Se analiza aquí las estrategias silenciosas de construcción de fuerza partidaria en la Argentina de 2026. En el centro de esta arquitectura se ubica el Grupo PRAXIS en Salta, un "laboratorio" de cuadros políticos que busca transformar la acción militante en reflexión intelectual, operando en ámbitos académicos y territoriales para formar la narrativa del futuro.
El texto explora una profunda disputa por el sentido de la
solidaridad y los valores populares. Por un lado, la figura póstuma de Francisco
es rescatada por el peronismo como un "significante de unidad" para
dotar de ética su programa político. Por el otro, emerge la sombra de figuras
como Dante Gebel, cuyo influjo en sectores vulnerables desafía la base
histórica del movimiento con narrativas de éxito individual ajenas al
colectivismo tradicional.
Finalmente, el documento detalla la dimensión orgánica
mediante la intervención del PJ en Salta, hoy bajo la conducción de Pablo
Kosiner. Su rol es el de "ordenar la casa", mitigando las
fracturas internas para consolidar un frente amplio de cara a 2027, donde la
eficacia técnica y la mística simbólica converjan para recuperar el poder.
LOS ARQUITECTOS DEL PODER
Cómo los partidos políticos construyen fuerza, conquistan lealtades y se preparan para ganar. Abordajes sobre la tensión entre Francisco y Gebel en la identidad del grupo PRAXIS Salta.
Un ensayo de
divulgación política
Síntesis del texto
Antes de que comiencen las campañas, antes de que
aparezcan los carteles y los discursos, hay un trabajo silencioso. Este ensayo
cuenta cómo se hace ese trabajo: cómo un partido político construye poder desde
abajo, con ideas, territorios y símbolos.
— ✦ —
Contenidos:
El poder de un nombre, de una imagen, de una frase
II. El Territorio Como Laboratorio
Por qué Salta importa más de lo que parece
¿Qué es un grupo de cuadros políticos?
El arte de estar donde nadie mira
III. La Memoria Como Arma Política
Cuando el pasado trabaja para el futuro
Convertir el duelo en programa
La batalla cultural: pelear antes de que haya
elecciones
IV. La Organización Por Dentro
Cómo se arma un partido político en la práctica
La figura del candidato técnico
V. Los Que No Están en el Partido
La competencia fuera del sistema tradicional
La respuesta: ética frente a marketing
Por qué las elecciones se ganan antes de que lleguen
El trabajo territorial: estar donde los demás no están
La formación ideológica: dar palabras a lo que se
siente
La alianza de sectores: sumar sin perder
Más allá del peronismo y de Salta
El poder de un nombre, de una imagen, de una frase
Cuando el papa Francisco murió el 21 de abril
de 2025, Argentina contuvo el aliento. Jorge Mario Bergoglio había sido el
primer papa latinoamericano, el primero en llevar el nombre del santo de los
pobres, el primero en hablar con la franqueza de quien conoce los barrios de la
periferia. Pero pocas semanas después del duelo, algo curioso comenzó a
suceder: los políticos empezaron a hablar de él.
No era solo sentimiento. Era estrategia.
Esto no es nuevo en la historia. Los partidos
políticos siempre han buscado figuras que los trasciendan: personalidades que
generen afecto, que sinteticen valores, que digan en una sola imagen lo que una
plataforma no termina de explicar. Juan Manuel de Rosas fue usurpado por unos y
demonizado por otros. Evita Perón fue llorada y prohibida por distintos
gobiernos. El Che Guevara terminó en remeras de personas que votarían
exactamente lo contrario de lo que él predicaba.
Un símbolo político es como una bandera: no importa tanto
quién la bordó, sino quién la levanta y hacia dónde marcha.
En el caso de Francisco, el movimiento
peronista vio una oportunidad extraordinaria. Un hombre nacido en Buenos Aires,
criado en los valores de la solidaridad, que había recorrido el mundo hablando
de los pobres, del medioambiente, del peligro del individualismo extremo. Sus
encíclicas —documentos oficiales de la Iglesia Católica que desarrollan
posturas sobre grandes temas del mundo— se convirtieron, casi sin que nadie lo
declarara explícitamente, en material de lectura política.
La operación es sutil pero poderosa: si
Francisco dijo que "la tierra, el techo y el trabajo" son derechos
fundamentales, y si el peronismo lleva décadas defendiendo esas mismas
banderas, entonces Francisco habría sido, de algún modo, peronista. Y si el
peronismo es el heredero de esa visión, entonces votar peronismo es votar por
los valores del papa.
