Soberanía Discursiva y Reconfiguración
de Fuerzas
El Peronismo Salteño ante la Dialéctica
de la Cooptación
Ensayo de divulgación · Conversatorio
Semana 1 del Ciclo de Debate Interno PJ Salta · 7 de mayo de 2026
Contenidos
Introducción:Cuando la casa necesita que la habiten
I. Pablo Kosiner: La casa de puertas abiertas
Launidad operativa como imperativo ético
II.El marco metodológico: Ragone, Torrejón y Gutiérrez abren el campo
FernandoPequeño Ragone: La genealogía como ancla
RubénGutiérrez: La mística como resistencia
DavidTorrejón (primera intervención): El debate como única salida
III.Los panelistas: Tres diagnósticos para un mismo problema
LuisMendaña: El origen burocrático de la desmovilización
GuidoGiacosa: La autocrítica como acto político
DavidTorrejón (segunda intervención): La arquitectura legal de la cooptación
Conclusión:La coherencia de un conversatorio bien convocado
Introducción: Cuando la casa necesita que la
habiten
El Partido Justicialista de Salta convocó
el 7 de mayo de 2026 a su primer conversatorio de un ciclo de debates internos
cuyo eje es tan directo como urgente: ¿cómo reconquistar la identidad
doctrinaria de un movimiento que, según sus propios referentes, ha sido
transformado en apéndice del oficialismo de turno? El encuentro —organizado por
el Ateneo Miguel Ragone, el Movimiento de Recuperación Justicialista y el grupo
PRAXIS— reunió a seis oradores con perfiles complementarios: el interventor del
partido, dos referentes de la apertura y la metodología del debate, y tres
panelistas con enfoques institucional, doctrinario y geopolítico
respectivamente.
El objetivo declarado del panel fue doble:
analizar la transformación del PJ en un "apéndice oficialista" y
proponer estrategias concretas para que la militancia recupere su rol histórico
como herramienta de justicia social. El presente ensayo recoge, integra y
merece las intervenciones de cada orador, para concluir examinando la
coherencia de la selección de voces en relación con ese objetivo.
I. Pablo Kosiner: La casa de puertas abiertas
El interventor del PJ salteño fue el primer
orador en tomar la palabra y lo hizo desde la autoridad institucional. Su
discurso se construye sobre tres pilares que, leídos en conjunto, constituyen
un diagnóstico indirecto del problema que el conversatorio busca resolver.
La unidad operativa como imperativo ético
Kosiner defiende que, frente a la gravedad
del contexto nacional, las "diferencias de matices" deben
subordinarse a la construcción de un frente opositor sólido. No se trata de
negar las tensiones internas, sino de reconocer que la parálisis generada por
el conflicto faccioso fue funcional al vaciamiento del partido. Cuando afirma
que lo más importante es "unirse para enfrentar el proyecto político cruel
y perverso" que gobierna la Argentina, está indicando que el primer
obstáculo a la recuperación es endógeno: la incapacidad de acordar prioridades
colectivas.
Identidad y proceso electoral: dos caras de la
misma moneda
Para el interventor, convocar elecciones
internas sin haber previamente redefinido qué es el peronismo sería un
ejercicio vacío. Esta tesis tiene un valor doble: reconoce que el partido
perdió nitidez identitaria —condición necesaria para convertirse en apéndice— y
plantea que la restauración debe ser simultáneamente institucional y
doctrinaria. No alcanza con el calendario electoral; hace falta saber qué se
está eligiendo defender.
La justicia social como antídoto político y ético
Citando al Papa Francisco, Kosiner rescata
la justicia social como "el mejor remedio" frente a la ultraderecha.
Lejos de tratarse de un recurso retórico nostálgico, la operación es política:
reposicionar la justicia social como herramienta vigente implica denunciar que
el Estado dejó de ser "director de un ordenamiento de equidad" y
comprometer al partido a disputar esa función. Este giro le permite conectar la
ética peronista con el debate electoral concreto de cara a 2027.
