sábado, 7 de febrero de 2026

Reconstruir el Tiempo: Memoria, Territorio y Refundación del Peronismo Salteño

Un ensayo sobre la rearticulación del Partido Justicialista en Salta

Por Fernando Pequeño Ragone, asistido por NotebookLM y Clude AI [1] [2]


Escribo estas líneas desde un lugar de compromiso y urgencia histórica. Como creador del Ateneo Miguel Ragone en el Partido Justicialista de Salta, he dedicado estos años a tejer vínculos con numerosos grupos y compañeros que compartimos una convicción profunda: es necesario refundar nuestro partido en clave popular, inclusiva y desarrollista. Esta no es una empresa romántica ni nostálgica; es una necesidad política concreta frente a lo que percibimos como una entrega sistemática de nuestra provincia —y de nuestro país— a un modelo neoliberal y ultraconservador que nos resulta ajeno y profundamente injusto.

Lo que aquí relato no es producto de la especulación de escritorio, sino de conversaciones estratégicas sostenidas en bares, en el territorio, en comisarías que visito como miembro del Consejo Consultivo del Comité de Prevención de la Tortura, y en campos donde trabajo como productor agropecuario. Mi doble condición —referente político y trabajador del sector productivo— me ha permitido observar desde múltiples ángulos la crisis institucional que atraviesa Salta y el peronismo que la habita.

  

Sintesis uno.

Contenidos:

LaReestructuración del Partido Justicialista: Sanear para Reconstruir

Diagnósticodel Escenario Político Provincial y Nacional: Entre el Vacío y la Polarización

EstrategiaTerritorial y Sector Agropecuario: El Poder Está en el Interior

Justiciay Derechos Humanos: Sembrar en Terreno Hostil

Género,Diversidad Sexo-Afectiva y Rearticulación: El Peronismo Que Falta

ElCamino a Seguir: sobre el Presente y Proyección del Futuro

 

 Síntesis dos. 


La Reestructuración del Partido Justicialista: Sanear para Reconstruir

El diagnóstico es claro y doloroso: el Partido Justicialista en Salta es hoy una estructura desarticulada que requiere una intervención técnica y política profunda si pretendemos volver a ser una opción de poder en un plazo razonable. No hablo de dos décadas; hablo de dos años. Pero para eso debemos atravesar un proceso quirúrgico que muchos temen y otros directamente resisten.

En conversaciones recientes con conductores de primera línea de la gestión pre-Sáenz, hemos consensuado algunos criterios básicos. El primero y más importante: la intervención del partido no puede quedar en manos de quienes fueron candidatos recientemente. Eso incluye figuras destacadas. La razón es técnica y política: evitar interpretaciones sesgadas que pongan en duda la legitimidad del proceso. Necesitamos figuras de diálogo, con perfiles jurídicos sólidos y legitimidad territorial. Pensamos en nombres del norte y el este provincial, empresarios y políticos con arraigo real, personas que puedan "trazar la cancha" desde una legalidad renovada.

El objetivo de esta intervención no puede ser —y esto es crucial— la normalización inmediata para entregarle el partido nuevamente a la actual gestión provincial. Ese sería el error definitivo, la repetición mecánica de una tragedia que ya conocemos. La meta es otra: depurar, fortalecer la base, y plantar una alternativa que madure después del ciclo electoral actual.

Cuando uno hurga en las finanzas partidarias, encuentra datos escalofriantes. El PJ mantiene gastos operativos de aproximadamente veinte millones de pesos mensuales. ¿De dónde salen? De aportes que, en muchos casos, provienen del propio gobierno provincial a través de mecanismos paritarios. Pero aquí surge una contradicción perversa: funcionarios con cargos políticos, con aspiraciones de autoridad dentro del partido, no realizan los aportes que les corresponden como afiliados. Es preciso plantear la intimación a todos los afiliados con cargos para regularizar esta situación. No se trata de una cuestión contable; se trata de recuperar la mística del socio que paga su cuota, del militante que sostiene su herramienta política con independencia y dignidad.