Por qué esto funciona
Para entender por qué esta clase de maniobra
produce efectos reales, hay que entender una cosa básica sobre la política: la
gente no vota principalmente con la razón. Vota con la identidad.
Cuando alguien marca una boleta, en el fondo
está diciendo quién es. Está diciendo a qué comunidad pertenece, qué valores
considera sagrados, con quién se identifica. Por eso los partidos invierten
tanto en construir lo que los analistas llaman un relato: una historia
coherente sobre el pasado, el presente y el futuro que hace que sus votantes se
sientan parte de algo más grande que ellos mismos.
El peronismo, en particular, ha sido
históricamente muy hábil en este juego. Nació con Perón y Evita como
protagonistas casi mitológicos. Con el tiempo incorporó la figura de Néstor
Kirchner, luego la de Cristina Fernández de Kirchner. Cada momento de crisis
fue seguido por una búsqueda de una nueva figura aglutinante. La muerte de
Francisco abrió ese espacio simbólico de nuevo.
— "Un significante de unidad",
lo llaman los politólogos. Un nombre que puede ser interpretado por muchos de
maneras distintas, pero que a todos los convoca.
— ✦ —
Por qué Salta importa más de lo que parece
La política nacional se decide, en
apariencia, en Buenos Aires. Los grandes discursos, los acuerdos entre cúpulas,
las tapas de los diarios: todo parece pasar en esa ciudad enorme que concentra
tanto poder. Pero los que saben de política saben que el verdadero trabajo se
hace en otro lado.
Se hace en Salta, en Tucumán, en Chaco, en
las provincias que conforman el norte argentino. Se hace puerta a puerta, en
reuniones de barrio, en universidades públicas, en sindicatos, en parroquias.
Se hace donde la gente vive sus problemas concretos: la falta de agua, el
trabajo informal, la escuela con techos que se caen.
En ese escenario, Salta ha emergido en los
últimos años como lo que los estrategas políticos llaman un laboratorio: un
territorio donde se ensayan ideas, se prueban liderazgos y se diseñan modelos
que luego pueden replicarse en otras provincias. Y en ese laboratorio opera,
entre otros actores, un grupo llamado PRAXIS.
¿Qué es un grupo de cuadros políticos?
Para entender qué hace PRAXIS, primero hay
que entender un concepto que los partidos utilizan pero rara vez explican: la
formación de cuadros.
Un cuadro político no es simplemente un
militante que reparte boletas o pega afiches. Es alguien que ha sido formado
intelectualmente para entender los problemas de fondo, para argumentar con
solidez, para conectar las ideas grandes con las realidades pequeñas. Es quien
puede explicar en una asamblea de vecinos por qué el precio del litio en la
Puna tiene que ver con la soberanía nacional. Es quien puede traducir un
documento complejo en un discurso de diez minutos que la gente entienda y
recuerde.
Los partidos políticos que quieren durar en
el tiempo necesitan cuadros. Sin ellos, son solo maquinarias electorales que
funcionan cuando hay candidatos caros y se caen a pedazos cuando el candidato
pierde o muere. Con cuadros, el partido puede sobrevivir porque la ideología ya
no está en una sola persona: está distribuida, enseñada, aprendida.
El nombre PRAXIS remite a una palabra griega que
significa, aproximadamente, "la acción que transforma". No cualquier
acción: la que nace de la reflexión, la que sabe por qué hace lo que hace.
En Salta, el Grupo PRAXIS ha construido su
presencia sobre tres pilares: la Universidad Nacional de Salta como espacio de
debate académico, las organizaciones territoriales como espacio de acción
concreta, y los conversatorios —encuentros de reflexión y discusión— como
puente entre ambos mundos.
El arte de estar donde nadie mira
Una de las estrategias más efectivas de los
partidos que buscan construir poder a largo plazo es la de penetrar los
espacios que parecen apolíticos. La universidad, las asociaciones civiles, los
grupos religiosos, las cámaras de comercio. Espacios donde la gente se reúne
por razones que no son electorales pero donde, inevitablemente, se construyen
opiniones, se forman criterios, se generan redes de confianza.
PRAXIS ha hecho exactamente eso. Sus
integrantes participan en debates académicos sobre pobreza, sobre el futuro del
trabajo, sobre los recursos naturales del norte argentino. Escriben artículos,
organizan conferencias, promueven el estudio de documentos históricos del
peronismo como la "Comunidad Organizada" de Perón. No buscan ganar
votos en ese momento. Buscan algo más valioso: formar la manera en que ciertas
personas piensan sobre la política y la sociedad.
