marzo 2026
en el contexto de un PJ intervenido
y mi deseo que se re funde en un partido popular y nacional.
En noviembre de 2022 presenté mi renuncia
al Consejo Provincial del PJ Salta. No fue una decisión fácil ni fue tomada en
soledad: fue el resultado de meses de comprobar que la institución se había
vuelto inviable como espacio de conducción política. Lo que denuncié entonces
no era un conflicto personal; era un proceso estructural que, si no se detenía,
llevaría al partido adonde lo vemos hoy, en 2026: paralizado por la
intervención, dividido por intereses burocráticos, sin programa que ofrecerle
al pueblo salteño.
La Inviabilidad Institucional
El Consejo Provincial había dejado de ser
un órgano de conducción para transformarse en un espacio de disputa por cuotas
de poder. Las decisiones no emanaban de un debate político genuino; emanaban de
acuerdos de cúpula donde el criterio era la supervivencia de los propios antes
que la representación del conjunto. La participación de los sectores de base,
de las juventudes, de las organizaciones territoriales, era decorativa; no
modificaba nada. Denuncié esa inviabilidad porque creía, y sigo creyendo, que el
PJ no puede conducirse a sí mismo sin representar a todos sus sectores.
El Giro Conservador y Neoliberal
La segunda denuncia central de mi renuncia
fue ideológica: señalé un giro conservador y neoliberal en la rearticulación
del partido. Esto no significa que todos sus dirigentes se volvieran
neoliberales por convicción; significa que la lógica de adaptación al poder
existente, de gestionar el statu quo antes que desafiarlo, fue penetrando las
estructuras del PJ hasta volverse el sentido común dominante. Un partido
peronista que no cuestiona el modelo económico que empobrece a los trabajadores
ha traicionado su razón de ser.
La Renuncia como Señal, No como Abandono
Renuncié al Consejo pero no renuncié al
peronismo ni a Salta. Mi salida fue lo que algunos llaman una renuncia
constituyente: romper con lo viejo para habilitar la posibilidad de algo nuevo.
Propuse desde entonces construir una oposición moderada e interna que
mantuviera viva la identidad peronista mientras la burocracia naufraga. Esa
construcción sigue siendo válida hoy y requiere de cada agrupación de base que
comparta este diagnóstico.
Lo que denuncié en 2022 no fue un capricho
ni una herida personal. Fue la descripción de un proceso que hoy todos pueden
ver con claridad. La pregunta ya no es si el diagnóstico era correcto; la
pregunta es qué hacemos ahora, en 2026, con ese diagnóstico como punto de
partida. Las agrupaciones de base son la única fuerza que puede cambiar el
rumbo. Depende de ustedes.
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