas al debate provincial, a exigirle al PJ Salta que cambie las reglas
del juego. Mientras las reglas premien la intriga, seguiremos eligiendo
gestores cuando necesitamos cuadros. La decisión está en nosotros.
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