Cuando llega el momento electoral, esas
personas ya tienen un marco. Ya tienen palabras para nombrar lo que sienten. Ya
tienen una narrativa que les explica por qué votar de determinada manera no es
solo conveniencia sino convicción.
— ✦ —
Cuando el pasado trabaja para el futuro
En abril de 2026, al cumplirse el primer
aniversario de la muerte de Francisco, algo llamó la atención. Mientras en la
Basílica de Luján se realizaba el acto oficial —con la tensión habitual entre
dirigentes que compiten por los primeros planos—, en Salta ocurría algo
diferente y, en cierto modo, más significativo.
Durante semanas, el Grupo PRAXIS organizó una
serie de conversatorios. No misas, no actos políticos disfrazados de homenaje:
conversatorios. Encuentros donde académicos, militantes, estudiantes y vecinos
se sentaban a discutir. La obra de Francisco. La pedagogía y la política
comunitaria. La justicia social y los derechos humanos. El litio y la
soberanía. La antipolítica como fenómeno social.
¿Por qué esto es una estrategia política y no
solo un gesto cultural?
Porque la memoria tiene una función política
fundamental: legitima. Cuando un partido puede decir "nosotros somos los
herederos de esta figura, de esta tradición, de estos valores", está
construyendo una autoridad que va mucho más allá de lo que cualquier candidato
puede ofrecer por sí solo. Está diciendo: "Estamos del lado correcto de la
historia".
El control del relato del pasado es, frecuentemente, la
batalla más importante del presente.
Convertir el duelo en programa
Lo que hicieron los conversatorios de abril
de 2026 fue algo técnicamente sofisticado: transformar el sentimiento de
pérdida colectiva en agenda política concreta. Cada mesa de debate sobre las
enseñanzas de Francisco terminaba con preguntas implícitas —o explícitas— sobre
el presente argentino.
Si Francisco enseñó que la tierra, el techo y
el trabajo son derechos inalienables, ¿qué partido defiende eso hoy? Si
Francisco dijo que hay que cuidar la casa común, ¿quién tiene una política
ambiental coherente? Si Francisco denunció la globalización de la indiferencia,
¿qué modelo económico encarna esa indiferencia y cuál la resiste?
Las preguntas estaban formuladas de manera
que las respuestas parecieran obvias. Ese es exactamente el objetivo de este
tipo de trabajo político: no convencer mediante el debate, sino crear un clima
en el que determinadas conclusiones se sientan como sentido común.
La batalla cultural: pelear antes de que haya
elecciones
Los politólogos tienen un concepto para
describir este fenómeno: hegemonía cultural. La idea, desarrollada por el
pensador italiano Antonio Gramsci, sostiene que el poder no se mantiene solo
con la fuerza o con el dinero, sino con la capacidad de hacer que ciertos
valores y visiones del mundo parezcan naturales, inevitables, de sentido común.
Un partido que logra hegemonía cultural no
necesita convencer a nadie en cada elección. Ya convenció antes, en las
escuelas, en los medios, en la cultura popular, en los espacios académicos. La
elección es casi un trámite.
Por supuesto, la hegemonía cultural total
rara vez se alcanza. Pero la disputa por ese territorio simbólico es constante.
Los conversatorios de PRAXIS en Salta son, en ese sentido, trincheras. Espacios
donde se libra la batalla antes de que empiece la campaña.
— "La memoria debe desbordar el
aula", dice uno de los lemas que circuló en esos encuentros. La frase
resume perfectamente el proyecto.
— ✦ —
Cómo se arma un partido político en la práctica
Hay algo que la televisión rara vez muestra:
el trabajo cotidiano, burocrático y a veces tedioso de construir un partido
político. Las reuniones que terminan a medianoche sin acuerdo. Los documentos
que nadie lee. Las internas que desgastan más que las elecciones mismas.
En el peronismo salteño, este trabajo interno
es visible en la figura de la intervención del Partido Justicialista. Cuando un
partido entra en crisis —por derrotas electorales, por disputas entre
facciones, por escándalos o simplemente por falta de liderazgo— suele
designarse un interventor: alguien de afuera o de arriba que viene a ordenar la
casa.
En Salta, ese rol está actualmente en manos
de Pablo Kosiner, quien reemplazó a Sergio Berni en la conducción del proceso
de normalización. El objetivo declarado es preparar al partido para las
elecciones de 2027, lo que implica resolver viejas peleas, alinear a los
distintos sectores bajo una misma estrategia y decidir quiénes serán los
candidatos.
