sábado, 16 de mayo de 2026

El Peronismo Salteño en la Encrucijada: Entre el Lawfare Electoral de 2026 y la Memoria del proceso partidario que eliminó a Ragone

Ni Kosiner ni Gambetta: el partido es del afiliado.

Sería un error político que la militancia se alinee ciegamente detrás del interventor judicial Gambetta como si su designación fuera una victoria propia. No lo es. Gambetta no es un cuadro peronista: es un funcionario judicial con una misión técnica y acotada —normalizar el partido mediante elecciones—. Su legitimidad no viene de la identidad política sino del mandato de un tribunal. Cuando cumpla su función, se irá. El partido se queda.

Del mismo modo, sería un error desestimar completamente a Pablo Kosiner y a los sectores que representa. Su cronograma podría tener fallas jurídicas reales, pero también contenía una voluntad política —discutible en sus formas, no en su existencia— de ordenar el partido hacia adentro. Descartarlo sería tan simplista como injusto, y cerraría puertas que el peronismo salteño necesita mantener abiertas para construir la unidad que se viene.

El único norte legítimo en este proceso no es ni el interventor político ni el judicial: es el afiliado. Es el militante de barrio que lleva años sin que nadie le pregunte nada. Es la compañera que se alejó del partido no por desencanto con el peronismo sino por hartazgo de sus burocracias. Es el joven que se siente peronista pero no encuentra una estructura que lo convoque con sinceridad.

La voluntad de poder peronista popular —esa que en 1973 llevó a Ragone a la gobernación y que en 1976 obligó a sus enemigos a desaparecerlo para detenerla— no reside en ningún interventor. Reside en las bases. Reside en la capacidad del movimiento de reconstituirse desde abajo, de debatir con honestidad sus errores, y de presentarse ante la sociedad salteña con una identidad renovada y una conducción elegida democráticamente.

Que Gambetta haga su trabajo. Que Kosiner y sus espacios participen del proceso. Pero que ninguno de los dos defina el resultado. Eso le pertenece al afiliado. Siempre le perteneció.


Síntesis uno


El peronismo salteño está ante una encrucijada que no admite demoras ni medias tintas. La intervención judicial del partido —con la designación del Dr. José Luis Napoleón Gambetta como interventor— no es el final de un proceso: es, si la militancia lo decide, el comienzo de uno nuevo. Un proceso que solo tendrá sentido real si se construye desde abajo, desde los barrios, desde los afiliados que durante décadas esperaron en vano que alguien les devolviera la palabra.

Tres líneas de acción son urgentes e inseparables. La primera es el control militante del proceso: los grupos activos deben auditar cada informe quincenal del interventor, presionar públicamente por plazos mínimos y no permitir que la intervención judicial se convierta en una nueva versión de la parálisis burocrática que nos llevó a no presentar candidatos propios en 2025. La segunda es la afiliación masiva: salir a los barrios, a los municipios, al Chaco salteño y a los valles calchaquíes, a convocar a jóvenes, trabajadores y vecinos que se sienten peronistas pero no tienen hoy dónde expresarlo orgánicamente. La tercera es la unidad programática: cuando Gambetta abra el cronograma electoral, la militancia debe llegar con listas construidas en el debate genuino, no en el acuerdo de cúpula de siempre.

Estas tres acciones tienen una raíz común: la convicción de que la soberanía del afiliado no es un trámite administrativo, sino el único antídoto real contra el vaciamiento.

Y aquí la memoria se vuelve política. El 11 de marzo de 1976, tres días antes de que los afiliados del PJ Salta pudieran votar en sus internas, un grupo de tareas desapareció a Miguel Ragone para que esa elección no ocurriera. Sus enemigos sabían exactamente lo que hacían: sabían que el peronismo popular, cuando vota, gana. Hoy, cincuenta años después, nadie puede desaparecer a un afiliado para impedirle votar. Esa diferencia es civilizatoria, y es todo.

Ragone no puede votar. Nosotros, sí. Y eso obliga.