Kosiner abrió el espacio desde la legalidad
institucional para una discusión que muchos referentes preferirían evitar. Su
reconocimiento implícito de que el PJ debe "aprender a mirarse
sinceramente a los ojos" es una habilitación pública al debate que los otros
oradores aprovecharon para profundizar.
II. El marco metodológico: Ragone, Torrejón y
Gutiérrez abren el campo
Los tres referentes organizadores —Fernando
Pequeño Ragone, David Torrejón (en su primera intervención) y Rubén Gutiérrez—
no hablaron sobre los contenidos del debate, sino sobre las condiciones para
que el debate fuera posible. Construyeron juntos el encuadre epistemológico y
ético del conversatorio.
Fernando Pequeño Ragone: La genealogía como ancla
El representante del Ateneo Miguel Ragone
situó el encuentro en una "larga línea de tiempo" que une el
nacimiento de Evita, la organización de los trabajadores y el gobierno de
Miguel Ragone —primer gobernador trabajador de Salta. Esta operación de memoria
no es ornamental: al recordar que el peronismo salteño tiene una tradición
propia de resistencia, Pequeño ofrece a la militancia una identidad de origen
que no puede ser cooptada administrativamente. Nadie puede apropiarse de ese
legado mediante un decreto o una reforma de la Carta Orgánica.
Su segunda proposición, sobre el
"pensamiento silencioso" que las redes sociales generan en la
sociedad, introduce una hipótesis estratégica relevante: la aparente
inmovilización del ciudadano no es apatía definitiva, sino acumulación de
conciencia crítica que puede activarse en cualquier momento. El partido debe
estar preparado para interpelar ese proceso y no solo reaccionar cuando ya es
tarde.
La propuesta del debate "a calzón
quitado" fue la aportación metodológica más citada de la sesión. Su valor
está en transformar la cultura de la autocomplacencia partidaria en una
práctica de confrontación intelectual honesta. Un partido que funciona como
apéndice no tolera la crítica; Pequeño, al legitimar la disidencia interna,
ataca el núcleo de ese funcionamiento.
Rubén Gutiérrez: La mística como resistencia
Gutiérrez, desde PRAXIS, complementa la
lectura histórica de Pequeño con una dimensión de reconstrucción mística e
intelectual. Sus tesis coinciden en el diagnóstico —el PJ se desvió de su senda
histórica— pero enfatizan que la responsabilidad de la reorientación es
exclusiva de la militancia: "depende de nosotros". Esta afirmación,
repetida con insistencia, tiene una función política precisa: desplazar la
carga de la recuperación desde las cúpulas hacia la base organizada.
Su análisis sobre el impacto de la
virtualidad en la militancia es honesto: reconoce que la participación digital
es una herramienta válida pero insuficiente si no está anclada en una identidad
compartida. La integración del streaming y las redes debe servir para
amplificar la mística, no para reemplazarla.
David Torrejón (primera intervención): El debate
como única salida
En su apertura, Torrejón planteó la tesis
metodológica más exigente: el debate no puede tener "miramientos".
Esta propuesta implica aceptar que el diagnóstico sobre la crisis del partido
puede ser incómodo para algunos de los presentes, incluidos los organizadores.
La valentía de plantear la propia crítica como condición del encuentro es, en
sí misma, una ruptura con la lógica del apéndice, donde la obediencia sustituye
al pensamiento.
Su insistencia en que la unidad debe ser
"programática" y no "declamativa" anticipa la discusión
técnico-institucional que desarrollará más adelante. La unidad de palabras sin
proyecto de fondo es, precisamente, el mecanismo que permitió al partido
funcionar como herramienta de otros intereses.
III. Los panelistas: Tres diagnósticos para un
mismo problema
Los tres panelistas principales representan
enfoques complementarios que, juntos, construyen una anatomía completa de la
cooptación del partido: su dimensión socioeconómica (Mendaña), su dimensión
doctrinaria e individual (Giacosa) y su dimensión institucional y normativa
(Torrejón en segunda intervención), más la proyección geopolítica (Juárez
Campos).
Luis Mendaña: El origen burocrático de la
desmovilización
Mendaña ofrece el análisis más descarnado
sobre cómo el partido perdió su conexión con la base social. Su tesis central
—que el PJ se transformó en una "estructura electoral vacía"— tiene
una explicación concreta: las conducciones desconfiaron de los cuadros propios
y los reemplazaron por operadores de la gestión estatal que administran pero no
movilizan.