El problema de la unidad
Una de las mayores dificultades de cualquier
partido grande es la unidad. Los partidos no son bloques monolíticos: son
coaliciones de grupos con intereses, visiones e historias distintas. En el
peronismo, esto es especialmente visible: hay kirchneristas y
antikirchneristas, sindicatos y movimientos sociales, gobernadores con
proyectos propios y dirigentes nacionales con otras agendas.
Lograr que todos esos grupos marchen juntos
hacia una elección requiere lo que en la jerga política se llama una narrativa
de unidad: una idea lo suficientemente grande y lo suficientemente vaga como
para que cada sector pueda sentirse incluido sin tener que renunciar a sus
particularidades.
La figura de Francisco cumple exactamente esa
función. Porque Francisco fue lo suficientemente amplio en sus valores —habló
de los pobres, del medioambiente, de la paz, de la familia— como para que
distintos sectores del peronismo puedan apropiarse de algún fragmento de su
legado sin contradecirse entre sí. El franciscanismo político es, en ese
sentido, un pegamento ideológico.
Los partidos exitosos no son los que tienen una ideología
pura e incontaminada. Son los que tienen una ideología lo suficientemente
flexible como para contener multitudes sin romperse.
La figura del candidato técnico
En este escenario, emerge una figura que los
analistas políticos reconocen bien: el candidato técnico. Alguien que no viene
de la política de aparato, que no tiene el lastre de las peleas internas, que
puede hablar de gestión y administración con credibilidad, y que al mismo
tiempo comparte los valores del movimiento.
En Salta, ese perfil parece encarnarse en
figuras como Emiliano Estrada, mencionado como referente con proyección. El
argumento implícito es el siguiente: en un contexto de descrédito de la
política tradicional, un perfil técnico puede llegar a votantes que de otra
manera se quedarían en casa o votarían por opciones antisistema.
Esta estrategia no es nueva. Muchos partidos
en crisis han recurrido a ella. El desafío es que el candidato técnico, una vez
que llega al poder, necesita también ser político: negociar, construir
mayorías, tomar decisiones que no siempre son técnicas sino profundamente
valorativas.
— ✦ —
La competencia fuera del sistema tradicional
Toda esta arquitectura de símbolos, cuadros y
territorios se construye en un contexto que la complica enormemente: el
crecimiento de lo que los politólogos llaman la antipolítica.
La antipolítica es el sentimiento, cada vez
más extendido en Argentina y en el mundo, de que los partidos tradicionales no
representan a nadie. De que los políticos son todos iguales. De que votar no
cambia nada. De que el sistema está capturado por intereses que nada tienen que
ver con la gente común.
Este sentimiento genera un tipo de votante
que los partidos establecidos temen: el votante volátil, que en cada elección
puede ir a cualquier lado, que no tiene lealtad partidaria, que busca algo que
le genere emoción o esperanza o simplemente rabia canalizada.
El fenómeno del outsider
En Argentina, este fenómeno tomó una forma
muy concreta con figuras como Javier Milei, quien llegó a la presidencia desde
fuera del sistema. Pero también, de manera diferente, está tomando forma en el
espacio religioso con figuras como Dante Gebel, un pastor evangélico de origen
argentino radicado en Los Ángeles que tiene millones de seguidores en toda
América Latina.
¿Qué tiene que ver un pastor con la política?
Mucho más de lo que parece. El crecimiento del evangelismo pentecostal en
Argentina —que ya alcanza a aproximadamente el 20% de la población— ha creado
comunidades de pertenencia fuertes, con sus propios códigos, sus propias
narrativas de éxito y fracaso, sus propias figuras de autoridad. Estas
comunidades votan, y no siempre de manera predecible.
Lo que preocupa al peronismo no es que Gebel
sea candidato —no lo es— sino que su influencia moldea la manera en que
millones de personas pobres y de clase media baja piensan sobre la vida, el
esfuerzo, el éxito y la solidaridad. Si esa visión es incompatible con la
solidaridad colectiva que predica el peronismo, entonces el peronismo tiene un
problema electoral en los sectores que históricamente fueron su base.
La competencia más peligrosa para un partido político no
siempre viene de otro partido. A veces viene de un predicador, un influencer,
un conductor de televisión que no busca votos pero forma opiniones.
La respuesta: ética frente a marketing
La estrategia que el Grupo PRAXIS ha diseñado
para enfrentar este desafío es interesante en términos políticos: no competir
en el mismo terreno. No intentar ser más entretenido que Gebel ni más
rupturista que Milei. Sino afirmar que el peronismo tiene algo que esas figuras
no tienen: historia, raíces, una tradición de transformación real.