Por Fernando Pequeño Ragone
Ateneo Miguel Ragone

 

Ver también

 

 

Contenidos:

Introducción: Una Crisis que Tiene Historia

I. Los Liderazgos que Vaciaron el Partido: Burocracia,Proscripción Interna y Éxodo

1.1. Cuarenta Años Sin Elecciones: La Democracia que NoFue

1.2. El Urtubeyismo y la Figura de Kosiner: El Poder sinMovimiento

1.3. El Saenzismo y las Figuras de Amat y Outes: ElPeronismo que Mudó de Casa

1.4. El Resultado: Un Partido que No Presentó Candidatosen 2025

II. La Judicialización como Mecanismo de Desgaste: ElLawfare Electoral

2.1. El Expediente como Campo de Batalla

2.2. La Pérdida del Control Territorial: Salta y Jujuycomo Tenaza

III. Salta en las Vísperas del Golpe: El Crimen de Ragoney la Proscripción de 1976

3.1. La Primavera que Duró Poco

3.2. El Crimen como Límite Absoluto

IV. La Tesis Comparativa: Del Golpe de Estado al LawfareElectoral

4.1. Una Mutación en las Herramientas, una Continuidad en los Objetivos

4.2. El Denominador Común: El Aborto del Proceso Electoral

4.3. La Grieta Interna como Puerta de Entrada

V. Acciones a Seguir Frente a la Intervención Judicial:El Momento de Actuar

5.1. Acción 1 — Auditoría y Control Militante

5.2. Acción 2 — Campaña Masiva de Afiliación y Re-empadronamiento

5.3. Acción 3 — Unidad Programática y Armado de Listas Locales

VI. Lineas de Acción para la Militancia: Retomando elHilo

6.1. El Rechazo al Vaciamiento como Principio

6.2. La Defensa del Federalismo Partidario

6.3. La Soberanía del Afiliado como Meta

Conclusión: Ragone Vive en Cada Afiliado que Vota

Referencias Bibliográficas

 

 Síntesis dos

 

Introducción: Una Crisis que Tiene Historia

Escribo estas páginas desde Salta, en mayo de 2026, con la conciencia de que lo que está ocurriendo en los tribunales electorales de la Capital Federal no es un simple trámite burocrático. Es la última estación —por ahora— de un largo viaje de vaciamiento del Partido Justicialista en nuestra provincia. Un vaciamiento que no sucedió de golpe, sino gota a gota, durante décadas de liderazgos que priorizaron la acumulación de poder personal sobre la vitalidad democrática del movimiento.

El documento judicial del fallo emitido anoche por la Justicia Federal en Buenos Aires, —la resolución de la Justicia Electoral de mayo de 2026 que ordenó la intervención judicial del PJ Salta en la persona del Dr. José Luis Napoleón Gambetta— describe con frialdad técnica lo que la militancia de base percibe en carne propia: un partido que en las elecciones provinciales de 2025 no presentó candidatos propios, algo sin precedentes desde la recuperación democrática de 1983.

Desde mi trabajo en el Ateneo Miguel Ragone, que sostiene la memoria del gobernador peronista desaparecido el 11 de marzo de 1976, no puedo leer este presente sin anclarme en ese pasado. Las herramientas cambian —ayer, los tanques y los grupos de tareas; hoy, los expedientes y las declaraciones de acefalía— pero la voluntad de neutralizar al peronismo popular salteño tiene una continuidad que debemos nombrar.

Quiero, en primer lugar, explicar las diferencias entre los tipos de liderazgos que debilitaron al partido; en segundo lugar, analizar la judicialización como mecanismo de desgaste; en tercer lugar, historizar la Salta de 1976 para comprender el crimen de Ragone en relación con la intención más profunda de proscribir el peronismo nacional en las elecciones presidenciales del próximo año; y finalmente, trazar líneas de acción concretas para la militancia, convocando a la unidad de todas las expresiones del peronismo salteño.

 

I. Los Liderazgos que Vaciaron el Partido: Burocracia, Proscripción Interna y Éxodo

1.1. Cuarenta Años Sin Elecciones: La Democracia que No Fue

Existe una paradoja profunda en el corazón del peronismo salteño: el movimiento que históricamente encarnó la soberanía popular en Argentina lleva más de cuatro décadas sin elegir democráticamente a sus autoridades partidarias mediante elecciones internas genuinas y competitivas. Lo que hubo en ese tiempo fue, en el mejor de los casos, listas de unidad construidas en acuerdos de cúpula que, aunque recubiertos de un barniz de consenso, no son otra cosa que la negación del sufragio interno.

Una lista única, aunque nadie la impugne formalmente, no es democracia: es la administración burocrática del partido por parte de quien controla los resortes del poder en cada momento. Es la diferencia entre un árbol que crece y una maceta que acumula tierra sin raíces. Durante décadas, el PJ Salta fue esa maceta: vistosa en los momentos electorales, vacía en su vida orgánica cotidiana.