El diagnóstico sobre el "abuso de la
lista única" es especialmente valioso porque nombra el mecanismo preciso
del verticalismo: cuando unos pocos manejan "la lapicera", el
afiliado común deja de tener incentivos para participar. La democracia interna
no es un valor abstracto; es la condición material de la movilización.
Quizá la autocrítica más punzante de
Mendaña es la relativa a la justicia social como eje de trabajo. El peronismo
—afirma— falló en su consigna de que cada trabajador debe producir lo que
consume, permitiendo que generaciones dependan de planes sociales en lugar de
trabajo digno. Este desplazamiento del eje organizativo del trabajo a la
gestión de la asistencia no solo fue una traición doctrinaria: fue la
herramienta que el adversario político usó para ganar elecciones estigmatizando
a los propios beneficiarios de las políticas peronistas.
Para la recuperación, Mendaña propone
volver a las "20 verdades" peronistas no como nostalgia sino como
brújula viva, y advierte que si el PJ no genera una alternativa real, el
sistema producirá "otras caras" —menciona a Villarruel— dispuestas a
cumplir la misma función extractiva con mayor eficacia.
Guido Giacosa: La autocrítica como acto político
Giacosa es el orador que más explícitamente
asume su parte de responsabilidad en la crisis. Esa honestidad no es confesión
sino estrategia: para que el partido deje de ser apéndice, cada militante debe
reconocer cómo sus propias decisiones contribuyeron a esa función subordinada.
Su definición del peronismo como
"herramienta de resistencia frente a la colonización" reencuadra el
problema en términos históricos profundos. La cooptación oficialista no es un
fenómeno nuevo ni exclusivamente salteño; es la reedición contemporánea de la
condición semicolonial que el peronismo nació para combatir. Esta lectura tiene
una consecuencia política inmediata: votar leyes como el RIGI o el ajuste
previsional, aunque se haga en nombre del peronismo, es una colaboración con el
modelo que el movimiento históricamente resistió.
Su propuesta de construir un partido
"independiente de la lógica presupuestaria" ataca el nudo gordiano de
la cooptación: mientras la militancia dependa económicamente de las estructuras
estatales del oficialismo de turno, la independencia política es una aspiración
nominal. La emancipación doctrinaria requiere, como condición previa, una
emancipación material.
David Torrejón (segunda intervención): La
arquitectura legal de la cooptación
La segunda intervención de Torrejón
complementa perfectamente su apertura metodológica con un análisis
técnico-institucional que constituye la contribución más específica del panel.
Mientras los otros oradores hablan de cultura, mística o doctrina, Torrejón
pone nombre y número a los mecanismos de la cooptación.
Su tesis central es que la transformación
del PJ en apéndice oficialista no fue accidental sino el resultado de reformas
deliberadas de la Carta Orgánica. La creación de la Comisión de Acción Política
(CAP), que concentraba las facultades del Consejo y el Congreso Provincial en
dieciocho personas designadas por el gobernante de turno, es el ejemplo más
claro: un dispositivo normativo que vaciaba los órganos colegiados del partido
y los reemplazaba por una estructura de designación vertical. La sede partidaria
quedó sin comisiones temáticas, sin dinámica interna, sin razón de ser más allá
del ciclo electoral.
La eliminación de la CAP en el congreso de
Cafayate —celebrada como un triunfo por Torrejón— muestra que la recuperación
institucional es posible cuando la militancia organizada exige la reforma de
las reglas del juego. Pero la reforma estatutaria no alcanza si no va
acompañada de una escuela de formación política que garantice el relevo
generacional: sin cuadros formados, la democratización formal se vacía de
contenido.
Nicolás Juárez Campos: La cooptación como fenómeno
global
Juárez Campos eleva el análisis al plano
geopolítico y cultural, situando la crisis del PJ salteño en el marco de una
disputa global entre modelos de desarrollo. Su aporte más original es la
categoría de "fraude semántico": el sistema utiliza el lenguaje
peronista para ocultar la subordinación a intereses extranjeros. El problema no
es solo que el partido haya sido cooptado institucionalmente, sino que la
colonización ha penetrado hasta el vocabulario con que se piensa la política.