La reforma de la Carta Orgánica se nos presenta como indispensable. Abrir y modificar ese documento fundacional es dotar a la institución de legitimidad renovada. Pero también sabemos que es un proceso complejo, que debe realizarse tras depurar el congreso partidario. No podemos convocar a un congreso contaminado por operadores funcionales al oficialismo provincial y pretender que de allí salga una carta democrática. Primero hay que limpiar la casa; después, remodelarla.

 

Diagnóstico del Escenario Político Provincial y Nacional: Entre el Vacío y la Polarización

La provincia de Salta vive hoy bajo una gestión que realiza todos los méritos posibles para pertenecer a La Libertad Avanza. No es una hipérbole: es la mejor expresión del neoliberalismo en el noroeste argentino. Visto desde esa lógica, el gobierno provincial es exitoso. El problema es que nosotros vibramos en otro lugar, aspiramos a otro modelo de provincia. Esta diferencia no es meramente estética o discursiva; es una diferencia civilizatoria.

La gestión actual se apoya estratégicamente en el rechazo a administraciones anteriores, pero carece de una posición ideológica sólida más allá del pragmatismo adaptativo al poder nacional. Es un espejo provincial de lo que ocurre en la Casa Rosada, donde el presidente representa la expresión máxima de un neoliberalismo que, aunque exitoso en sus propios términos, nos resulta opuesto al país que queremos construir.

A nivel nacional, el dilema es también dramático. El kirchnerismo, aunque mantiene un piso electoral importante —especialmente en Buenos Aires—, es probable que frente a la polarización y la victoria cultural de las derechas globalizadas, no pueda hacer frente de manera exitosa frente al modelo neoliberal global en una contienda electoral presidencial. Es necesario, pero no es suficiente. No digo esto con ánimo de polémica sino como constatación dolorosa. Para reconstruir una alternativa competitiva, debemos salir de ese callejón sin salida. El mundo no puede limitarse a ser kirchnerismo versus antikirchnerismo, porque esa dicotomía ya nos condena de antemano. Es necesario recuperar y cuidar el modelo kirchnerista, y continuar avanzando en una síntesis que re incorpore a los que se fueron y sobre todo, a los veinteañeros.

No se trata de negar tradiciones ni de renegar de compañeros, sino de ampliar el horizonte y recuperar la capacidad de convocatoria que el peronismo tuvo en sus mejores momentos históricos.

En el plano provincial, la relación que me conecta con figuras históricas del Partido y del peronismo en Salta es ambivalente. Hay dirigentes con gran inserción territorial en el norte, con capacidad de movilización real, pero cuyo rol en campañas anteriores fue, en mi lectura, funcional al gobierno provincial. La separación de bloques en momentos críticos, la conformación de frentes electorales que terminan por romper la unidad del PJ, son operaciones que benefician siempre al poder de turno. El desafío es integrar sin subordinarse, sumar sin claudicar.

Las dirigencias históricas —esos compañeros que fueron protagonistas de gestiones pasadas— deben ser reconocidas, acompañadas, invitadas a aportar su mística. Pero también deben comprender que el protagonismo debe pasar a nuevas generaciones. No se trata de un relevo cruel sino de una transición orgánica, donde la experiencia ilumine sin obturar el camino de quienes vienen detrás.

 

Estrategia Territorial y Sector Agropecuario: El Poder Está en el Interior

Si hay algo que he aprendido como productor agropecuario es que el poder real en Salta no se concentra únicamente en la capital. Está disperso en el territorio, en los campos, en las empresas agroindustriales del norte, en los pequeños productores que sostienen con su trabajo cotidiano la economía regional. Mi estrategia política pasa, necesariamente, por insertarme en ese mundo.

Ayer acompañé al Comité de Prevención de la Tortura a visitar una comisaría en una localidad del sur este provincial. Mi interés, sin embargo, no se limitó a lo institucional: aproveché el viaje para vincularme con actores políticos locales y con los "chiquitos", esos productores que tienen entre tres mil y cinco mil hectáreas y manejan equipos de peones; y aún más pequeñitos a nivel casi de las economías informales. Ahí está la base social que necesitamos reconstruir.