1.2. El Urtubeyismo y la Figura de Kosiner: El Poder sin Movimiento

Juan Manuel Urtubey gobernó Salta entre 2007 y 2019, y su gestión marcó a fuego la cultura interna del peronismo provincial. El modelo urtubeyista fue el de la verticalidad ejecutiva para lograr la excelencia y la centralidad en la conducción, lo que tras doce largos años de gestión dejó a los espacios de deliberación como organizados en el mando pero vacíos de contenido real.

Pablo Kosiner, figura que el documento judicial ubica como interventor designado por el Congreso Nacional del PJ en febrero de 2026, es el heredero más visible de esta tradición. Su designación y su cronograma —que fijaba elecciones internas para el 25 de octubre de 2026, excediendo largamente el vencimiento legal de la intervención— no fue leída por la Justicia Electoral como una voluntad genuina de normalización, sino como una extensión del método: la dilación como forma de gobierno partidario. El tribunal fue taxativo al señalar que esa estrategia representaba la consolidación de las "intervenciones sempiternas e injustificadas" que anulan la autonomía de las estructuras provinciales.

En términos políticos, el urtubeyismo dejó una herencia difícil de administrar: un partido acostumbrado a no deliberar, cuadros medios formados en la lealtad personal antes que en la identidad doctrinaria, y una base militante que fue migrando, fracción a fracción, hacia otros espacios o hacia la abstención organizada.

1.3. El Saenzismo y las Figuras de Amat y Outes: El Peronismo que Mudó de Casa

En el otro extremo del espectro interno encontramos una expresión distinta pero igualmente problemática para la salud del partido: la de quienes, desde las filas del justicialismo, terminaron construyendo su poder político en alineación con el gobierno provincial de Gustavo Sáenz, electo en 2019 bajo el sello de Juntos por el Cambio Salta. Las figuras de Esteban Amat Lacroix y Pablo Outes encarnan esta trayectoria.

Amat Lacroix es, según el propio documento judicial, la parte actora que impugnó el cronograma de Kosiner, tildándolo de "esquema preliminar, meramente estimativo y carente de efectos jurídicos vinculantes". Es decir: un referente con origen peronista utilizó los recursos de la justicia electoral para desestabilizar la conducción formal del partido a nivel nacional. No importa si tenía razón o no en los términos jurídicos —y en parte la tenía—: el efecto político fue el de profundizar la fractura, debilitar la estructura y abrir la puerta a una intervención judicial que ningún sector del peronismo salteño pidió.

Esta dinámica revela el segundo modelo de vaciamiento: el de la deserción organizada. Cuando figuras con historia peronista construyen su supervivencia política en alianza con un gobierno no peronista, el partido pierde no solo votos, sino también su relato de identidad. Los militantes de base quedan huérfanos: no saben bien a quién seguir, qué significa hoy ser peronista en Salta, ni qué diferencia hay entre el partido y sus variados intérpretes.

1.4. El Resultado: Un Partido que No Presentó Candidatos en 2025

La consecuencia más elocuente de estas décadas de vaciamiento burocrático y éxodo de fuerzas la describe el propio documento judicial con una frase que debería sacudir a cualquier militante: en las elecciones provinciales de 2025, el PJ de Salta no presentó candidatos propios. Algo inédito desde el retorno de la democracia en 1983. No fue una derrota electoral: fue una ausencia. Y la ausencia es la forma más radical de la derrota.

Un partido que no se presenta a elecciones no es un partido en crisis: es un partido que ha dejado de cumplir su función social y política esencial. Es el momento en que la maceta se rompe y la tierra cae sola.

 

II. La Judicialización como Mecanismo de Desgaste: El Lawfare Electoral

2.1. El Expediente como Campo de Batalla

La resolución de mayo de 2026 no surge en el vacío. Es la culminación de un proceso en el que la arena judicial se convirtió en el terreno privilegiado de la disputa política interna del peronismo. Este fenómeno —conocido internacionalmente como lawfare, o guerra jurídica— consiste en la utilización sistemática de los instrumentos legales y judiciales para neutralizar a actores políticos o debilitar estructuras partidarias desde adentro o desde afuera.

El documento describe con precisión los engranajes de este mecanismo: la parte actora impugnó el cronograma de Kosiner apoyándose en la literalidad de los plazos legales, logrando que el tribunal interpretara la propuesta de elecciones en octubre de 2026 como una maniobra para encadenar una "nueva intervención por 180 días". El Consejo Nacional del PJ, a su vez, convocó de urgencia a un Congreso Nacional para el 19 de mayo de 2026, intentando dictar una nueva intervención antes de que venciera la anterior. La justicia interrumpió ese circuito y nombró a Gambetta.