Su propuesta de "insubordinación
ideológica" a través de la reforma educativa es, en cierta forma, la
versión cultural del argumento institucional de Torrejón: así como la carta
orgánica era el mecanismo normativo de la cooptación, el sistema educativo es
el mecanismo cultural de la colonización mental. Juárez Campos propone
recuperar a los pensadores nacionales —Jauretche, Scalabrini Ortiz— para dotar
a las nuevas generaciones de un marco interpretativo propio.
Su planteo sobre la soberanía tecnológica y
la inserción en los BRICS conecta la justicia social con la soberanía
económica: no hay felicidad del pueblo sin grandeza de la nación, y esa
grandeza hoy pasa por el desarrollo científico-tecnológico y por un realineamiento
geopolítico que rompa la dependencia. Es la dimensión más prospectiva del panel
y la que más deliberadamente mira hacia el horizonte de gobierno.
Conclusión: La coherencia de un conversatorio bien
convocado
El conversatorio desarrolló una arquitectura
que no es azarosa. Cada orador fue convocado para ocupar un lugar específico en
la construcción del argumento colectivo, y el resultado es una anatomía
completa de la cooptación partidaria y de las vías posibles de recuperación.
Pablo Kosiner abrió el espacio desde la
legalidad institucional, dándole al encuentro la legitimidad del cargo sin
cerrar ningún debate. Fernando Pequeño Ragone y Rubén Gutiérrez establecieron
el encuadre ético-histórico y la metodología del debate honesto. David
Torrejón, en su intervención inicial, formalizó las condiciones para que esa
discusión fuera posible. Juntos, estos tres referentes construyeron el
andamiaje para que los panelistas pudieran operar sin autocensura.
Luis Mendaña aportó el diagnóstico
socioeconómico: el partido perdió su vínculo con la clase obrera porque
reemplazó la organización del trabajo por la gestión de la asistencia. Guido
Giacosa aportó el diagnóstico ético-doctrinario: la cooptación no es solo
estructural sino también de autoestima, y su reverso requiere autocrítica
personal antes que acusación externa. David Torrejón, en su segunda
intervención, aportó el diagnóstico institucional-normativo: la cooptación
tiene nombre en los estatutos y puede ser revertida si la militancia exige la
reforma de las reglas del juego. Nicolás Juárez Campos, finalmente, aportó la
dimensión geopolítica y cultural: la crisis del PJ salteño es una expresión
local de una disputa global, y su resolución requiere formación de cuadros
capaces de leer esa complejidad.
Estos cuatro enfoques no son
intercambiables ni redundantes: se necesitan mutuamente. El diagnóstico de
Mendaña sin el marco cultural de Juárez Campos queda reducido a una crítica de
gestión. El argumento doctrinario de Giacosa sin el análisis normativo de
Torrejón queda suspendido en la mística sin tocar las reglas que reproducen el
problema. Y todos ellos sin el encuadre metodológico de los organizadores
correrían el riesgo de convertirse en el tipo de debate cosmético que el
encuentro precisamente buscaba evitar.
Lo que emerge de la lectura integrada de
estos discursos es una hipótesis compartida: la cooptación del Partido
Justicialista no fue la victoria de un adversario externo sino el resultado de
un proceso interno de renuncia. Renuncia a la democracia interna, a la
formación de cuadros, a la independencia de las estructuras estatales, a la
centralidad de la justicia social como eje organizativo. Si la cooptación fue
un proceso, la recuperación también lo es. Y ese proceso, según los seis
oradores, solo puede iniciarse desde abajo: con debate honesto, reforma
estatutaria, formación política e identidad doctrinaria recuperada.
El conversatorio no resolvió ninguno de
estos problemas —no era ese su propósito. Su mérito fue otro: demostrar que la
casa todavía puede habitarse.
Partido Justicialista de Salta · Ciclo de
conversatorios · Semana 1 · 7 de mayo de 2026
