sábado, 19 de abril de 2025

Semana 1: El PJ como "Casa Materna" frente a la Cooptación

 



Conocer el desarrollo del panel en,

El Peronismo Salteño ante la Dialéctica de la Cooptación. Conversatorio 1 del Ciclo

https://ateneomiguelragone.blogspot.com/2026/05/el-peronismo-salteno-ante-la-dialectica.html 

y en 

La palabra de la militancia en el conversatorio “El PJ como casa materna”

https://ateneomiguelragone.blogspot.com/2026/05/la-palabra-de-la-militancia-en-el.html 


Síntesis

El PJ Salta se miró al espejo: crónica de un debate necesario

Ciclo de Conversatorios PJ Salta 2026 — Registro del primer encuentro

El 7 de mayo de 2026, el Partido Justicialista de Salta abrió un ciclo de conversatorios internos con una pregunta que pocos movimientos políticos se atreven a formular en voz alta: ¿por qué dejamos de ser lo que éramos? El encuentro, organizado por el Ateneo Miguel Ragone, el Movimiento de Recuperación Justicialista y el grupo PRAXIS, reunió en dos momentos complementarios a referentes partidarios, analistas y militantes de base. El resultado fue un diagnóstico colectivo tan incómodo como necesario.

La pregunta que nadie quería responder

El interventor del PJ salteño, Pablo Kosiner, abrió el espacio con una afirmación que marcó el tono de toda la jornada: antes de llamar a elecciones internas, hay que saber qué es lo que se elige defender. En sus palabras late el reconocimiento de que el partido perdió nitidez: durante años funcionó como apéndice de distintos gobiernos, subordinando su identidad doctrinaria a la lógica del poder de turno. Para Kosiner, el antídoto no es retórico sino concreto: la justicia social como eje organizativo vigente, no como nostalgia.

Fernando Pequeño Ragone, del Ateneo homónimo, situó el debate en una genealogía de resistencia propia del peronismo salteño, anclada en figuras como Eva Perón y el gobernador Miguel Ragone, primer gobernador trabajador de la provincia. Su aporte metodológico más recordado fue la propuesta de debatir sin autocomplacencia, de cara al propio pasado y sin miramientos. Rubén Gutiérrez, de PRAXIS, completó ese encuadre con una advertencia: la recuperación depende exclusivamente de la militancia, no de las cúpulas. Y David Torrejón estableció la condición de posibilidad de todo lo demás: la unidad solo tiene sentido si es programática, no puramente declarativa.

La anatomía de la cooptación

Los tres panelistas del primer bloque diseccionaron el problema desde ángulos distintos que, leídos en conjunto, construyen una imagen completa.

Luis Mendaña ofreció el diagnóstico más descarnado: el PJ se convirtió en una estructura electoral vacía porque las conducciones reemplazaron los cuadros propios por operadores de la gestión estatal. El mecanismo fue el abuso de la lista única: cuando unos pocos manejan quién entra y quién queda fuera, el afiliado común deja de tener razones para participar. Y cuando el partido sustituyó la organización del trabajo por la gestión de la asistencia social, entregó al adversario político la herramienta para estigmatizar a sus propios votantes.

Guido Giacosa aportó la dimensión ética: la cooptación no es solo estructural, sino también cultural. Mientras un legislador peronista vote a favor de leyes como el RIGI o el ajuste previsional, el partido estará colaborando con el modelo que históricamente vino a combatir. La autocrítica individual, propuso, es el punto de partida inevitable. Y la independencia de las estructuras estatales del oficialismo de turno es la condición material de cualquier independencia política real.

David Torrejón puso nombre técnico al mecanismo: la reforma silenciosa de la Carta Orgánica. La creación de una comisión que concentraba las decisiones de los órganos colegiados del partido en dieciocho personas designadas verticalmente fue la ingeniería institucional del vaciamiento. La sede partidaria quedó sin comisiones temáticas, sin vida interna, sin razón de ser fuera del ciclo electoral. Nicolás Juárez Campos elevó la mirada al plano global: la cooptación tiene una dimensión cultural que opera sobre el lenguaje mismo de la política. Recuperar pensadores nacionales como Jauretche o Scalabrini Ortiz, y disputar la soberanía tecnológica y geopolítica, son tareas tan urgentes como la reforma estatutaria.

La militancia tomó la palabra

En la segunda parte del encuentro, que fue en muchos sentidos la más reveladora; afiliados de base, un docente jubilado, un ex militar, jóvenes militantes y una referente de la comunidad LGBT dijeron, con menos vocabulario técnico pero con mayor precisión experiencial, exactamente lo mismo que los analistas del día anterior.

Una militante de base introdujo el concepto más perturbador de la sesión: la transformación de la militancia en meros aplaudidores, personas que validan sin deliberar ni proponer. El docente jubilado Gustavo Tilca lo precisó con evidencia normativa: la Carta Orgánica exige presentar candidatos en trece departamentos simultáneamente para poder competir internamente. Ese requisito no es una condición democrática; es un filtro que solo pueden superar quienes ya controlan la estructura. Lo llamó por su nombre: proscripción interna.

Un referente territorial señaló la responsabilidad individual de los legisladores que votan en contra del mandato popular, recordando que sin doctrina compartida un movimiento no puede exigirle coherencia a sus representantes. Una militante histórica fue aún más directa: la ostentación de lujo de parte de la dirigencia frente a un pueblo que no come no es un problema de imagen, es la señal más legible del divorcio entre la conducción y la base. Un joven militante denunció el discurso recurrente sobre la renovación generacional que lleva quince años repitiéndose sin traducirse en lugares reales de decisión. Una referente de la diversidad sexual cerró el círculo: las conquistas de derechos son patrimonio del movimiento, pero su defensa es vacía si el partido no tiene presencia real en los barrios donde el hambre es cotidiana.

Lo que el ciclo dejó

El conversatorio no resolvió ninguno de los problemas que planteó. Ese no era su propósito. Su mérito fue otro: demostrar que cuando referentes institucionales y militantes de base confluyen en el mismo diagnóstico —desde ángulos distintos y sin coordinación previa—, ese diagnóstico deja de ser opinión y se convierte en evidencia transversal.

El argumento que emerge del conjunto es uno solo: la cooptación del PJ salteño fue posible porque las reglas formales y la cultura de la obediencia se reforzaron mutuamente durante años. Revertirlo requiere tanto reforma de la Carta Orgánica como renovación ética. No alcanza con cambiar los estatutos si los mismos liderazgos que los usaron para excluir siguen definiendo quién entra y quién queda fuera. Y no alcanza con la autocrítica si no hay mecanismos democráticos reales que la conviertan en poder efectivo de la base.

Un partido que no se escucha a sí mismo no puede escuchar al pueblo. Ese fue, en síntesis, el acuerdo tácito de toda la sala. Y la convicción de que esa sordera no es irreversible fue lo que mantuvo encendida la discusión hasta el final.










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