Cada movimiento en este tablero tiene consecuencias: cada audiencia, cada traslado no contestado a tiempo, cada resolución, erosiona la credibilidad pública del partido y consume los recursos políticos y organizativos de la militancia. El lawfare no necesita ganar: necesita demorar, desgastar, generar incertidumbre. Y en ese objetivo, resulta extraordinariamente eficiente.

2.2. La Pérdida del Control Territorial: Salta y Jujuy como Tenaza

El propio texto judicial explicita la conexidad con la situación del PJ de Jujuy, evidenciando que la pérdida de control de las estructuras orgánicas del peronismo en el norte argentino no es un hecho aislado sino un patrón. La pérdida simultánea de los distritos de Salta y Jujuy, ambos mediante fallos judiciales rigurosos en materia procedimental, funciona como una tenaza legal que debilita a la conducción nacional del partido de cara a las elecciones presidenciales del próximo año.

Quien no controla sus distritos no controla sus delegados. Quien no controla sus delegados no controla sus candidaturas. Y quien no controla sus candidaturas no controla su futuro electoral.

 

III. Salta en las Vísperas del Golpe: El Crimen de Ragone y la Proscripción de 1976

3.1. La Primavera que Duró Poco

Para comprender la analogía histórica que me propongo, es necesario retroceder exactamente cincuenta años. En mayo de 1973, el Dr. Miguel Ragone llegó a la gobernación de Salta cobijado por el Frente Justicialista de Liberación (FREJULI), con un respaldo popular histórico. Era médico sanitarista, hombre de territorio, referente del ala progresista y popular del movimiento. En sus años de gestión, intentó construir un peronismo que pusiera en el centro la salud, la educación y los derechos de los sectores más postergados del norte argentino.

Esa primavera duró poco. La muerte de Juan Domingo Perón en julio de 1974 abrió las puertas a la reacción. El gobierno de María Estela Martínez de Perón, fuertemente influenciado por José López Rega, inició un proceso de "depuración ideológica" que en Salta tuvo nombre propio: en noviembre de 1974, mediante decreto del Poder Ejecutivo Nacional, la provincia fue intervenida federalmente y Ragone fue eyectado de su cargo constitucional bajo el pretexto de restaurar el orden.

3.2. El Crimen como Límite Absoluto

A pesar de haber sido desplazado por su propio partido a nivel nacional, Ragone mantenía intacto su caudal popular. Para marzo de 1976, el PJ de Salta se encaminaba a resolver su liderazgo en elecciones internas programadas para el 14 de ese mes. Ragone era el candidato natural, con las más altas probabilidades de ganar la conducción partidaria y proyectarse nuevamente al poder.

El 11 de marzo de 1976 —tres días antes de que los afiliados peronistas pudieran votar—, un grupo de tareas integrado por policías locales y militares del III Cuerpo del Ejército secuestró a Miguel Ragone al salir de su domicilio. Nunca más apareció con vida. Su desaparición neutralizó por vía de la fuerza bruta la posibilidad de una reorganización democrática del peronismo salteño. Trece días después, el 24 de marzo, el golpe de Estado consumó la proscripción total de la actividad política en la Argentina.

La lección es brutal en su claridad: cuando los canales institucionales no alcanzan para frenar la fuerza popular del peronismo, la reacción escala hasta el límite absoluto. En 1976, ese límite fue la desaparición física de un hombre.

 

IV. La Tesis Comparativa: Del Golpe de Estado al Lawfare Electoral

4.1. Una Mutación en las Herramientas, una Continuidad en los Objetivos

Al contrastar la estrategia de destitución y proscripción del peronismo de 1976 con la hipótesis de asedio judicial de 2026, se observa una mutación en las herramientas operativas, pero una notable continuidad en los objetivos políticos de fondo. El siguiente cuadro, resume la comparación:

Dimensión

1976

2026

Herramienta principal

Violencia física, terrorismo de Estado

Litigiosidad sistemática, resoluciones judiciales (lawfare)

Aprovechamiento de grietas internas

Purga de la derecha peronista contra el ala izquierda

Litigios de dirigentes locales disidentes contra la conducción nacional

Disrupción electoral

Desaparición física del líder tres días antes de la interna

Desestimación judicial del cronograma autónomo de los interventores

Horizonte final

Proscripción absoluta por actas del Proceso de Reorganización Nacional

Inhabilitación o caducidad de la personería jurídica del PJ para las presidenciales