El argumento es el siguiente: el marketing
político puede ganar una elección, pero no puede gobernar. El populismo
mediático puede movilizar emociones, pero no puede construir hospitales,
escuelas ni trabajo genuino. Solo un movimiento con estructura territorial
real, con cuadros formados, con una doctrina coherente puede hacerlo.
Es un argumento que puede o no convencer a
los votantes. Pero es, en todo caso, un argumento político serio: no apela a la
emoción sino a la experiencia histórica.
— ✦ —
Por qué las elecciones se ganan antes de que
lleguen
A casi dos años de las elecciones
presidenciales de 2027, el peronismo está haciendo exactamente lo que se hace
en esa etapa: sembrar. No cosechar todavía, porque es demasiado temprano. Pero
preparar el suelo, regar las ideas, fortalecer las redes.
La estrategia que emerge del trabajo del
Grupo PRAXIS y de la intervención del PJ en Salta tiene varios componentes que
vale la pena distinguir, porque son los mismos componentes que utilizan los
partidos en todo el mundo cuando intentan remontar desde una posición difícil.
El trabajo territorial: estar donde los demás no
están
El primer componente es territorial. Mientras
el gobierno nacional ocupa el centro del escenario con sus grandes anuncios y
sus grandes polémicas, el peronismo está trabajando en los márgenes: en las
universidades del norte, en los sindicatos de las economías regionales, en las
comunidades indígenas de la Puna. Está escuchando problemas que el poder
central no suele escuchar. Está construyendo lealtades que difícilmente se
rompen con una campaña publicitaria.
La formación ideológica: dar palabras a lo que se
siente
El segundo componente es ideológico. Los
conversatorios no son solo eventos de cohesión interna. Son laboratorios de
lenguaje: espacios donde se producen las frases, los conceptos, los argumentos
que luego circularán en la campaña. Cuando un militante explica en una asamblea
por qué la explotación del litio debe hacerse en beneficio de los salteños y no
de las empresas multinacionales, no está improvisando. Está reproduciendo un
discurso que fue construido con cuidado en esos espacios de formación.
La alianza de sectores: sumar sin perder
El tercer componente es la construcción de
alianzas. Un partido que llega solo a una elección llega débil. El peronismo
2027 está intentando construir lo que sus dirigentes llaman un frente amplio:
una coalición que incluya al kirchnerismo, a los sindicatos, a los movimientos
sociales, a sectores medios progresistas, y quizás también a algunos sectores
de centroizquierda que hoy no se identifican con el peronismo pero comparten
algunos valores.
La figura de Francisco sirve aquí también: es
un nombre que trasciende las fronteras internas del movimiento y que puede
funcionar como paraguas bajo el cual se reúnen sectores que de otra manera no
se hablarían.
La política es, en el fondo, el arte de hacer que gente
muy diferente marche en la misma dirección al menos durante el tiempo
suficiente para ganar una elección.
— ✦ —
Más allá del peronismo y de Salta
Este relato sobre el peronismo salteño,
Francisco y las elecciones de 2027 puede leerse de muchas maneras. Como crónica
de la política argentina. Como análisis de un movimiento en crisis que busca
reinventarse. Como estudio de caso sobre el rol de la religión en la política
contemporánea.
Pero hay una lectura más general que vale la
pena subrayar: lo que vemos aquí son los mecanismos universales mediante los
cuales los partidos políticos construyen poder. Mecanismos que no son
exclusivos del peronismo ni de la Argentina, sino que se repiten, con
variaciones culturales y contextuales, en prácticamente todos los sistemas
democráticos.
Los símbolos que legitiman. El territorio que
ancla. La memoria que orienta. Los cuadros que sostienen. Las alianzas que
suman. La narrativa que da sentido a todo lo anterior. Estos son los ladrillos
con los que se construye el poder político en democracia.
Entenderlos no implica estar de acuerdo con
quienes los utilizan. Implica algo más valioso: poder reconocerlos cuando
aparecen, poder hacer preguntas informadas sobre qué está ocurriendo detrás de
los discursos y los actos, poder ser ciudadanos más lúcidos en el momento en
que más importa serlo: cuando llega el momento de votar.
La democracia funciona mejor cuando los ciudadanos
entienden no solo qué les prometen los partidos, sino cómo construyen esas
promesas. Este ensayo fue escrito con esa convicción.
— ✦ —
———
Salta, Argentina — Abril de 2026

No hay comentarios:
Publicar un comentario