Hay una diferencia conceptual que marco siempre: el pensamiento de los gerentes de las grandes empresas agroexportadoras es distinto al mío. Ellos piensan en volumen, en exportación, en eficiencia macroeconómica. Yo pienso en los chiquitos, en los tipos que tienen sus campos y sus peones, que pagan pequeños salarios y que son la columna vertebral del interior productivo. Ahí está la diferencia entre un modelo extractivista y un modelo de desarrollo con inclusión.

He identificado empresas clave en la zona: algunas son un soporte importante, con gerentes que entienden la necesidad de articulación territorial. Otras tienen un perfil más cerrado, más profesionalizado en el mal sentido, donde todo es protocolo y distancia. La tarea es vincular a ambos mundos: las grandes empresas con los pequeños productores, generando sinergias que fortalezcan el entramado productivo regional.

En términos geográficos, hay localidades donde observo un potencial de recambio generacional. En algunas ciudades del norte hay dirigentes de segunda línea, una generación intermedia de concejales y jóvenes políticos que están "dando vueltas", esperando su momento. Son dos o tres nombres en cada municipio que vale la pena cultivar. En otras localidades, como Saravia, he conocido productores con apellidos tradicionales de la zona, con inquietudes políticas genuinas, que podrían servir de nexo. Ahí también está la semilla de una dirigencia renovada.

 

Justicia y Derechos Humanos: Sembrar en Terreno Hostil

La cultura judicial en el interior de Salta es, para decirlo suavemente, problemática. Tras el contacto con jueces de la zona, he llegado a una conclusión inquietante: existe una naturalización de las deficiencias del sistema por parte de los propios operadores judiciales. Los jueces han naturalizado la precariedad institucional, la falta de recursos. Y esa naturalización es parte del problema.

No podemos pretender cambiar esta situación desde la confrontación directa. El análisis que hago es más sutil: hay que "sembrar" nuevas perspectivas en estos actores, hay que mostrarles otras formas posibles de ejercer la función judicial. Es un trabajo hormiga, de largo aliento, pero indispensable si queremos que el sistema de justicia deje de ser un obstáculo para la transformación social.

El Consejo Consultivo del Comité de Prevención de la Tortura me ha dado una plataforma invaluable para esta tarea. Las visitas a comisarías, los contactos con fiscales, con defensores, con jueces de paz, me permiten ir mapeando el territorio judicial y generando vínculos que después pueden traducirse en cambios concretos. No es política tradicional; es construcción institucional desde los márgenes.

También estoy trabajando en un proyecto editorial que revisa los cambios políticos en Salta en un años que considero coyuntural: el 2006, porque marca un punto de inflexión en nuestra historia reciente de los últimos veinte años. Por estos días busco un candidato/a para escribir el prólogo bajo el marco conceptual de la justicia transicional. ¿Qué pasó en 2006? ¿Por qué ese año marca un quiebre? ¿Qué gestión estaba en curso y qué transformaciones se operaron después? Estas preguntas no son académicas; son preguntas políticas con consecuencias en el presente.

 

Género, Diversidad Sexo-Afectiva y Rearticulación: El Peronismo Que Falta

Hay una dimensión que muchos compañeros del partido todavía resisten reconocer, pero que es central para cualquier proyecto de refundación: la cuestión del género y la diversidad sexo-afectiva. No se trata de un agregado cosmético ni de una concesión a la "agenda progresista"; se trata de entender que el peronismo, desde sus orígenes, fue un movimiento de inclusión radical, y que esa inclusión debe actualizarse a nuestro tiempo.

Actualmente trabajo sobre un libro que considero fundamental para este debate: "Cumbia, Copeteo y Lágrimas", de Lohana Berkins. Es un material editado por esta referente histórica de la lucha trans en Argentina, y su valor radica en que plantea la relación entre la política y la subjetividad íntima. Sus proposiciones tienen que circular. Porque ahí está una clave que no podemos ignorar: la política atraviesa los cuerpos, las identidades, los deseos. Y un peronismo que no comprenda esto será siempre un peronismo incompleto.