4.2. El Denominador Común: El Aborto del Proceso Electoral

Tanto en 1976 como en 2026, el elemento catalizador de la intervención externa es la inminencia de un proceso electoral interno que ciertos sectores buscan descarrilar. En 1976, la respuesta ante la ventaja electoral de Ragone fue su secuestro armado. En 2026, frente a la estrategia de Kosiner de estirar los plazos para celebrar comicios internos en octubre, el ala judicial y los sectores demandantes logran que el tribunal desplace a los interventores políticos y nombre a uno judicial, quitándole al PJ Nacional el control del proceso de cara al armado de alianzas presidenciales.

No se trata de equiparar el horror del terrorismo de Estado con una resolución judicial en democracia. Sería un error histórico y ético hacerlo. Pero sí se trata de identificar una gramática política que se repite: cuando el peronismo salteño está a punto de reconstituirse desde sus bases, aparece un mecanismo de interrupción. Ayer, los fusiles. Hoy, los expedientes. La diferencia es civilizatoria y no es menor. Pero la voluntad de interrumpir, esa persiste.

4.3. La Grieta Interna como Puerta de Entrada

En ambos momentos históricos, el mecanismo externo encontró su puerta de entrada en las contradicciones internas del propio movimiento. En 1976, la derecha peronista había facilitado la intervención federal de Salta antes del golpe. En 2026, son figuras con historia peronista las que accionan judicialmente contra la conducción de su propio partido.

Esto no es un detalle anecdótico: es la clave del análisis. El peronismo salteño no fue derrotado desde afuera: fue debilitado desde adentro, durante décadas, hasta quedar tan frágil que cualquier embate —judicial, político, mediático— puede tumbarlo.

 

V. Acciones a Seguir Frente a la Intervención Judicial: El Momento de Actuar

5.1. Acción 1 — Auditoría y Control Militante

La justicia ordenó que el interventor Gambetta presente informes detallados de sus actividades cada quince días. Esta disposición no es un trámite administrativo: es una oportunidad política. Los grupos activos deben constituirse en auditores permanentes de esos informes, seguir de cerca cada paso del proceso y presionar públicamente para que las elecciones internas se realicen en el "tiempo mínimo necesario", evitando que el interventor judicial se convierta en un nuevo administrador de la parálisis.

Un partido que no controla su propio proceso de normalización tampoco controla su futuro. La militancia debe estar presente en cada etapa.

5.2. Acción 2 — Campaña Masiva de Afiliación y Re-empadronamiento

Para disputar la nueva identidad del peronismo salteño, se necesitan votos y caras nuevas. La justicia busca reactivar el padrón para las elecciones internas. Este es el momento de salir a los barrios y municipios de Salta —desde La Quiaca hasta la ciudad capital, desde el Chaco salteño hasta los valles calchaquíes— a afiliar masivamente a jóvenes, trabajadores, vecinos, cuadros técnicos y profesionales que se identifican con el peronismo pero que hoy no tienen donde expresarlo orgánicamente.

La afiliación masiva no es solo un trámite: es un acto político. Es decir "yo existo, yo voto, yo delibero". Es la antítesis de las cuarenta décadas de lista única.

5.3. Acción 3 — Unidad Programática y Armado de Listas Locales

Los grupos que buscan la readecuación identitaria deben dejar de lado las disputas menores y construir una propuesta sólida y unificada. Cuando Gambetta abra formalmente el cronograma electoral, la militancia debe estar lista para presentar listas de candidatos genuinamente salteños: con arraigo territorial, trayectoria en el movimiento, y capacidad de convocar tanto a la tradición urtubeyista como a los sectores más críticos de ese legado.

La unidad no puede ser la de la lista única de siempre. Tiene que ser la unidad que emerge de la discusión franca, del debate interno, del reconocimiento de que el partido es más grande que cualquiera de sus fracciones actuales.

 

VI. Lineas de Acción para la Militancia: Retomando el Hilo

6.1. El Rechazo al Vaciamiento como Principio

El documento judicial recuerda un dato alarmante: en 2025, el PJ de Salta no presentó candidatos propios. Los grupos activos deben posicionarse firmemente en contra de ese vaciamiento. La intervención judicial ocurre justamente porque la estructura se volvió un sello formal sin actividad democrática real. No puede volver a suceder.

6.2. La Defensa del Federalismo Partidario

La vida política de Salta debe resolverse en Salta. Esta es la primera consigna organizativa. Las intervenciones de Berni, los plazos de Kosiner, las impugnaciones de Amat: todo demostró que las soluciones impuestas desde Buenos Aires solo sirvieron para dilatar la normalización y perjudicar a los afiliados locales. La autonomía distrital no es capricho provinciano: es condición necesaria para la democracia interna.

6.3. La Soberanía del Afiliado como Meta

El fin último de las organizaciones que buscan recuperar la identidad peronista en la provincia debe ser devolver el partido a sus bases legítimas. Lograr que los ciudadanos de Salta que se identifican con el peronismo recuperen el derecho constitucional de deliberar, revisar las estrategias políticas, evaluar los errores del pasado y elegir libremente a sus representantes mediante el voto interno. No es una aspiración abstracta: es la condición para que el peronismo vuelva a ser una fuerza política competitiva en nuestra provincia.

 

Conclusión: Ragone Vive en Cada Afiliado que Vota

Termino estas páginas en el mismo Salta donde, hace cincuenta años, un grupo de tareas arrancó a Miguel Ragone de su casa para que no pudiera votar en las internas de su partido. Para que el peronismo popular no encontrara su cauce. Para que la reorganización democrática del movimiento no tuviera lugar.

Hoy, el mecanismo que busca interrumpir esa reorganización no porta armas: porta expedientes. Pero el objetivo es análogo — que el peronismo salteño no encuentre su cauce, que no se reconstituya desde las bases, que no pueda competir en las elecciones presidenciales del año entrante con una estructura propia, autónoma y democráticamente elegida.

Frente a eso, la respuesta no puede ser la parálisis ni la resignación. Tampoco puede ser la guerra entre fracciones que durante décadas fue el combustible del vaciamiento. La respuesta tiene que ser la unidad en la diversidad: el urtubeyismo y sus herederos, los sectores críticos del legado de Sáenz, los espacios de la renovación doctrinaria, los jóvenes sin historia partidaria pero con identidad peronista. Todos juntos, con sus diferencias, disputando democráticamente el futuro del partido.

Convoco a las corrientes del peronismo salteño —a quienes se reconocen en la tradición de Kosiner, a quienes militaron en la órbita de Amat y Outes, y especialmente a quienes están construyendo la renovación desde los márgenes— a recordar que la única respuesta histórica al vaciamiento y a la proscripción ha sido, siempre, la organización popular. En 1973, con Ragone a la cabeza, el peronismo salteño demostró que era posible ganar desde abajo. En 1976, sus enemigos lo sabían tan bien que tuvieron que desaparecerlo para impedirlo.

Ragone no puede votar. Nosotros, sí. Y esa diferencia es todo.

La intervención de la justicia no debe ser recibida con pasividad militante: es la oportunidad legal de quitarle el control a la burocracia centralizada y reconstruir el peronismo salteño desde abajo hacia arriba. El cronograma que fije Gambetta será la primera elección interna real que tenga este partido en décadas. Estemos listos para ganarla.

 

Referencias Bibliográficas

Calveiro, P. (2005). Política y/o violencia. Una aproximación a la guerrilla de los años 70. Norma.

Franco, M. (2012). Un enemigo para la nación. Orden interno, violencia y "subversión", 1973-1976. Fondo de Cultura Económica.

Grimson, A. (2019). ¿Qué es el peronismo? De Perón a los Kirchner, el movimiento que no deja de conmoverse. Siglo Veintiuno Editores.

Horowicz, A. (2012). Los cuatro peronismos. Edhasa.

Jelin, E. (2002). Los trabajos de la memoria. Siglo XXI Editores.

Maffía, D. (2020). Epistemología feminista: la subversión semiótica de las mujeres en la ciencia. Revista Venezolana de Estudios de la Mujer, 12(28), 63–98.

O'Donnell, G. (1972). Modernización y autoritarismo. Paidós.

Romero, L. A. (2013). Breve historia contemporánea de la Argentina, 1916-2010 (3.ª ed.). Fondo de Cultura Económica.

Sarlo, B. (1994). Escenas de la vida posmoderna. Intelectuales, arte y videocultura en la Argentina. Ariel.

Tiscornia, S. (2008). Activismo de los derechos humanos y burocracias estatales. El caso Walter Bulacio. Del Puerto / CELS.

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