En nuestras conversaciones estratégicas, este tema aparece de manera lateral pero insistente. No porque sea prioritario en la agenda electoral inmediata, sino porque forma parte de una concepción más amplia de lo que debe ser un modelo salteño popular e inclusivo. Inclusivo de verdad, no de palabra. Inclusivo de las mujeres que históricamente han sido relegadas a roles secundarios en la estructura partidaria. Inclusivo de las diversidades que el conservadurismo provincial ha intentado borrar o invisibilizar.

El modelo ultraconservador que hoy gobierna Salta —y que se expresa también a nivel nacional— tiene una agenda clara en este sentido: retroceso en derechos conquistados, invisibilización de las disidencias, reforzamiento de estructuras patriarcales. Nuestra respuesta no puede ser tibia. Debe ser contundente y clara: defendemos la igualdad, la diversidad, la libertad de los cuerpos y las identidades. Y lo hacemos no como una concesión táctica sino como una convicción estratégica.

 

El Camino a Seguir: sobre el Presente y Proyección del Futuro

Reconstruir el peronismo en Salta no es una tarea electoral. Es una batalla por la legitimidad institucional y por la recuperación de una herramienta de expresión política frente a un modelo que percibimos como ajeno y antipopular. Esta batalla tiene varios frentes simultáneos, y todos deben ser atendidos con rigor.

Primero, el frente institucional: intervenir el partido con criterios técnicos, sanear las finanzas, reformar la carta orgánica, depurar el congreso partidario. Sin una estructura sana, no hay construcción política posible. Esto requiere consensos, diálogo con todas las líneas internas, y una cuota de pragmatismo que no sacrifique principios pero que reconozca correlaciones de fuerza.

Segundo, el frente territorial: insertarnos en el sector productivo del interior, vincular grandes empresas con pequeños productores, articular con ONGs y organizaciones gremiales, identificar y cultivar dirigentes de la generación intermedia. El poder está en el territorio, no en los despachos de la capital. Y el territorio es complejo, contradictorio, lleno de matices que solo se perciben cuando uno lo recorre con humildad y atención.

Tercero, el frente judicial e institucional: trabajar con el Comité de Prevención de la Tortura, sembrar nuevas perspectivas en operadores judiciales, documentar las deficiencias del sistema y proponer alternativas. Este es un trabajo silencioso, poco vistoso, pero de largo alcance. Las instituciones no se transforman con declaraciones; se transforman con presencia sostenida y propuestas concretas.

Cuarto, el frente cultural y de memoria: recuperar materiales bibliográficos que iluminen nuestro presente, escribir sobre los puntos de inflexión históricos, construir un relato que no sea nostálgico sino proyectivo. La historia no es un museo; es un arsenal de herramientas para el presente. Por eso me interesa tanto el año 2006, por eso busco ese libro sobre política y subjetividad, por eso insisto en que debemos entender de dónde venimos para saber adónde vamos.

Quinto, el frente de la inclusión y la diversidad: incorporar la perspectiva de género y diversidad sexo-afectiva como parte constitutiva del proyecto político, no como un agregado. Esto implica lugares de decisión para mujeres, reconocimiento de las disidencias, políticas públicas concretas. Un peronismo popular en el siglo XXI no puede ser patriarcal, no puede ser excluyente, no puede ser conservador.

El horizonte temporal que manejamos es acotado pero realista: dos años para tener una estructura competitiva, para haber reconstruido la base militante, para contar con dirigentes territoriales con legitimidad. No hablamos de ganar la próxima elección; hablamos de estar en condiciones de disputarla con dignidad y con propuesta. Porque la alternativa no va a salir de la nada. Hay que construirla, ladrillo por ladrillo, conversación por conversación, vínculo por vínculo.

A nivel nacional, el desafío es aún mayor: construir una opción que trascienda la dicotomía kirchnerismo-antikirchnerismo, que recupere la tradición justicialista sin quedar atrapada en ella, que dialogue con las nuevas generaciones sin perder la memoria histórica. Salta es un campo aparte, pero no tiene un enclave nacional sustentable si no se conecta con estas construcciones más amplias.

Me mueve una urgencia que es histórica y personal al mismo tiempo. Como creador del Ateneo Miguel Ragone, siento que llevamos el nombre de alguien que fue asesinado por defender sus convicciones. Esa memoria nos obliga. No podemos traicionar ese legado con mediocridades, con cálculos mezquinos, con entregas disfrazadas de pragmatismo. Miguel Ragone murió por un proyecto de provincia justa, inclusiva, soberana. Nosotros estamos vivos, y tenemos la responsabilidad de intentar hacer realidad ese proyecto.

Cuando converso en bares con conductores de primera línea de la gestión pre-Sáenz, cuando visito comisarías en el interior, cuando me reúno con productores agropecuarios o con vacunadores del SENASA, cuando escribo sobre justicia transicional o busco libros perdidos sobre política y subjetividad, todo eso es parte de una misma tarea: reconstruir el tiempo. Recuperar el tiempo perdido, proyectar el tiempo futuro, habitar el tiempo presente con densidad y compromiso.

No sé si lo lograremos. Sé que debemos intentarlo. Porque el modelo neoliberal y ultraconservador que hoy gobierna Salta y el país no es inevitable. Es una opción política, y como toda opción política puede ser disputada, resistida, transformada. Pero eso requiere organización, requiere ideas, requiere valentía. Requiere, sobre todo, un Partido que vuelva a ser herramienta y no obstáculo.

Estas palabras mías son, entonces, una declaración de intenciones y un mapa de ruta. Un documento de situación y un programa de acción. Una mirada crítica sobre el presente y una apuesta esperanzada sobre el futuro. Lo escribo desde mi doble condición de militante político y productor agropecuario, desde mi trabajo en el Consejo Consultivo del Comité de Prevención de la Tortura y mi compromiso con el Ateneo Miguel Ragone, desde mi experiencia territorial y mis lecturas teóricas.

El peronismo salteño está en crisis. Pero las crisis son también oportunidades. Y nosotros estamos decididos a aprovechar esta oportunidad para refundar un movimiento que vuelva a representar los intereses populares, que vuelva a incluir a todos los excluidos, que vuelva a proponer un modelo de desarrollo con justicia social. No es una tarea fácil. Nunca lo fue. Pero es la única tarea que vale la pena.

El tiempo apremia. El territorio espera. La historia juzgará. Nosotros, mientras tanto, seguimos trabajando.

 

 



[1] Orden (Claude): Construye un ensayo extenso con el texto que te adjunto. Encuentra un título ligado al eje temporal y la rearticulación del PJ. Narra en primera persona, siendo Fernando Pequeño Ragone el narrador. Introduce la mención que se trata del creador el Ateneo Miguel Ragone en el Partido Justicialista de Salta, vinculado a muchos grupos del partido que buscan su refundación en un modelo salteño popular, inclusivo y desarrollista pero en contra de la entrega neoliberal y ultraconservadora de la conducción actual de la provincia de Salta y del país. Elimina cualquier otro nombre propio. Reemplaza las menciones a interlocutores directos como “conductores de primeras líneas de la gestión pre-Sáenz”. Recupera cada una de las subdimensiones respecto a las dimensiones de “Reestructuración del Partido Justicialista (PJ)”; “Diagnóstico del Escenario Político Provincial y Nacional”; “Estrategia Territorial y Sector Agropecuario”; “Justicia y Derechos Humanos”. Mención especial para la dimensión del género, la diversidad sexo afectiva y la rearticulación. Concluye con una meritación del camino a seguir.

[2] Orden (NotebookLM): Introduce y cierra con la mención a que Fernando Pequeño Ragone es creador del Ateneo Miguel Ragone en el ámbito del Partido Justicialista de Salta, como continuidad del primer Ateneo Miguel Ragone creado por el ex senador Marcelo López Arias en la transición democrática de 1983, en Salta. En esta oportunidad habla desde ese espacio en el contexto de la política concreta de un sector del Partido Justicialista de Salta que intenta re articularse en un modelo popular, abierto y participativo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario